Vinos y famosos

De moda. Por capricho, por esnobismo o por buscar un "refugio" al dinero haciendo crecer sus beneficios, cada vez son más los actores, artistas o futbolistas que invierten en bodegas

04 de agosto 2013 - 01:00

EN las tres últimas décadas, sobre todo antes de que empezara la maldita crisis, el vino ha atraído, tanto en España como los demás países productores del mundo, a famosos de toda índole: cantantes, actores, futbolistas… y gente con muchos posibles. Ya sea por capricho, por esnobismo o por buscar un "refugio" al dinero, haciendo crecer sus beneficios, invierten en una bodega, casi siempre dotada de hotel o casa rural.

Después de lo que se vino a llamar el boom del ladrillo -gente que con el boom inmobiliario hizo mucho dinero y lo invirtió en una bodega-, los campos y los paisajes españoles vieron surgir bodegas por doquier, bodegas faraónicas, en muchos casos, que a los expertos nos llamaban la atención por cuanto eran inversiones muy difíciles y en todo caso muy, muy largas de amortizar. Muchas de estas bodegas están hoy en venta, ya que el negocio del vino, como cualquier otro, es difícil de entender y sacar adelante. Y es que la mayoría de estas personas vieron en el vino un "negocio fácil": acostumbrados a pagar por una botella de vino en un restaurante precios casi siempre altos, partiendo de un producto, la uva, barato, pensaron que debía ser un negocio altamente rentable. Eso sin hablar del relumbrón social que da el ser dueño de una bodegas de vinos. Esto pasa por pensar que es coser y cantar. Otra cosa muy diferente es hacer el vino, embotellarlo y venderlo, y además venderlo a los precios que creías que se podía o debía vender tu vino. Nadie les dijo que cuando el arquitecto de moda termina de hacer su magnífico château o bodega hay que llenarla de vino, y pagar las uvas de las próximas cinco cosechas, y aguantar el stock de barricas, botellero, almacén de producto terminado, almacenes reguladores, y venderlo a 90 días. Que el retorno de la inversión empieza a los 5 años (en el mejor de los casos). ¡Y tampoco les dijeron que su competencia en el mercado lleva más de un siglo de ventaja! Según las cuentas de los viejos bodegueros, por cada euro invertido en activo fijo, hay que gastarse otro en activo circulante y otro en comunicación.

También en las últimas décadas se ha puesto de moda entre los famosos el poseer una bodega y hacer vino. Cantantes, actores, cineastas, diseñadores, deportistas, empresarios, periodistas y toreros participan en diferentes proyectos vitivinícolas, movidos por la pasión, búsqueda de prestigio, capricho o negocio. Pero ¿su participación en las bodegas ha supuesto una mayor garantía de éxito? No siempre. En algunos casos, los famosos han dado visibilidad a la bodega. En otros, su participación no ayuda a las compañías en su esfuerzo por vincularse a calidad y a profesionalidad, ya que a veces han dado una imagen frívola o han eclipsado al producto.

En España, tienen intereses en bodegas famosos como Gerard Depardieu, Andrés Iniesta, Julio Iglesias, Joan Manuel Serrat, Lluis Llach, Antonio Banderas, Rafael Moneo, Fran Rivera, Imanol Arias, Carlos Sáinz, José Luis Cuerda o Roberto Verino, aunque el tándem 'famosos+vino' es un fenómeno a nivel internacional, como lo demuestran Ford Coppola con su bodega en Napa Valley (California, EEUU); Messi en Argentina, como no podía ser de otro modo; y Angelina Jolie y Brad Pitt (Côtes de Provence, Francia).

El actor Gérard Depardieu comenzó hace 30 años su propia carrera vitícola al adquirir una hectárea de viñedo en Borgoña. Su pasión por el vino le llevó, en el año 1989, a adquirir un terreno de 110 hectáreas en Anjou (Francia),Château de Tigné, donde produce entre 500.000 y 600.000 botellas al año. La pasión por el sector vitivinícola le ha llevado a embarcarse en la aventura de invertir, producir y exportar vinos elaborados en la Denominación de Origen Toro, junto a Bernard Magrez, propietario de la mayor distribuidora de vinos de Francia y de varias bodegas repartidas en países como Marruecos, Chile, Argentina y, por supuesto, Francia. Un proyecto que podría continuar con la elaboración de otro vino y construcción de bodega en el Priorato.

