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"Papá ¿por qué no tengo tu apellido?"

  • Después de una larga lucha, un Juzgado aprueba la adopción de Santiago por el único padre que ha conocido, pese a la oposición de un progenitor biológico que nunca había llegado a ver

Miguel Ángel ha criado al hijo de Carmen desde el día de su nacimiento. Miguel Ángel ha criado al hijo de Carmen desde el día de su nacimiento.

Miguel Ángel ha criado al hijo de Carmen desde el día de su nacimiento.

Poco antes de cumplir los 8 años, Santiago se percató de que su primer apellido era diferente al de su hermana y no coincidía con el de su padre. Un día, de camino al colegio lanzó la pregunta y su familia tuvo que explicarle que él es hijo natural de un hombre al que nunca había conocido y que fue esposo de su madre durante algunos meses cuando ella solo tenía 18 años. Quien lo vio nacer, lo ha cuidado, llevado al colegio y enseñado a vivir no era legalmente su padre. Entonces este niño pidió a su familia hacer lo que fuera necesario para cambiar esa situación.

"Yo tenía su corazón, no necesitaba más; pero fue el niño el que insistía en que quería tener mi apellido", explica Miguel Ángel Salazar, el padre al que un Juzgado de Granada acaba de conceder una adopción muy complicada y luchada durante más de cinco años, dado que el progenitor natural decidió oponerse a este proceso legal.

La jueza determinó que el padre biológico incumplió su deber de velar por el menor

Los padres de Santiago explicaron a Granada Hoy que desde que el niño conoció la verdad sobre su padre biológico dejaron pasar una serie de años para que él fuera más maduro y consciente de su petición de cambiar el apellido.

Cuando tuvo 12 años comenzaron una batalla judicial que su abogada, Carmen Manzano, ya les vaticinó larga y complicada. Cinco años ha tardado en resolverse, sobre todo por la aparición del padre natural, que mostró entonces su interés por mantener la condición legal y de ejercer como tal mediante un régimen de visitas.

A través de informes psicosociales, pruebas documentales sobre la presencia constante de Miguel Ángel en la vida del niño y, por contra, la ausencia del padre biológico, esta familia ha ido ganando los pleitos hasta que a finales del año pasado el Juzgado de Primera Instancia 16 de Granada firmó el dictamen favorable a la adopción y el pasado 21 de febrero el Registro Civil inscribió a Santiago con su nuevo apellido. Lo han conseguido cuando ya tiene 17 años, a pocos meses de ser mayor de edad, pero la familia sostiene que ha merecido la pena. "Mi hijo parece más feliz, se siente más unido a su hermana y ha ganado en tranquilidad, porque su temor siempre fue tener que irse con su padre biológico a la fuerza", explicó a este periódico Carmen.

La madre asegura que se separó de su exesposo cuando aún no había nacido el niño y que no tuvo contacto con él hasta que Santiago tuvo más de 12 años.

En paralelo a la petición de adopción iniciada por Miguel Ángel, el padre natural del niño reclamó judicialmente que se le permitiese estar con su hijo con un régimen de visitas de fines de semanas alternos. Pero en 2015 la jueza denegó esta reclamación porque no constató que la madre hubiera impedido la comunicación con el padre en todos esos años anteriores y los equipos psicosociales no lo recomendaban porque el niño, que ya tenía 15 años, no deseaba esta comunicación y tenía un entorno familiar satisfactorio.

"Mi hijo temía tener que irse con él porque era un desconocido", explica la madre de Santiago. El padre biológico mantuvo su lucha por no desvincularse del niño y se opuso a la adopción por parte de Miguel Ángel, que había ejercido de padre desde su nacimiento. Y no solo él, sino toda su familia, que para el niño han sido sus tíos, primos y abuelos desde siempre. "Mi madre lo enseñó a dar sus primeros pasos y lo ha cuidado durante años mientras nosotros teníamos que trabajar", explicó el padre adoptivo.

El padre biológico negó en el Juzgado encargado del asunto de la adopción "haber abandonado a su hijo", porque alegaba que había intentado conocerlo pero le fue imposible. Pero en una sentencia, la jueza determina que del interrogatorio del padre se desprende que este hombre "incurrió en claro incumplimiento del deber de velar por el menor" que le impone la ley y que sus argumentos relativos a las supuestas dificultades que le pusieron para ver a su hijo "tienen poca consistencia". Esa "dejación de obligaciones supone un incumplimiento de los deberes de guarda y educación", sostuvo la jueza, que le denegó su opción a oponerse a la adopción.

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