El cementerio sólo tiene la relación de fusilados desde el 15 de marzo de 1939

Los datos que constan en el tomo de asientos parten veinte días antes de finalizar la guerra civil · Los funcionarios niegan que las páginas referentes al periodo más atroz hayan sido arrancadas

Los funcionarios investigan desde hace dos semanas los registros manuscritos del camposanto en uno de los departamentos de Emucesa.
Los funcionarios investigan desde hace dos semanas los registros manuscritos del camposanto en uno de los departamentos de Emucesa.
Elena Llompart / Granada

04 de octubre 2008 - 01:00

El registro de los fusilados que fueron enterrados en fosas comunes del cementerio municipal "parte del 15 de marzo de 1939". Tal y como aseguró el portavoz del equipo de gobierno local, Juan Antonio Mérida, existe información en las oficinas del camposanto de San José, si bien -según precisó ayer a este periódico el edil de Seguridad, Eduardo Moral- los datos que constan arrancan veinte días antes de que finalizara la guerra civil.

Por lo tanto, la espeluznante lista manuscrita con los 2.069 asesinados entre 1936 y 1938 que el periodista Eduardo Molina Fajardo transcribió y que el hispanista Ian Gibson tuvo en sus manos "no constan" en el camposanto. "Ni páginas arrancadas, ni hojas rotas". Una de las funcionarias de Emucesa aseguró ayer a este periódico que "simplemente esos datos no están en el cementerio". Su afirmación, por lo tanto, desmonta el argumento del hijo de Molina Fajardo, quien aseguró que las páginas del registro con el nombre de los fusilados en las fechas más crudas de la represión "fueron arrancadas en los años 70".

Molina González explicó que el tomo de asientos del cementerio estaba completo en los años setenta, cuando lo usó su padre para investigar la muerte de Lorca. Sin embargo, relató que el periodista, al cabo de unos meses, volvió al archivo del cementerio y descubrió que "las páginas referentes a los fusilamientos habían sido arrancadas". La identidad de la persona o personas que arrancaron las hojas del libro -en sus palabras- "no se sabrá nunca".

El hispanista Ian Gibson, sin embargo, sostiene que el libro "se hizo desaparecer" del camposanto en 1971, tras publicar su libro La muerte de García Lorca. A esta conclusión ha llegado también el historiador y vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada, Rafael Gil Bracero. En diversas ocasiones, ambos han enfatizado la diferencia entre "hacer desaparecer" y "desaparecer". La primera opción, claro está, alberga la esperanza de que el libro esté en alguna parte.

Su aparición permitiría cumplir en su totalidad el requerimiento que Garzón hizo al alcalde de la ciudad, José Torres Hurtado. El juez de la Audiencia Nacional ha solicitado al primer edil los nombres de las personas que fueron enterradas en fosas comunes a partir del 17 de julio de 1936, la fecha y las circunstancias en las que se produjeron los enterramientos y si estas muertes se hicieron constar en algún registro público. También ha pedido la fecha y lugar de nacimiento de estas personas, así como su residencia y filiación.

La información posterior a la guerra civil que consta en el cementerio está "custodiada". Se encuentra al fondo de las oficinas, en un hermético departamento al que los funcionarios impiden el paso. Protegida, vigilada y a salvo de cualquier intromisión, la información recopilada será enviada al juez Garzón "la próxima semana", según indicó Eduardo Moral.

Tanto el edil de seguridad como el portavoz del equipo de gobierno local rehusaron concretar la cifra obtenida, si bien confirmaron que "sí hay datos". En la investigación, según señalaron varias de las funcionarias, prácticamente ha trabajado "todo el personal" de las oficinas del camposanto, puesto que ha sido muy compleja y ardua.

Según explicaron, las ampliaciones del cementerio de San José han constituido el principal problema a la hora de cotejar los datos. Al respecto, Ian Gibson indica, en un apéndice de su obra La muerte de García Lorca, publicado en su primera edición en París en 1971, que cinco años después de su inhumación, "los restos se trasladaron al osario situado en el lado oeste del cementerio, cerca del antiguo emplazamiento del palacio árabe de Alixares".

Gibson cuenta, además, que Brenan visitó el lugar en 1949 y un sepulturero le enseñó las calaveras amontonadas en un pozo abierto, aunque "en 1965 los cuerpos exhumados ya habían sido enterrados bajo las nuevas capas de huesos y sudarios".

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