pasado con presente incluido

Valen: El cantante que vio la mano de Dios

  • Los éxitos de Valen se escucharon incansablemente en las emisoras de radio y en los guateques de los años sesenta y setenta

  • Vivió durante una década en varios países de América, donde sus canciones eran muy valoradas por el público

  • Ahora vive entre Tocón y Granada

El artista granadino se acuerda de todas las letras de sus casi 500 canciones. El artista granadino se acuerda de todas las letras de sus casi 500 canciones.

El artista granadino se acuerda de todas las letras de sus casi 500 canciones.

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Su mirada tiene un cierto matiz felino, como de lince ibérico que sabe de su extinción. Quizás se trate de una de esas miradas renuentes que te piden explicaciones del porqué el ocaso de una vida. Su voz está en perfecto estado de conservación. Por seguir el catálogo de ejemplares de fauna que se concentran en su figura, diremos que lleva el pelo blanco escaldado a modo de león y que su memoria es como la de un elefante porque se acuerda de todas las letras de sus casi 500 canciones y de los sitios en los que las ha interpretado. Tal vez su poder de evocación falle en muchos detalles, pero no cuando se trata de los momentos que a él le interesa recordar.

He quedado con Francisco Valenzuela Ávila, popularmente conocido por Valen, en una cafetería cercana al antiguo hospital de la Salud. Quiero añadirlo a mi colección de personas importantes y olvidadas porque Valen fue el cantante omnipresente de los guateques de los años sesenta y setenta. No había canción suya que no fuera tarareada por la juventud de aquella época. Viene hacía mí con las manos metidas en los bolsillos, sus hombros levantados y el rostro con vestigios de frío. Lo primero que hace al verme es sacar de una pequeña mochila varios cedés. Allí están sus discos dedicados a España, a los poetas andaluces, al amor, a los pueblos de Andalucía, a Granada….

-Toma, tienes que escucharlos. Aquí está mi vida- me dice poniendo los cedés sobre la mesa.

Al hacer el pedido a la camarera, yo pido café y él una tila.

-¿Es que estás nervioso?

-No, qué va. Es que es de las pocas cosas que puedo tomar. Estoy de médicos.

-¿Algo por lo que preocuparse?

-No. Bueno, no sé. Me están haciendo pruebas. Y el caso es que los análisis me salen bien.

Valen es de las personas que ves y te dan ganas de darle un abrazo. Es pequeño pero ocupa un espacio mayor que el que su tamaño requiere. De movilidad pausada, está dotado de un vitalismo razonablemente compartido con el ensimismamiento. A menos que te lo esperes, pone las manos a modo de cantaor flamenco y se pone a cantar sin importarle el sitio, ni el momento, ni la audiencia. Luego deja su mirada quieta en cualquier punto del local y en su cabeza comienza un concierto de remembranzas que él solo sale interpretar.

Una familia de artistas

Su biografía está en la Wikipedia. Nació en la pedanía de Brácana, perteneciente al municipio de Íllora. Cuando sucede nuestro encuentro, el 22 de enero, le quedan tres días para ser octogenario. Su padre comerciaba con la harina y cuando Valen tenía cinco años la familia se fue a vivir a Tocón. Me cuenta que de nueve hermanos que tenía al menos cuatro sabían muy bien cantar. Así que él cree que llegó al mundo con el gen artístico de los Valenzuela. A los siete años se fue a estudiar a los Escolapios de Granada. Al terminar el bachiller su padre quiso que siguiera estudiando y se matriculó en Derecho. Su vocación de cantante se consolidó cuando se hizo de la tuna de la Facultad. Con su amigo Enrique, de la librería Almendros, formó un dúo que se llamó Frank y Henry. No era cuestión de ponerse Paco y Enrique. Juntos grabaron canciones como La chica del barrio,Bajo tu embrujo y Camino Llano. Después se fue a Madrid porque quería triunfar en el mundo de la canción. Y triunfó.

-Marchena me oyó cantar y se quedó admirado con mi voz. Luego me dijo: cantas muy bien pero si quieres triunfar no te dediques al flamenco. Y es que por aquellos años el flamenco no estaba tan valorado como ahora.

Valen fue de los primeros en mezclar el pop con el flamenco. En el festival de la canción del Duero, en el que participaban cantantes portugueses y españoles, se quedó entre los primeros con la canción Risa con llanto. A partir de ese momento ganó mucha popularidad en España y su nombre comenzó a sonar en los espacios musicales de las emisoras de radio. En 1967 su futuro se puso en marcha con la firma de un contrato con la discográfica RCA. Su tercer disco, con el famoso tema La mano de Dios, convirtió esta canción en un éxito internacional, mucho antes de que la frase se hiciera famosa y sirviera para nombrar aquella mano que Maradona utilizó para meterle un gol a Inglaterra en los mundiales de 1986. A finales de los años sesenta, raro era el español que no supiera de memoria el estribillo de este tema dedicado al amor de una pareja que las pasó canutas para hacer prevalecer su amor ante sus respectivas familias:

Yo vi la fe que tenían,

yo vi la mano de Dios,

yo vi que la vida es bella,

yo vi que existe el amor.

