La acusada de secuestrar un bebé declara que vivió una fantasía
La mujer, de origen boliviano, niega que su intención fuera robarlo y afirma que trató de contactar al día siguiente con la madre para entregárselo · Le piden 4 años de cárcel
Marian Norma A.V., de 34 años, lleva diez meses como presa preventiva en el centro penitenciario de Albolote. Ayer salió de él para ser enjuiciada en la Audiencia de Granada por el grave delito que se le imputa: haber secuestrado al bebé de dos meses de una compatriota. Durante su interrogatorio ante el tribunal de la Sección Segunda, la mujer, una boliviana que como tantos sudamericanos cruzó el charco en busca de una vida mejor en España, explicó que aquel episodio, ocurrido el 28 de marzo de 2011 y que inundó de desesperación a los padres del retoño, ella lo vivió como "una fantasía", pues volvió a ejercer de madre por un día y unas horas.
Marian es madre tres hijos, que se quedaron en su país, y meses antes del supuesto secuestro del retoño había sufrido un aborto espontáneo. Ayer no negó que se llevase el niño consigo, pero adornó su acción con una serie de matices en su defensa que tendrán que ser valorados por el tribunal. Garantizó, por ejemplo, que "no pensaba robarlo", una manifestación que su abogada, Glenda Fermín Rodríguez, reforzó poniendo de relieve que ni huyó de su domicilio ni de la capital.
La acusada explicó que aquel día había acompañado a la madre del bebé a la Caleta porque ésta tenía allí "una entrevista de trabajo". Mientras la madre acudía a su cita, ella se quedó cuidando del niño. La progenitora regresó pero volvió a marcharse, por lo que Marian -siempre según el relato que ofreció en la sala- decidió esperarla en los bancos de la plaza. Allí permaneció desde las 19:30 horas hasta las 21:30 ó 22:00. "La estuve esperando, pero ella no se aproximó y, como veía que no venía, agarré al niño y me fui a mi domicilio".
A partir de ahí comenzó esa "fantasía" de Marian, que al final pasó la noche con el pequeño en casa de una amiga y reconoció que presentó al bebé como suyo a las distintas personas con las que habló hasta su detención. Llegó a comprarle incluso más pañales y leche.
Al día siguiente, acudió con la criatura a su trabajo -la acababan de contratar para cuidar a un anciano- y entonces empezó a ser consciente del zarzal en el que se había metido: la progenitora ya había denunciado el supuesto robo del niño y se había formado un enorme revuelo. Marian decidió entonces llamar a la verdadera madre, con la intención "de entregárselo". Detalló que llamó "dos veces" sin éxito desde un teléfono público (no usó su móvil "porque no tenía crédito"). Incluso, según afirmó, acudió al domicilio de los padres del niño y tocó el timbre "pero no respondió nadie". También llamó a su ex pareja sentimental para pedirle ayuda para devolver al menor, pero finalmente fueron los investigadores de Homicidios de la Policía Nacional quienes la localizaron: un agente la abordó en la calle con el bebé, poniendo punto y final a la pesadilla de los padres de la criatura.
Tras concluir su interrogatorio, el tribunal hizo algunas preguntas más a la acusada para aclarar ciertos extremos de su versión, entre ellas, si se le ocurrió llamar a la madre durante su espera en la Caleta para saber por qué no regresaba. Su respuesta fue negativa.
La siguiente en declarar en la primera sesión de este juicio, que continuará el lunes, fue Miriam S.R., la progenitora del bebé. Lo hizo en calidad de testigo y perjudicada -ejerce la acusación particular en la causa- y ofreció un relato bien distinto al de Marian. Explicó que la había conocido tres días antes, cuando se le acercó en la calle mientras ella estaba pegando carteles ofreciendo en alquiler una habitación de su casa. La acusada estaba interesada en esa habitación y, el día de autos, ambas habían ido a la Caleta para indicar la acusada a Miriam cuál era su anterior domicilio, a fin de que un familiar de ésta se acercase con el coche a recoger su ropa y pertenencias para mudarse. Pero Miriam se encontró indispuesta -sospecha que porque Marian pudo haberle echado algo en un zumo que previamente había ingerido en su domicilio- y tuvo que ir al baño de un bar para "vomitar", momento en que, según su testimonio, la procesada se esfumó con el bebé. A continuación, salió del establecimiento y buscó infructuosamente por la zona hasta que decidió poner los hechos en conocimiento de la Policía. "No tardé ni 5 minutos y ella ya había desaparecido", manifestó, a la vez que señaló que si la dejó sola con el carrito pese a no conocerla demasiado fue porque pensó "que era una buena persona".
La acusada se enfrenta a 4 años de prisión por un posible delito de detención ilegal de un menor.
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