Corazón Loco es la marca de los vinos producidos por Bodegas Iniesta, propiedad de la estrella manchega del fútbol, a partir de sus viñedos ubicados en la Finca El Carril, entre las cuencas de los ríos Cabriel y Júcar y en la localidad natal del jugador, Fuentealbilla (Albacete), amparados por la denominación de origen Manchuela. En los próximos meses comercializará también un aceite bajo esa marca de olivares propios.

Entre las iniciativas que triunfan encontramos también a Bodegas Montecastro, (Castrillo de Duero, Valladolid) con el cantante Julio Iglesias como copropietario. La firma está presidida por Alfonso de Salas, marqués de Montecastro y Llanahermosa, máximo accionista. Figuran como socios numerosos empresarios y periodistas, entre los que destacan el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. Según fuentes de la compañía, la imagen internacional del artista ayuda (venden el 27 países) pero su estrategia se basa en elaborar y comercializar vinos de calidad, no "el vino de Julio Iglesias".

El cineasta José Luis Cuerda posee una bodega bellísima instalada en una antigua casona del siglo XV en el Ribeiro donde produce un vino blanco maravilloso: San Clodio. José Luis Cuerda es un gran amante de la buena mesa y, por ende, del buen vino. A todo esto hay que sumarle su amor incondicional por Galicia que tiene un origen ya lejano (1987), cuando se acercó al entorno mágico del campo gallego para rodar El bosque animado. El primer vino vio la luz con la vendimia de 2005 y no hay más que hablar con Cuerda unos minutos para percibir no solo su entusiasmo -que podría ser una sensación pasajera-, sino su conocimiento, su clara e incondicional apuesta por la calidad y su defensa de la rentabilidad del proyecto a medio plazo. En ningún momento se percibe en él que hacer vino sea un mero capricho sino una decisión empresarial bien meditada que, eso sí, ya le está proporcionando también cumplidas satisfacciones en el terreno puramente anímico.

Por su parte, el gallego Roberto Verino produce Terra do Gargalo de las Bodegas Gargalo (D.O. Monterrei, Galicia). Según sus propias palabras, "inicialmente fue un capricho que enseguida se convirtió en una pasión y ha terminado siendo un negocio". "Supongo que habrá muchas personas que jueguen con el vino por una cuestión sólo de prestigio o de notoriedad, pero ése no ha sido nunca mi caso", añadía el diseñador en unas declaraciones a Mundo Vino. A Roberto Verino le ha ayudado su imagen, aunque considera que "el prestigio de tu marca comienza con un hándicap, deshacer el prejuicio de quienes antes de probar el vino pueden pensar que se trata sólo de una estrategia de marketing".

Joan Manuel Serrat posee la bodega Mas Perinet, que elabora vinos acogidos a la D.O. Montsant y a la D.O.Q. Priorato. El proyecto Mas Perinet nació en 1998 y contó con la participación de profesionales del mundo del vino, que pusieron en pie sus vinos blancos y tintos. La primera añada fue presentada en Barcelona en 2004 por el propio Serrat que se muestra apasionado y muy involucrado con la bodega.

Los productos de Celler Vall Llach, propiedad de Albert Costa y el cantautor Lluis Llach en el Priorato, se han hecho un hueco en las mesas chinas donde han logrado un gran éxito con su enseña 'Vall Llach', que en los restaurantes del oriente lejano cotizan a 200 euros y pugnan con los reputados vinos de lujo francés. Y en EEUU compite con el Cabernet del valle de Napa (California). Llach pasa la mitad del año al frente de su Fundación en Senegal, pero no se pierde cada una de las vendimias e, incluso, es el responsable de catar las uvas y determinar el mejor momento de maduración para comenzar a vendimiar en el mejor momento.

Rafael Moneo, premio Príncipe de Asturias de las Artes 2012, posee su propia bodega, La Mejorada, en el municipio de Olmedo (Valladolid), donde produce dos vinos: La Cerca y Las Norias. La bodega es un antiguo monasterio remodelado y reconvertido por el genial arquitecto, donde pasa muchos meses al año participando de las labores de cada estación, siempre respetando las pautas que dictan los profesionales.

Si el Diccionario de la Real Academia de la lengua Española define "arte" como "una manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros", lo cierto es que se puede traspasar esa línea, pues el vino es una expresión artística y numerosos artistas encuentran en él otra forma de expresión, un sentimiento cotidiano.

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