El ganado vacuno en la publicidad
Desde el Toro de Osborne del gaditano Manolo Prieto, a la vaca del sex shop de la Placeta de Cauchiles y al toro de la calle Mesones, el ganado vacuno se utiliza como reclamo publicitario.Los empresarios siempre han utilizado reclamos para atraer al mayor público posible · En España la figura del toro se ha convertido en un icono que la publicidad usa para vender productos dispares
La historia del reclamo de ventas es antiquísima. Se solían colocar en la entrada del negocio algunas mercancías de las que se vendían dentro. Y como la gente apenas sabía leer, lo suyo era exhibir imágenes, objetos acabados o dibujos que evidenciaran de qué iba el asunto.
En Pompeya, después de lo del volcán, se encontraron en algunas puertas de casas de lenocidio pinturas de penes en erección señalando la entrada. Hoy en los accesos a las ciudades es frecuente ver de noche luminosos multicolores con figuras de conejitos que guiñan, piernas femeninas que suben y bajan o labios muy rojos en pose de beso intermitente. No sé bien lo que se vende dentro, pero me lo imagino.
Los granadinos más mayores recodarán el magnífico candado de la calle Mesones que anunciaba una ferretería de igual nombre; lo mismo hacía La Llave de Oro colocando una enorme llave; o Calzados Salas con un gran zapato en la puerta. Era una popular zapatería que la conocíamos por el sobrenombre de El Alpargatón. Un gran Longines anunciaba una relojería en el Zacatín; un caballo disecado en la calle Mesones nos ponía frente a un comercio de artículos de caza y jaeces ecuestres, y un escaparate en forma de gafas en la calle Reyes advertía de forma elocuente que estábamos en una óptica. Había muchos ejemplos.
Hoy quedan pocos de ese estilo: el Gambrinus, Juan Primus, inventor de la cerveza de malta, de la Carrera del Darro exhibe una espumosa jarra de Cruzcampo y luce orgulloso su espléndida barriguilla cervecera. El gracioso muñeco de Recogidas está claro que abusa del azúcar porque anuncia con su barrigón el regaliz y otras golosinas.
Sin embargo hoy paseando por las calles de Granada me confunden algunos reclamos. En una tienda de ropa joven situada en la calle Escuelas, junto a la Facultad de Derecho, un monstruoso maniquí metálico nos sobrecoge para recordarnos, aunque nada tiene que ver, que aquello es un ropero.
TOROS Y VACAS
Desde que Manolo Prieto Benítez, gaditano del Puerto de Santa María, creara aquella silueta de más de 14 metros de altura con el popular Toro de Osborne en 1956, parece que el atractivo publicitario del ganado vacuno en España da resultado. De hecho este toro forma ya parte del patrimonio histórico casi al mismo nivel que los Toros de Guisando que el pueblo vetón esculpió en la provincia de Ávila.
Una céntrica tienda de souvenirs y productos de artesanía granadina situada en la calle López Rubio entre Zacatín y Reyes Católicos, exhibe en su escaparate un toro bravo de tamaño natural. Está bien. El turista sigue identificando la España cañí con los toros, la fiesta nacional, las pinturas de Goya y los esquemas de Picasso. El toro disecado parece que funciona y el turista entra aunque sea para hacerse la foto.
Una taberna de solera ubicada en un precioso patio interior de la calle Mesones nos recibe con una escultura en bronce de otro toro espectacular. No es precisamente el rabo de toro la especialidad de la casa, pero resulta agradable sentarse junto a la res sabiendo que por lo menos no serán sus cuernos los que a la hora de pedir la nota te claven.
Pero la que me resulta más desconcertante es esa improvisada vaquita albinegra de hermosas ubres que en la Placeta de Cauchiles, junto a la calle Mesones, nos anuncia no sé por qué un negocio de sex shop. La relación de una vaca con objetos estimulantes y divertidos para el juego sexual no la acabo de entender; lo que me demuestra que a pesar de mis años tengo que seguir estudiando.
Es verdad que cuernos y ubres han tenido desde siempre ciertas connotaciones sexuales. Pero puestos a elegir hubiera dado igual la silueta de un toro, de una vaca o de la "hermosa" y nuevamente corregida y aumentada Yola Berrocal.
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