Ayer y hoy

La explosión de septiembre en la Alhambra

  • La Alhambra no olvida que vive de milagro

  • Han pasado 207 años, pero no está mal recordar en septiembre la conocida hazaña del cabo Pepe García a los jóvenes lectores de Granada Hoy

Plano de la Alhambra. Plano de la Alhambra.

Plano de la Alhambra. / J.L.D.

"¡Madre mía de las Angustias! –exclamó el cabo Pepe– ¡Si no llego a tiempo esa noche, no queda soñación de la Alhambra, ni tanto así de Granada!" Dicen que dijo el cabo José García en la trágica noche granadina del 15 al 16 de septiembre de 1812. Es difícil saber cuánto hay de cierto en estos relatos cuando el protagonista es un simple soldado, por magnífica que sea la hazaña. Los documentos recogen antes los hechos protagonizados por reyes y papas, duques y marqueses, porque se movían generalmente acompañados de cronistas oficiales; sí sabemos que, expulsados los franceses de Granada en septiembre de 1812, quisieron dejar un inolvidable souvenir instalando en las torres de la Alhambra mechas con pólvora para su total destrucción. (Ver mi artículo Homenaje al cabo Pepe García. Ideal. 30/12/1995). Hace 25 años que escribimos aquello, pero no está mal recordarlo de nuevo a los jóvenes lectores de Granada Hoy.

Muro de la Alcazaba con la placa en homenaje a José García. Muro de la Alcazaba con la placa en homenaje a José García.

Muro de la Alcazaba con la placa en homenaje a José García. / J.L.D.

Ya antes, según refiere el cronista Francisco de P. Valladar, habían destrozado los franceses parte del sistema de conducción y elevación de aguas para hacer un gran foso y una plaza de armas. Y cuando venían huyendo del resto de Andalucía, obsequiaron con 500 bombas a los habitantes de la bahía de Cádiz; menos mal que “con las bombas que tiran los fanfarrones, se hicieron las gaditanas tirabuzones”. Hubiéramos preferido que los franceses nos hubieran dejado mejor su concepto de libertad e igualdad.

Pero en Granada, lo de aquella noche de septiembre pudo ser una gran catástrofe; Lafuente dice que volaron varios torreones del Generalife; y Washington Irving, en sus Cuentos, nos narra que “los franceses al retirarse, volaron algunas torres de la muralla exterior y apenas dejaron defendibles las fortificaciones”. Todo, además de llevarse un enorme botín y arrestar en su huida como rehenes a treinta notables granadinos, incluidas algunas señoras a modo de escudos humanos. La población de la Alhambra se vio diezmada a partir de la visita francesa, según recoge el Padrón de 1819, y ya no llegaría a recuperarse jamás.

Torres de la Alcazaba. Torres de la Alcazaba.

Torres de la Alcazaba. / J.L.D.

La noche anterior habían quemado los almacenes de víveres cuando Granada entera se moría de hambre. Un bando francés prohibió salir a las gentes a la calle; se iluminó la ciudad, se ordenó a los músicos tocar marchas militares para mitigar el ruido de las explosiones de la pólvora colocada en los torreones de la Alhambra.

No estamos seguros de haber homenajeado debidamente a aquel José García que, casi en el anonimato y tal vez en la leyenda, arriesgó su vida para cortar las mechas, debiendo pasar a la Historia como un auténtico héroe nacional. Su final fue triste; sumido en la miseria, murió de cólera en la epidemia de 1834.

Hoy nos recuerda la gesta una placa de mármol en el acceso a la Alcazaba, dedicada a este veterano del Cuerpo de Inválidos; eran mutilados de guerra que, desde mayo de 1752 en tiempos de Fernando VI, sustituyeron a la guarnición que venía custodiando la Alhambra. El Cuerpo fue creado en 1732 por Felipe V que lo dividió en Inválidos útiles e inútiles; su misión era la custodia de los Reales Sitios. El cabo García resultó sin duda ser un inválido utilísimo, estando en el lugar y en el momento oportunos, aunque no era esta la característica más común entre los vigilantes, ya que todos vivían en Granada y tenían bastante abandonada la fortaleza. Y es que la Alhambra vive de milagro. Por culpa de la explosión de un polvorín situado en el valle del Darro, a finales del siglo XVI, la Torre de Comares a poco desaparece; y el pavoroso incendio de 1890 en la Sala de la Barca por poco acaba con el maravilloso Salón del Trono. Cuidemos la Alhambra y ¡ojo a los incendios! no sea que, para preservarla, la quieran trasladar a Sevilla. Por cierto. ¿Sigue nuestra Dama de Baza en Madrid?

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