La canción está basada en una historia real. Ella era valenciana y él extremeño. Los padres de él se opusieron a esa relación, pero los novios se citaron en un pajar una tarde de lluvia y allí dieron pruebas de lo que sentían el uno por el otro. Se casaron pero lo pasaron muy mal porque habían sido desheredados. Él se colocó en una empresa y triunfó. A los pocos años se fueron a vivir a Florida.

-Esta canción la grabé en Roma y fue un éxito en todo el mundo. Un día que cantaba yo en Miami esta pareja vino a verme. Fue muy bonito recordar la historia- dice Valen mientras remueve la tila.

Sus canciones empezaron entonces a oírse mucho en América y Valen se fue un tiempo a vivir allí. Durante nueve años que estuvo ausente de España, Valen residió en Bogotá, Cali, Guayaquil, Santiago de Chile, Buenos Aires, Miami, Jacksonville y Nueva York. De cantar en el Aula Magna de la Universidad granadina pasó a cantar en varios escenarios internacionales como el Madison Square Garden de Nueva York, el Marine Miami Stadium de Miami, el de la Sorbona y el Olimpia de París, el Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, el Coliseo del Pueblo de Cali, el Teatro Rex de Buenos Aires, el Teatro Ferrocarrilero de México…

-He cantado con muchos grandes, con el Puma, con Gilbert Bécaud, con Carmen Sevilla… Uf, con muchos.

El trovador de la Alhambra

Pero Valen siempre ha llevado a Granada en el corazón y en la mente. Se casó con una granadina, Guadalupe, a la que le dedicó una canción: Caminito de la playa. La playa, por supuesto, era la de Torrenueva. En Francia era conocido como 'El trovador de la Alhambra' y dice que la última vez que cantó en Granada, en el Isabel la Católica, el público se volcó con él. Sus dos últimas actuaciones han sido en Ciudad Rodrigo y Hendaya, solo hace tres años.

-Ya no subo a los escenarios. Mi voz sigue siendo buena, pero eso se ha acabado.

La compañía de Valen es agradable. Con el trato llega a resultar una persona entrañable. Tal vez demasiado anclado en un pasado repleto de pulular por los escenarios, pero entrañable. No sabe hablar sin cantar. La canción ha sido su vida y no imagina una existencia sin componer canciones. Se resiste a creer que el pasado nunca vuelve. Dice que durante el franquismo tuvo algún que otro problema con la censura y que como cantautor se vio obligado a cambiar varias letras de sus canciones.

-Si vas a hablar de mi vida tienes que decir que le he cantado a los cinco poetas andaluces más famosos, a los hermanos Machado, a Juan Ramón Jiménez, a Alberti y a García Lorca. He llevado sus poesías por todas partes del mundo.

A Valen no le gusta hablar mucho de política, pero si lo hace es para alabar a una persona de la Transición.

-Para mí el mejor político que ha existido ha sido Adolfo Suárez. Ese sí que tuvo mérito. Lo conocí cuando era director general de Radio y Televisión. Siempre me trató bien.

Luego hablamos de literatura. Dice que tiene escritos varios libros de poesía escritos y que en sus cajones guarda dos novelas aún sin publicar: La posada de Tocana (territorio imaginario entre Tocón y Brácana) y El relojero de París.

Cuando terminamos la conversación, le propongo hacerle una fotografía. Él se resiste. Dice que está muy viejo y demacrado. Le digo que para la entrevista es casi imprescindible porque la gente que lo admira necesita saber cómo está.

-¿Y no puedes poner alguna de cuando yo actuaba?

-Esa también la pondré. Pero es necesaria una actual. Además, yo no te veo mal. Te veo genial.

-Bueno, está bien- dice con el remoloneo propio del obligado a hacer una cosa que no le gusta.

Y cuando nos despedimos nos prometemos mutuamente no olvidarnos y que aquella no haya sido una conversación en medio de la nada.

-Un día de estos te llamo, Valen, y nos tomamos algo.

-Cuando tú quieras. Pero no tardes mucho porque cuando acabe con los médicos quiero volver a Madrid.

A mucha gente se le pregunta cuál es la canción de su vida, aquella que uno elegiría para cualquier cosa. Si se hiciera una encuesta sobre eso, resultaría que las escogidas no serían las más bellas, ni las más alegres, ni las más tristes, sino las que se compartieron con otra persona. Y Valen ha sido un maestro en componer canciones para compartir con alguien. Que levante la mano aquel que fue a un guateque en los sesenta y no bailó con una canción de Valen.

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