La alternativa a la A-44 es una carretera llena de baches y rajas

Fomento va a desviar el tráfico por la antigua N-323 cuando cierre la autovía en otoño, pero también presenta movimientos de tierra, grietas y necesitaría un arreglo previo

La alternativa a la A-44 es una carretera llena de baches y rajas
La alternativa a la A-44 es una carretera llena de baches y rajas
R. Fernández Motril

11 de agosto 2013 - 01:00

Los arreglos de la A-44 que planea Fomento para el próximo otoño, a la altura del viaducto de Rules, harán necesario en su tercera fase un desvío hacia la vieja N-323. Sin embargo, esta carretera nacional que hasta 2009 soportó como pudo el tráfico de miles de vehículos, en algunos puntos no está preparada para volver a absorber dicho volumen de coches debido a que está aquejada del mismo mal que la vía que pretende sustituir de forma temporal: El movimiento de terrenos.

Así, se pueden advertir rajas de dimensiones tales que en su interior cabe una persona, conos que indican peligro u obras, baches, etcétera. Este periódico ha hecho un recorrido por la alternativa al tramo que se tiene que sortear (el Ízbor-Vélez de Benaudalla), como antes de que se inaugurara la autovía, y lo que hay es una carretera que se puede convertir en una pesadilla para la conducción, complicada de atravesar para camiones de gran tonelaje y que, en cualquier caso, habría que pasar a una velocidad de unos 40 kilómetros por hora como máximo por su mal estado.

En esta vía se puede presenciar, en dirección Granada, una carretera doblada como si estuviera hecha de plastilina. En paralelo a la Presa de Rules comienzan los problemas. Pese a que el Ministerio de Fomento se afana en reparar las grietas, el alquitrán no acaba de cicatrizarlas. En concreto, en la recta que va en paralelo al río Guadalfeo se observan ya agujeros a pesar de que el alquitrán está aún reciente.

Pero este panorama desolador no sólo se puede contemplar en la calzada, sino que en el antiguo mirador, construido en el arcén que nació para divisar la inmensidad y la belleza del pantano desde un privilegiado lugar, se ha convertido en un lugar dantesco e inútil, pues no ha escapado a este efecto devastador.

Este sitio lleva ya varios años cerrado. La Dirección de Carreteras cerró el acceso con unas losetas. Estar en él es como pisar un terreno que haya sufrido un terremoto: el suelo se ha abierto en varios surcos que imposibilitan el acceso al borde del mirador y entre los orificios ya ha crecido incluso vegetación.

Pero las mayores dificultades para el tránsito de vehículos están kilómetros más arriba, en la bajada al túnel de los Acebuches en el término municipal de Ízbor, donde el estado de la vía ha obligado a señalizar y marcar con conos el firme irregular y a delimitar el arcén por los daños. En el kilómetro 170 las grietas son de tal magnitud que una persona de estatura media puede entrar dentro de ellas. La persona puede dar tres pasos dentro del hoyo, de unos 50 centímetros, por lo que la longitud se puede calcular que es de unos 3 metros de largo. Y ésta es la grieta más pequeña, pues metros atrás, en el arcén, pese a que la zona deteriorada está muy bien delimitada, asusta ver el tránsito de vehículos a un metro de agujeros de tales dimensiones. Lo que es peor es que la orografía no conoce de límites y en su afán por destruir también ha rajado las losetas de contención y, caprichosamente, ha dividido este muro en dos partes: una, que sigue como la dejaron los operarios de Fomento y, otra, como la madre naturaleza ha querido dibujar a su antojo, más baja que la anterior y dejando un pequeño acceso para pintar otra grieta

De esta manera, el terreno hace aún más complicada la intención de Fomento de arreglar los problemas de comunicación de la Costa, pues la N-323 también necesitará de un remozado si es que finalmente se desvía el tráfico hacia ella de una forma significativa.

Además, está el problema de la seguridad, ya que la N-323 era una de las carreteras con más puntos negros de todo el país. En concreto, el que más problemas ha dado, según clubes automovilistas, es el tramo desde el kilómetro 172,5 al 185,5. Desde el cruce con la A-346 hasta el acceso a Motril, con un índice de riesgo medio-alto.

Las estadísticas de la DGT indican que los lugares históricamente más peligrosos de dicha vía son los siguientes: el kilómetro 173,7 (en sentido descendente), el 178,6 (en los dos sentidos de marcha), el 180,2 (también en ambos sentidos) y el 186 (ascendente).

También ha habido accidentes mortales en el kilómetro 176, a la altura de Vélez de Benaudalla, 177 y 168. Se dio un caso en el que fallecieron 6 personas en 30 minutos en un día de lluvia de diciembre de 2008.

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