Dos estilos para una Universidad pública
Los dos candidatos buscaron ayer rodearse del máximo de apoyos para poner fin al duelo electoral por el Rectorado de la UGR La campaña ha tenido momentos de alta tensión
Las dificultades que atraviesa la Universidad pública y la de Granada en particular, debido sobre todo a los recortes económicos y a los vaivenes políticos, han tenido su reflejo en la campaña electoral para el Rectorado de la UGR, que puso ayer su punto y final antes de la jornada decisiva de mañana.
Los dos candidatos han disputado una campaña dura, con reproches directos graves de los protagonistas y una batalla interna entre correlegionarios bastante cruenta. La catedrática de Fisiología Pilar Aranda y el decano de Medicina, Indalecio Sánchez-Montesinos, no representan dos modelos especialmente distintos de concebir la Universidad y su futuro. Sus objetivos prioritarios son incluso comunes: mantener el sistema público, el libre acceso a la institución sin restricciones económicas (apoyo al sistema de becas), el incremento y la estabilización de la plantilla docente y de investigadores, una reorganización de los edificios de la UGR...
Ambos han presentado programas que, sin ser iguales, serían hasta compatibles si, como ocurre en la política ahora, se tratara de dos fuerzas obligadas a pactar. Ofrecen casi las mismas cosas a los estudiantes (gratuidad del certificado de inglés B1, cambio en las normas de permanencia, becas...)
Pero los dos candidatos representan dos estilos muy diferentes, dos trayectorias distanciadas y gozan de apoyos antagónicos. Y eso se ha palpado durante la campaña. Los meses anteriores han sido una larga toma de posiciones y preparación que eclosionó el pasado 7 de mayo, cuando ambos aspirantes al Rectorado acudieron al Hospital Real para presentar sus candidaturas formalmente.
La batalla interna se hizo pública en aquel momento, cuando Sánchez-Montesinos inició su denuncia del "régimen de poder". El candidato se ha presentado como un "renovador" de la UGR y parte de su discurso ha consistido en hacer ver que su oponente simbolizaba la continuación del Gobierno actual de Francisco González Lodeiro.
Durante los primeros días, el decano de Medicina fundamentó sus intervenciones en la crítica del sistema actual de la UGR, la denuncia de los cargos intermedios nombrados y mantenidos por el actual Gobierno universitario.
Por su parte, Pilar Aranda, parecía centrada en sus propuestas y las duras críticas las reservaba para las decisiones políticas adoptadas en los últimos años por el Gobierno central, que han tenido graves consecuencias para la plantilla de la UGR, muy mermada por la escasa tasa de reposición. También manifestó su rechazo al sistema de 3 años de grado y 2 de máster, al menos con precios desiguales. Aunque en estos puntos también coincidía con Sánchez-Montesinos.
Su tarea seguía centrada en reunirse con todos los sectores, escuelas, centros y grupos para ir tomando información de sus demandas y recabar apoyos paso a paso.
Pero llegó el primer debate electoral entre ambos candidatos y la tensión se hizo patente. Sánchez-Montesinos endureció aún más su discurso y habló de "falta de libertad para votar" y de "coacciones". Aranda le plantó cara y le reprochó el intento de demolición de una institución para cuya democratización ella luchó hace muchos años, aludiendo a su lado progresista, frente al de su oponente.
Después de aquella subida de tensión, ambos candidatos han dado un manifiesto paso atrás y las tensiones de la última semana han quedado para los equipos de campaña, que han librado batallas en las redes sociales y hasta en la programación (y contraprogramación) de actos de campaña.
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