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Granada

En el colegio, como uno más

  • La idea de iluminar la Alhambra de azul cada 2 de abril nació en el centro Los Cármenes, que cuenta con un aula para niños con autismo

Esta semana les ha tocado hacer de periodistas. Los chicos, de dos en dos, se han acercado a conocer a Juan, a Marcelo y a Javi. Preguntan a su tutora, Carmen Casado, por qué mueven los brazos de esa manera, por qué corren sin motivo aparente, por qué necesitan tener su clase llena de dibujos, por qué a veces parece que no escuchan... por qué. Jugarán a ser redactores, harán preguntas. Carmen les responderá que Juan, Marcelo y Javi son niños con autismo. Primera puntualización. Son niños, como todos los demás, con las mismas necesidades, derechos, ganas de trabajar, y de jugar. El autismo les acompañará toda la vida, pero no les incapacita para estar en un colegio, aprender y esforzarse. "Son unos campeones", resume su tutora.

Carmen Casado lleva casi tres décadas dedicada a trabajar en Educación Especial, y los diez últimos en el aula de alumnos diagnosticados con Trastorno del Espectro Autista (TEA) en el colegio público Los Cármenes. Su trabajo es ayudar a sus alumnos a avanzar en el currículo de una forma personalizada, en la que se reflexiona sobre cómo hacer que el entorno -en aula, y el propio centro- ayude a que el alumno desarrolle sus capacidades, en las que se les respeta y, de camino, se sensibiliza al resto de la comunidad educativa sobre qué es el autismo. "Hay mucho desconocimiento", apunta Casado. "Se esfuerzan día a día, son nobles, valientes...".

"Trabajamos en que tengan habilidades y competencias a nivel comunicativo para que hagan frente a sus limitaciones". Se progresa con "paciencia, paciencia y paciencia", en un proceso "largo y complejo", en el que participa el resto del claustro y los compañeros del colegio. Marcelo, por ejemplo, asiste a Plástica, Educación Física y Música. Antes de la clase se le prepara. "Marcelo, hoy tendrás que escribir en la pizarra... lo que toque, se le dice antes". Es muy importante que ellos sepan en todo momento qué va a pasar. Van provistos de material adaptado -sus cuadernillos están cuajados de pictogramas y adaptados a sus habilidades académicas- y "si tiene que hacer un dictado, lo hará igual que el resto". "Tienen capacidad para aprender y pueden aprender de todo". Su trastorno viene de los problemas de comunicación, en la dificultad para las interacciones sociales y en la falta de flexibilidad.

Juan, de 5 años, el próximo curso pasará posiblemente a un aula con alumnado de su edad. "Con 4 años aprendió a escribir y a leer". Llegó al aula TEA con 3, una edad en la que algunos niños con este trastorno no tienen lenguaje -unos aprenderán a hablar, otros no- y "las palabras para ellos se las lleva el viento". Se trabaja con gestos, con dibujos. Y también se les saca del aula para que sean capaces de trabajar su autonomía. "Van a natación los lunes, a la piscina de La Chana, reciben equinoterapia, han ido a Sierra Nevada... el aula se queda pequeña".

Tanto el centro como los padres están involucrados en el trabajo que se desarrolla en el aula. "Los padres son sufridores, alumnos y luego también son maestros", explica Casado. Ellos llevan parte del trabajo y la metodología del aula a casa. La sensibilidad con estos alumnos ha calado en todo el centro. De hecho, la idea de iluminar la Alhambra de azul cada 2 de abril -Día Mundial para la Concienciación sobre el Autismo- nació del AMPA de este centro público.

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