Salud

Una caja de recuerdos para afrontar el duelo

  • El hospital Virgen de las Nieves crea un protocolo pionero para formar a los enfermeros en la humanización del trato a las familias ante los casos de muerte perinatal

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Una caja de recuerdos para afrontar el duelo

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“Cuando fallece un bebé, muere una parte de los padres”. Son palabras de Tamara Vílchez, una mujer que ha pasado por ese trance y que ahora, junto a la psicóloga y también madre en duelo, Famara Pedrosa y la asociación Pregran de padres de niños prematuros y su área Granada Duelo, colaboran con un pionero protocolo desarrollado en el hospital Virgen de las Nieves que trata de humanizar el trato de los sanitarios, en especial de la enfermería, hacia las familias cuando pierden un hijo antes de que éste nazca o poco tiempo después.

Todo comienza desde el primer momento del diagnóstico, cuando se tiene que informar a la mujer de que su bebé ha muerto en el vientre. Este mensaje, explica Mari Carmen Ariza, matrona y supervisora de paritorio del centro, “requiere dar esa información de manera distinta”.

Todos los duelos, coinciden sus compañeros Sebastián Manzanares Galán, subdirector médico del hospital y ginecólogo, y Fátima Cerezo, matrona y ahora jefa de bloque de obstetricia, “se afrontan de igual manera, aunque el bebé no haya llegado a nacer”. Ariza sostiene que “como muerte que es, dentro del protocolo había que empezar por formar a los profesionales en este sentido porque nosotros estamos acostumbrados a trabajar con la vida”.

Famara Pedrosa, por su parte, añade un matiz a la descripción de este duelo ya que “al ser una pérdida neonatal se vive con el sentimiento de lo que pudo haber sido y no fue. Esa persona venía con muchas expectativas por parte de los padres por lo que se siente una ausencia aún mayor”.

La importancia de que exista una asociación y un protocolo especializado que apoye este duelo, argumenta Vílchez, “es que hasta ahora no se había cubierto este tema en los hospitales, no se planteaba desde el punto de vista sanitario”. Se refiere al tabú creado en torno a ese dolor, ya que “en el momento en el que fallecía un niño no sabían qué hacer porque están especializados en sacar adelante a sus pacientes y no contemplan la muerte”.

El proyecto, continúa, surgió hablando con especialistas de las áreas de Neonatología del Virgen de las Nieves de las necesidades de estos familiares. Fátima Cerezo explica que se dieron cuenta de la urgencia de crear este plan “para ampliar la atención a estas mujeres porque se quedaban muchos huecos”.

Además, sostiene Ariza que “entre los propios profesionales había mucha disparidad” ya que había quienes estaban formados en duelos y conocían la importancia de esta atención pero había quienes “lo veían incluso fuera de lugar”. El protocolo, en resumen, nace de una necesidad de unificar criterios a través de la evidencia científica, finaliza.

Las bases del protocolo están en primer lugar en que los profesionales sepan que en la habitación que van a entrar hay una familia pasando por ese trance, por eso, en cada una de estas estancias se coloca una lámina de colores que los sanitarios reconocen antes de atender a esa mujer.

Por otro lado, aparece el momento de dar la noticia y saber de qué manera se debe tratar a esos padres. Los profesionales aprenden qué situaciones tienen que propiciar para que vivan el duelo de la mejor manera posible, desde qué espacios han de usarse, qué palabras o personas, si tocar o no a la madre... Hay que ante todo, coinciden, respetar las preferencias de cada familia, por eso se les ofrece una serie de alternativas para que elijan cómo comenzar su duelo.

En este punto entra la fase de creación de recuerdos, una de las claves de este protocolo, que contempla la posibilidad de que los padres conozcan al bebé recién nacido fallecido y puedan sostenerlo y abrazarlo. Es importante, sostiene Cerezo, porque muchos padres imaginan que el bebé presenta deformaciones y puede aumentar el trauma.

También se ofrece a la pareja guardar recuerdos del bebé en la llamada caja de recuerdos, como su cordón umbilical, las ecografías, las huellas de manos o pies, ropa o la mantita, un mechón de pelo o fotografías. Esto es fundamental, apunta el hospital, porque valida la identidad del niño y se asocia a menos síntomas de estrés postraumático.

Para quien a priori piensa que esta forma de encarar el duelo puede ser macabra, Tamara Vílchez responde que “cuando se muere tu madre o tu padre, guardas fotografías y objetos personales de esa persona” por lo que muchos de los padres que lo rechazan luego se arrepienten y echan en falta tener un recuerdo de esa persona.

Cuando se dice que un hijo ha fallecido, nosotros morimos con él un poco por lo que si empiezas el duelo con una buena despedida y con los profesionales apoyándote, y tienes la posibilidad de tener un recuerdo bonito, mejor”, sentencia.

Otras de las acciones que se plantean es la entrega de material informativo a los padres, dejar a la mujer en la misma habitación para que continúen sus cuidados y mantenerlos una vez fuera del hospital a través de una comunicación fluida para que la pareja no experimente soledad o falta de apoyo cuando vuelvan a casa.

Además, y en sinergia con este programa, el trabajo de asociaciones como Pregran facilita que esos padres, sobre todo la madre, afronte este duelo de una manera más natural y sin tabúes.

Como dice Tamara Vílchez, la mariposa azul es el símbolo de las muertes en bebés prematuros o intrauterinos porque al principio se está “encerrado, haciendo un capullito, y cuando empezamos a elaborar el duelo nos convertimos en otra persona, en mariposa, y es cuando los sentimientos afloran y recuerdas a tu hijo con amor y puedes incluso ayudar a otros”.

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