Granada

Piedra, papel, historia

  • La Universidad de Granada atesora un inmenso patrimonio constituido por inmuebles y también por miles de objetos, huellas de los cinco siglos de vida de la institución académica

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En las nobles vitrinas de madera se guardan malformaciones de todo tipo. Eccemas, bubas, pies torcidos, cánceres descomunales. Piernas y brazos desgajados, abiertos en canal, que muestran músculos, nervios, tendones, cartílagos, huesos. Todo a la vista. Todo mil veces manoseado por cientos de estudiantes de médicos durante décadas, y ahora conservado con celo y esmero. Así se aprendía en los tiempos en los que no había wifi ni pantallas táctiles, power points ni proyectores. Las facultades de Medicina, como la de la Universidad de Granada, contaban con un escultor de plantilla. Un artista que, con las instrucciones dadas los docentes, elaboraba las piezas con las que luego los estudiantes aprenderían anatomía, a identificar enfermedades y a curarlas. Todo con el máximo realismo. "No había plástico" y esas piezas se hacían artesanalmente con papel maché, escayola, yeso o cera, explica María Luisa Bellido, directora del Secretariado de Bienes Culturales de la Universidad de Granada. Junto con Jorge Durán, director del Secretariado de Conservación y Restauración de la UGR -ambos dependientes del Vicerrectorado de Extensión Universitaria-, y un equipo de restauradoras e historiadoras del Arte han "partido de cero" para desarrollar en parte de los sótanos de la antigua Medicina, ahora rebautizado como Espacio V Centenario, el área de reserva de la Universidad de Granada. Un pulmón para la vasta colección patrimonial de una institución de cinco siglos de historia pero que guarda bienes desde el Paleolítico hasta el siglo XXI. Aquí se guardan, limpian, fotografían y catalogan las piezas que llegan desde distintos departamentos. El grueso del área de reserva lo constituyen las piezas de la Facultad de Medicina -que tras su traslado al PTS dejó en su antigua sede buena parte de sus tesoros-, de Zoología -que cuenta con medio centenar de piezas- y muestras de arte contemporáneo, que antes se guardaban en una nave de Ogíjares. Además de las vitrinas donde se guardan las piezas, el área -que es visitable- cuenta con un taller donde se limpia y restaura. Hasta el traslado de Medicina, esa sala era un laboratorio en el que los estudiantes desarrollaban sus prácticas. Las mismas paredes, las mismas piezas pero distintos fines. Unos, alumnos de Medicina, los usaban para aprender a curar. Otras, las restauradoras e historiadoras, manipulan con el mimo que exigen los muchos años de historia y lo delicado de las piezas, ejemplares únicos, como el busto de 1860 que muestra las arterias y venas del cuello. Algunos de estos objetos viven ahora una segunda vida, despojados del fin docente con el que fueron diseñados y revestidos con el interés que despierta el hecho de ser objetos únicos y de una plástica singular. Piezas como éstas se han enseñado en exposiciones como El peso del alma. Fisiología de la vida y la muerte o más recientemente Tesoros, muestra que acogió la Biblioteca del Hospital Real.

En una sala contigua esperan quizá decenas de piezas a pasar por el rutinario proceso que está dando cuerpo a una base de datos con la que la Universidad de Granada quiere proteger su patrimonio más desconocido. Las piezas que han permitido que la institución pudiera regir los avances en la ciencia y la tecnología, el estudio y la docencia. "En esta sala previa se limpia, se identifica y se cataloga". El laboratorio cuenta con el mobiliario original de la Facultad, de los años 50, que en sí mismo ya constituye una pieza de interés. Alumnos del Grado de Conservación y Restauración, éstos dirigidos por la profesora Carmen Bermúdez, y del máster de limpian las acuarelas, ceroplastias, terracotas y escayolas. También restauran animales disecados procedentes de Zoología. Han llegado aquí desde Ciencias y "volverán a su departamento" si el departamento así lo quiere. Porque el objetivo es conservar y mostrar, destaca Bellido. "Lo que necesitamos es saber dónde está", para garantizar su conservación. Si no se hace ese trabajo previo de catalogación, difícilmente se puede acometer la conservación de esos bienes, asevera la responsable de Bienes Culturales.

