Juan Manuel Jiménez Arenas | director de ProyectOrce

“Somos muy dependientes del entorno, lo vemos con el Covid-19, y antes lo eran más”

  • El equipo que excava en Orce afronta una nueva campaña en Barranco León y Fuente Nueva III con el objetivo de dibujar cómo era el clima y el entorno natural hace 1,5 millones de años

Juan Manuel Jiménez Arenas, en el Departamento de Predistoria y Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras. Juan Manuel Jiménez Arenas, en el Departamento de Predistoria y Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras.

Juan Manuel Jiménez Arenas, en el Departamento de Predistoria y Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras. / Antonio L. Juárez / Photographerssports

La ciencia no entiende de ilusiones. A pocas jornadas de que comience una nueva campaña en los excepcionales yacimientos de Orce, el director del proyecto, Juan Manuel Jiménez Arenas, va con tiento al hablar de encontrar restos de humanos, de industria lítica, de huesos tallados o de indicios de hogares. Sin embargo la voz (la entrevista es telefónica) adquiere un timbre que podría considerarse casi de entusiasmo cuando habla de huesos de reptiles o anfibios y de pólenes. Este año el objetivo es seguir los rastros que permitan bosquejar cómo era el clima y el hábitat en el Pleistoceno Inferior en Orce. Jiménez Arenas, director del Proyecto General de Investigación ProyectOrce desde 2017, es profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología y director del Instituto Universitario de la Paz y los Conflictos. El valor de Barranco León y Fuente Nueva III es inmenso, ya que aquí se han encontrado las primeras ocupaciones humanas del continente al menos en esta parte de Europa. Serán 25 investigadores en unas semanas de trabajo que se prevén excepcionales. Únicamente se ha reducido el número de voluntarios. “Aunque hemos reducido la cantidad, no lo haremos en calidad”. Orce es uno de los puntos clave para avanzar en la investigación sobre qué somos y de dónde venimos. Este enclave granadino es fuente de pasado desde los años 80, cuando se descubrió su potencial para la ciencia. Antes que llegaran los primeros investigadores del Instituto de Paleontología de Sabadell, en el 76, Tomás Serrano, dueño de las tierras donde está Venta Micena, “comentaba que había habló de piedras que se le asemejaban a huesos. Nadie le hizo demasiado caso”.

–¿Cómo va a ser la campaña?

–Por los protocolos seremos un equipo reducido. Por eso no vamos a Venta Micena. Dadas las circunstancias nos centramos en Barranco León y Fuente Nueva III. Con muchísima ilusión.

–¿Ilusión? ¿Qué esperan encontrar?

–Es una ilusión social, si no hubiese campaña en Orce es que la situación hubiese sido muy grave. Cuanta más normalidad, mejor. En ningún momento se ha cuestionado si hacerla o no hacerla. Ha habido apoyo de la Junta y de la Universidad. Somos pocas personas y hemos cambiado algunas actividades por otras. Eso va a redundar en más diversificación de tareas por un equipo más pequeño. Por ejemplo, vamos a tomar muestras en el entorno de Venta Micena. Para eso es necesario tres personas y es al aire libre. Se van a hacer sondeos mecánicos para hacer una lectura en vertical del entorno de Barranco León, algo que se hará en septiembre con un equipo reducido.

–Se va a buscar sobre todo pólenes...

–Sí, pero es muy raro encontrar pólenes en estos contexto. Queremos entender de una manera más profunda qué comían los animales de Orce, algo que se puede ver con la dentición.

–Los restos animales les ayudarán a determinar la flora...

–Cuando estudiamos los dientes vemos que se alimentaban de hoja, o de hierba, pero no podemos ir más allá. Necesitamos otras evidencias que de momento no han tenido protagonismo, como por ejemplo los pólenes. Que aparecen, bien. Sabemos que en Venta Micena va a haber fauna en un estado de conservación maravilloso, pero con el tema del polen el grado de incertidumbre es mayor, y eso hace que el trabajo sea más excitante. No sabes lo que te vas a encontrar.

–Otra pista serían los restos carbonizados...

–Hemos encontrado muy pequeños y en un estado de conservación lamentable. Contamos con un registro limitado. Eso exige que pongamos sobre la mesa todo el arsenal analítico para extraer toda la información a esos registros que, por su naturaleza, están sesgados. A partir de restos muy pequeños podemos hacer diferencias en el clima. Ocurre con los anfibios y reptiles. Los huesos son minúsculos, pero sabiendo la composición de anfibios y reptiles podemos saber cómo era el hábitat, si era más o menos húmedo o las temperaturas. Los mamíferos, los que vivían en Orce hace 1,5 millones de años, han desaparecido, pero los anfibios y reptiles sí siguen. Y eso nos permite establecer comparaciones. Vamos a seguir insistiendo para tener un dibujo lo más completo posible para entender por qué viven allí los homínidos, y por qué hay periodos en los que no viven.

