Compañero del alma, compañero

Obituario

Fallece Juan Pérez, un luchador incansable: "Nos queda su ejemplo. Nos queda su compromiso"

Juan Pérez / G. H.

Granada amanece hoy más triste, más huérfana, más pequeña. Se ha ido Juan Pérez, y con él se apaga una de esas luces que no hacen ruido, pero que alumbran generaciones enteras. Un hombre en el buen sentido de la palabra bueno. Un luchador incansable. Una fuerza de la naturaleza cuya energía parecía inagotable, cuyo compromiso no conocía descanso.

Juan fue alguien comprometido desde que tuvo uso de razón. Comprometido con su gente, con su tiempo, con sus ideas. Siempre desde posiciones de izquierda, siempre desde la coherencia, siempre sin pedir nada a cambio. Creía en la justicia social como otros creen en el amanecer: con la certeza de que, por difícil que sea la noche, hay que trabajar para que llegue la luz. Y trabajó, vaya si trabajó.

Enamorado de la comunicación, hizo de la palabra y del micrófono una herramienta de transformación. Desde sus primeros pasos en Radio Juventud hasta su presencia en 7TV, pasando por Localia y las páginas y los micrófonos de La Voz de Granada, Juan entendió que comunicar no era solo informar, sino acompañar, remover conciencias, dar voz a quien no la tenía.

Su vocación no era una profesión: era una forma de estar en el mundo. Pero si algo definió su trayectoria fue su amor profundo por Granada y por su cultura. Fue uno de sus promotores más valientes, un agitador imprescindible, alguien capaz de tender puentes entre creadores, colectivos y ciudadanos.

Allí donde había una iniciativa cultural, allí estaba Juan. Y si no la había, la impulsaba. Creía en el poder transformador del arte, en la cultura como herramienta de dignidad y como espacio de encuentro. Su generosidad fue legendaria. Nunca negó ayuda a quien la pidió. Nunca dio la espalda a un proyecto ilusionante. Siempre encontraba tiempo, siempre encontraba palabras de aliento, siempre encontraba la manera de sumar. No entendía la vida de otra forma que no fuera compartida.

Con la marcha de Juan, Granada pierde a una persona insustituible. Pierde una conciencia crítica, un corazón inmenso, una voz firme y honesta. Pierde a alguien que no se conformaba, que no miraba hacia otro lado, que creía que el mundo — y su ciudad— podían y debían ser mejores.

Nos queda su ejemplo. Nos queda su compromiso. Nos queda la huella profunda de su bondad y de su lucha. Y nos queda, sobre todo, la responsabilidad de estar a la altura de lo que él nos enseñó: que vivir es comprometerse, que comunicar es servir, que la cultura es resistencia y que la generosidad es la forma más alta de la política.

Descansa en paz, Juan. Granada no te olvidará, porque como escribiera Miguel Hernández

"A las aladas almas de las rosas

Del almendro de nata te requiero

Que tenemos que hablar de muchas cosas

Compañero del alma, compañero"

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