El caballero del consenso: hasta pronto, Juan Ramón
El caballero que no necesitaba alzar la voz para ser escuchado, la del hombre que construía puentes donde otros veíamos abismos
Juan Ramón Ferreira, la elegancia de la política
Es 1 de enero en Granada, pero el calendario miente. La ciudad se ha quedado detenida en ese instante, justo antes de las uvas, cuando el teléfono dejó de traer felicitaciones para vomitar una noticia impronunciable. Juan Ramón se ha ido. Con él, se marcha una forma de entender la vida y la política que parece un vestigio de otros tiempos: la del caballero que no necesitaba alzar la voz para ser escuchado, la del hombre que construía puentes donde otros veíamos abismos. Dicen que la muerte siempre es impuntual, pero esta vez ha sido despiadada. Juan Ramón se despidió repartiendo abrazos-firmes, elegantes, de los que transmiten complicidad-, sin saber que estaba entregando su último legado. Se ha ido el impulsor de la Granada de 2031, el melómano delos conciertos en el Palacio de Carlos V. Sobre todo, se ha ido una persona buena.
Me cuesta caminar hoy por una Granada que amanece huérfana. No importa el color político. El salón de plenos y las plazas de los barrios lloran al unísono. Porque Juan Ramón era ese"tipo que abría puertas", como recordaban compañeros de bancada opuesta. Su talante no era una estrategia de marketing, era su esencia: un hombre de Alcalá la Real que se hizo granadino por derecho y por amor, y que entendió quela cultura, como la política, no son sólo museos, sino la capacidad de escucharnos unos a otros. Le vimos trabajar hasta el último aliento por ese sueño de la Capitalidad Cultural, con la ilusión de un principiante y la sabiduría de quien lleva décadas sirviendo a lo público. Pero detrás del concejal, del diputado y de mi compañero procurador, estaba el hombre vitalista que disfrutaba de la belleza en todas sus formas.
Cuando las luces de las instituciones se apaguen y los comunicados oficiales dejen de sonar, quedará el silencio más duro de todos. El que habita en casa.Y no encuentro palabras para Rocío ni para su familia. No hay palabras en el diccionario de esta ciudad que puedan mitigar el golpe. Pero tengo la certeza de que Granada os mira con el mismo cariño con el que Juan Ramón miraba su Alhambra. A ti, Rocío, dicen quienes os conocieron de cerca que en vuestra complicidad residía gran parte de esa fuerza que él proyectaba. Que su optimismo inquebrantable y su paz no eran gratuitos, sino que nacían de la certeza de tenerte a su lado.
En estos días donde el "feliz año" suena a ironía dolorosa, solo cabe el consuelo de saber que Juan Ramón no pasó de puntillas por la vida de nadie. Senos va un hombre especial, un servidor público que honró su cargo, un compañero que nos hizo mejores a todos. Juan Ramón descansa, esperando que el legado que nos deja pueda llegar algún día hasta lo más alto; hasta donde hoy, por convicción cristiana, estoy convencido ya nos ve. A nosotros nos quedará el orgullo de haber compartido el tiempo con un hombre que, hasta en su último suspiro, nos enseñó que la elegancia más grande es la de la bondad.
Descansa en paz, Juan Ramón, caballero del consenso. Agradecida, Granada no te olvidará nunca.
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