–Años en blanco...

–En Venta Micena no tenemos ninguna evidencia, nosotros, que pueda considerarse humana. Lo lógico es que no hubo humanos ¿por qué? Ese es uno de los retos a los que nos enfrentamos.Quizá el clima fue demasiado seco, o frío. En Barranco León y Fuente Nueva, más recientes, sí hay presencia humana. No significa que hubiera unas condiciones muy concretas, porque tenían capacidad de adaptación, pero sí hay un umbral climático que, hacia arriba o hacia abajo, en el que los homínidos no estaban.

–Ese umbral puede ser bastante amplio. Nosotros podemos vivir en casi cualquier entorno...

–Pero hay que tener en cuenta que la tecnología de estos antepasados no tiene comparación con la actual. No conocían el fuego y eso imposibilita vivir en determinados climas.

–Anda que si encontramos hogares...

–No podemos plantear esas tesituras. Podemos trabajar en hipótesis, como en el tema del polen, pero no podemos decir 'mire, no encontramos polen de especies subtropicales, pero a lo mejor hay, aunque no las hemos encontrado'. Con el fuego pasa lo mismo. Ojalá encontráramos evidencias de fuego, pero no las hay y, si me apuras, ni se las espera. Estamos hablando de yacimientos de más de un millón de años. Los humanos eran una especie bien adaptada al medio, pero con unas limitaciones que si tuviéramos que vivir con esa tecnología no duraríamos ni dos telediarios.

–Sobre los permisos de la Junta, la que ahora comienza es la última concesión...

–Esta es la cuarta anualidad. Pensamos que estamos haciendo un buen trabajo y esperamos, si se desarrolla como cabe esperar, solicitar otro proyecto. Es un proyecto de futuro, con unos resultados excelentes y la idea que tenemos es la de consolidar. No es un proyecto personal, sino institucional, coordinado por la Universidad de Granada. Dentro de la apuesta de la Universidad por ser motor de desarrollo en la provincia, está el proyecto Orce.

–Está el niño de Orce y ¿cuántas humanidades?

–Tenemos un resto humano que ha sido consensuado por la comunidad científica internacional, el diente de Barranco León. El resto de evidencias que se han planteado como humanas son discutibles.

–Sí hay industria...

–Sí. Barranco León y Fuente Nueva III se pueden considerar los yacimientos más importantes desde el punto de vista de la industria lítica, de las piedras talladas, de todo el continente europeo, sin ninguna duda. Lo único que tenemos es Olduvayense, pero muy avanzado para la cronología que manejamos. Tenemos un elemento, subesferoides, que sólo aparece en Europa hasta una cronología muy posterior, lo que llamamos el Silicon Valley de la prehistoria. Esas piedras que denominados ‘futuristas’ tienen una estandarización muy superior a la de yacimientos de la época, y eso lleva a que los mapas mentales, el desarrollo cognitivo de estos habitantes, era al menos diferente al del resto de poblaciones del continente. Eso es lo que al menos podemos plantear.

–Encontrar restos supondría conocer más sobre los flujos de la humanidad desde África y su evolución.

–Nos tenemos que olvidar de la africanidad. Hasta hace dos años las evidencias apuntaban a que la primera salida de África se produjo hace 1,8 millones de años. En China, en Shang Chen, se han encontrado restos de 2,1 millones de años. La historia asiática puede ser muy interesante. Nadie, o al menos yo, cuestiona que la cuna de la humanidad está en África. ¿Cómo es el desarrollo de esa salida de África? Parece que no está tan relacionada con Europa. No trabajamos con verdades absolutas ni cerradas. Un hallazgo nuevo hace que nos tengamos que replantear nuestras hipótesis. Durante un tiempo, de manera consistente, se volcó en el tema de la relación con África. Se encuentran nuevos yacimientos y se añaden nuevos elementos a la discusión, y eso es Asia. Homo proviene de África, eso es incuestionable, pero la historia es más compleja. Cuando salen de África tenemos 700.000 hasta que los encontramos aquí. Y 700.000 años son una pimporrá de años. Pongamos que vivían 35 años... eso son 20.000 generaciones. ¿Sabemos lo que son 20.000 generaciones? Es algo que se escapa de nuestra capacidad de entender el tiempo. El tiempo no es para nosotros algo absoluto, sino algo caracterizado. Cuando pensamos en un millón de años pensamos en cómo se relacionaban con el medio, en unas condiciones climáticas, en una geografía, en el lago, en una fauna exuberante, que en lugar de esparto nos encontramos con zonas arboladas en un porcentaje significativo...

–Un millón y medio de años da para muchas relaciones.

–Somos muy dependientes del entorno, lo vemos con el Covid. Y antes lo eran más.

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