En el área de reserva del Espacio V Centenario se cataloga, fotografía y restaura

Uno de los peligros del patrimonio de la Universidad de Granada es no saber siquiera qué piezas lo componen. Son cientos de miles. "Sólo la colección de hormigas de Zoología cuenta con miles de especímenes", destaca Bellido. Sólo en el Herbario se conservan 150.000 pliegos. No hay datos del número total de piezas de un patrimonio que, además, crece de forma natural. En un principio fue el interés particular de determinados profesores el que determinó que algunos departamentos acumularan elementos que, tras décadas, se revelan como joyas. No sólo libros. Microscopios, placas, fichas, botes con venenos usados en Farmacología, plantas, instrumental, revistas, esqueletos, piezas arqueológicas, esculturas, pinturas o grafitis. "Nuestra gran preocupación, más incluso que el presupuesto, es el músculo que la Universidad tiene que desarrollar" para que esas piezas sean catalogadas, conservadas, etiquetadas y, también, exhibidas, explica el vicerrector de Extensión Universitaria, Víctor Medina. "Eso requiere de personal específico" y de la creación de una "infraestructura estable" que permita proteger esos bienes más allá de las prioridades -o sensibilidades- que establezcan los diferentes equipos de gobierno que rijan los destinos de la Universidad. De que se conozca la existencia de esos bienes y se pueda trabajar con ellos depende también otro de los objetivos, la obtención de fondos. "Para eso hay que preparar proyectos", hila el vicerrector. Y un proyecto no se puede hacer si no hay un elemento que le dé pie, una pieza, un objetivo, una finalidad. Si no se conoce qué es el Albercón del Moro en la Cartuja, su situación, su historia, difícilmente se podrá buscar un mecenas que corra con los gastos de su recuperación. En este caso concreto, Emasagra contribuye económicamente en la recuperación de este espacio singularísimo en un proyecto que se presentó recientemente.

"El primer objetivo ha sido tener controlado todo lo que tenemos", indica Medina. Para ello se ha hecho un trabajo en varias direcciones, por un lado, sensibilizar a los departamentos con respecto a sus fondos - "Las propias facultades se están acercando", indican, también se ha incluido en el contrato programa-, por otro, "conciliar todos los sistemas de inventario" anteriores. El objetivo de esa base de datos única es que sea accesible a "cualquier persona", destaca Bellido. Esta herramienta podrá estar en funcionamiento el próximo año. La situación de partida ha sido "muy desigual". La UGR cuenta con 30 colecciones, algunas catalogadas al cien por cien, y otras, no. ¿El valor económico de esas piezas? "Eso se va a poner en evidencia cuando se termine el inventario", adelanta Medina.

Los esfuerzos, hasta ahora, se habían centrado en la colección de piezas artísticas e históricas, una preocupación que orilló a otros elementos que, ahora, se revelan como partes fundamentales para explicar cómo es la ciencia y la tecnología de hoy. Ordenadores que han dejado de ser elementos útiles para la docencia o la investigación, pero que sí son valiosos como elementos de la "historia". Máquinas de escribir, microscopios, balanzas. "La nuestra es una actuación global, que incluye lo histórico artístico, lo científico tecnológico y los fondos bibliográficos", enumera el vicerrector.

Sobre este trabajo pesan varias certezas. Una de ellas es que "lo que se estropea, se pierde", cualquier pérdida es irreparable. Otra verdad: lo que no se conoce, no se quiere. "Se trabaja también en la difusión" de los fondos a través de herramientas como UGR Divulga o Educa UGR, o con la propia web de Patrimonio (patrimonio.ugr.es). La tercera, la UGR también tiene que aprovechar sus fondos para otro de sus objetivos: formar. "Trabajamos en canalizar" aspectos de la docencia o la investigación "hacia cuestiones relacionadas con el patrimonio", señala Medina. Si en la UGR se forma a restauradores, unas prácticas excelentes pueden consistir en restaurar los propios bienes de la Universidad. Si forma a historiadores, se les puede proponer que trabajen en la historia de lo que hoy es la Cartuja. Si forma a botánicos o ambientólogos, pueden acercarse a los fondos del Herbario o de los dos jardines -el de Derecho y el alpino- de la UGR.

Otra de las certezas es que nunca habrá suficientes fondos económicos. "Tenemos tanto que siempre hay algo por hacer", reconoce Medina.

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