Rotonda: ¿espacio de arte o símbolo político?

Rotonda: ¿espacio de arte o símbolo político?
Rotonda: ¿espacio de arte o símbolo político?
S. Vallejo / Granada

14 de agosto 2011 - 01:00

Las rotondas son un espacio concebido para la mejora viaria. Pero lo que surgió como un elemento de reordenación del tráfico en 1907 y que se incluyó en el código de circulación en España en 1990, es hoy en día un espacio urbano, un símbolo de un barrio, de una ciudad que en muchas ocasiones se contrapone con la realidad urbana y social de la zona en la que se ha creado pero que pretende quedar como lugar de memoria e identidad de las ciudades.

Intereses económicos, políticos y urbanos han hecho que las rotondas se multipliquen en los últimos años. Una tendencia que no tiene visos de parar ya que son el elemento central de las nuevas zonas de expansión de las ciudades. En España, en 2008, había más de 24.000.

Ante esta 'rotonditis', se ha creado un fenómeno paralelo que es la conversión de estos espacios en soportes o expositores de arte. Una práctica que está haciendo que aparezcan rotondas con gran calidad artística pero también la parte contraria, glorietas con esculturas, obras o elementos de dudoso gusto que rompen la homogeneidad urbanística de la zona.

Los políticos son los más aficionados a la fiebre de las rotondas. De hecho, con su construcción pueden cumplir el objetivo de promocionar la ciudad pero también de dejar un legado personal o político en el municipio gobernado y enviar mensajes de poder a la ciudadanía. Una situación que convierte a las rotondas en las dianas de los enfrentamientos políticos.

Estos días en Granada, concretamente en Albolote, se ha visto un ejemplo claro. El equipo de Gobierno del PP ha terminado su boicot a una escultura encargada por el PSOE al artista César Molina enviándola directamente a la chatarra. Tras cuatro años de abandono porque se negaban a ponerla escudándose en que "no gustaba a los vecinos", su triste final ha sido un desguace.

Pero no es el único caso -aunque sí el más grave pues ha terminado con la destrucción total de la obra- en el que una rotonda ha pagado las consecuencias de la batalla política. En Alcorcón, en Ibiza y en Arganda del Rey ha habido ejemplos de no pagar obras encargadas por la oposición o de abandono. En Arganda el PP en 2004 ocultó una escultura de una rotonda encargada por el PSOE entre una plantación de cipreses.

Quien gana también en todo esto son las constructoras que, con la realización de rotondas y su ornamentación, aumentan la factura a cobrar. Pero, ¿son realmente estos espacios una muestra idónea para el arte moderno? ¿Dónde está el límite? ¿Quién impone su gusto?

En toda la provincia de Granada las rotondas de entrada a los municipios pretenden ser un símbolo de identidad del pueblo, por lo que suelen ser las más espectaculares. Pero hay de todo. En la ciudad, por ejemplo, hay rotondas que no convencen pero que los políticos las venden como ejemplo de modernidad y urbanismo. Es el caso de la famosa rotonda de la granada (primero instalada junto a la estación de autobuses y ahora junto a Traumatología), la del Quijote en la Avenida de Cervantes o la última incorporación, la réplica de un helicóptero en la nueva rotonda de la Aviación Española en Camino de Ronda.

Tres ejemplos que avalan las teorías de los que critican que las rotondas se hayan convertido en una especie de cajón de sastre en las que todo vale y que no siguen un plan artístico o estético adecuado.

En el Área Metropolitana también hay rotondas que sorprenden en sentido negativo. En Churriana hay una con dos seiscientos de colores subiendo por un arco, en Ogíjares una de las entradas al pueblo es una farola en una rotonda que vende el municipio como Villa de la Música, y en cada pueblo suman cientos los ejemplos de rotondas curiosas. Pero, si todas estas están en pie, ¿es justo que Albolote haya roto una escultura por gusto personal del alcalde y su equipo? Expertos en arte han confirmado estos días la "barbaridad" cometida con la escultura y se han lamentado de la poca defensa política al arte y al patrimonio.

Pero no sólo en Granada el mundo de las rotondas y su decoración genera discrepancias o mejora entornos. Ocurre en todo el país. De hecho, hay hasta un trabajo de investigación sobre el uso de estos espacios. Elia Canosa Zamora y Ángela García Carballo, de la Universidad Autónoma de Madrid, realizaron en 2009 un estudio pionero y referente en este campo: Enmascarando la pobreza del paisaje urbano: rotondas y arte público. Su conclusión: que en la periferia de las ciudades y en las zonas de promoción reciente el arte público se ha instalado en las rotondas como un espacio de calidad paisajística pretendiendo convertir su islote en el nuevo referente urbano. Según el estudio, "la confluencia de intereses políticos, constructores, medios de comunicación y artistas, han convertido este binomio en panacea de un paisaje urbano que se estandariza y empobrece".

El estudio analiza si es conveniente dar este uso artístico a las rotondas, que obligan a contemplarlas fugazmente mientras se transitan con un vehículo y desde espacios cercanos si se es peatón. De hecho, alerta de que es un arte para ser consumido desde el coche con las limitaciones que esto implica: "Se observa con rapidez y desde cierta distancia. Además no debe constituir ni motivo de distracción ni obstáculo frente a la perspectiva.

"Intereses económicos, políticos y mediáticos confluyen en encumbrar estos espacios dándoles una trascendencia que no deberían tener: es un producto nuevo, que pueden vender bien y convertirlo fácilmente en exaltación de la cultura o hito simbólico de los lugares", dice el estudio, donde se critica que se usen también como "cortina de humo" que oculta un paisaje urbano.

La historia de la rotonda ha evolucionado mucho desde su creación. Su uso no ha variado, son un espacio para solucionar los problemas de congestión de tráfico, pero su estética sí, y mucho. De colocar fuentes, obeliscos y hasta arcos de triunfo se ha pasado a colocar esculturas, réplicas, animales...

La primera rotonda moderna se debe a Eugène Hénard, autor en 1907 de la reordenación de la Place l'Etoile en París, donde Napoleón I había erigido un arco del triunfo a comienzos del siglo XIX. En España, la primera se hizo en 1976 en Palmanova, Mallorca.

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