El Genil alcanza niveles equivalentes a periodos de retorno de 100 años en Dúdar y 500 en Quéntar tras el temporal

Un informe de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir recoge daños en carreteras y obras de drenaje transversal especialmente relevantes Benalúa de las Villas, Riofrío y Salar

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Imagen de las recientes inundaciones en el entorno de Dúdar.
Imagen de las recientes inundaciones en el entorno de Dúdar. / Álvaro Barbero / PicWild

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha concluido un primer informe técnico sobre el impacto del tren de borrascas registrado entre finales de enero y la primera mitad de febrero de 2026 en la Demarcación Hidrográfica del Guadalquivir. El documento ha analizado las afecciones producidas por las borrascas y ha confirmado que el episodio se ha situado, en términos generales, en un escenario hidrológico equiparable a un periodo de retorno T10 –Periodo de Retorno de diez años– con caudales comparables a los grandes episodios de 2010 y 2013 en determinados puntos de la cuenca. En concreto, en los municipios granadinos de Loja, Dúdar y Quéntar, la crecida del río Genil y Aguas Blancas superaron claramente la envolvente T10, alcanzando caudales extraordinarios que situaron su impacto en un escenario superior, produciendo afecciones similares a un periodo de retorno de cien años en Dúdar y cercana a 500 años en Quéntar.

Según ha indicado la CHG en una nota, el informe ha recogido también daños en más de una veintena de carreteras y obras de drenaje transversal, con afecciones especialmente relevantes en Benalúa de las Villas, Ríofrío, Salar, todas en la provincia de Granada, y otros puntos donde las infraestructuras quedan parcial o totalmente inutilizadas por la fuerza del agua.

Entre las vías afectadas figuran la A-4026, la GR-4400, la SE-9225, la CO-4207 o la JA-3200, además de numerosos caminos rurales y accesos agrícolas que sufren erosiones, socavones y pérdida de plataforma. En algunos tramos, como en la GR-4400 o la JA-3200, el agua llegó a comprometer la estabilidad de los terraplenes y a colapsar obras de drenaje, lo que obligó a cortes prolongados y a la ejecución de actuaciones de emergencia.

En cuanto a la población expuesta, la entidad hidrográfica ha indicado que se han afectado un total de 60 municipios y el documento incorpora la tabla oficial de estimación incluida en los Mapas de Peligrosidad y Riesgo de Inundación (Mapri), donde la CHG cruza los resultados de los modelos hidráulicos con datos de población, edificaciones y usos del suelo.

Esa tabla identifica, para cada las Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (Arpsi), cuántas personas quedarían dentro del área inundable en distintos escenarios de probabilidad. Durante este periodo de borrascas las imágenes satelitales de Copernicus han confirmado que la mayoría de las inundaciones registradas en el Guadalquivir y el Genil se ajustaron a un escenario equivalente al periodo de retorno T10, es decir, una crecida prevista estadísticamente cada diez años.

Municipios como Córdoba, Andújar (Jaén), Palma del Río (Córdoba), Lora del Río (Sevilla), Villanueva de la Reina (Jaén) o la Vega de Granada mostraron patrones de inundación prácticamente idénticos a los modelizados para ese nivel.

Los municipios granadinos de Loja, Dúdar y Quéntar destacaron como excepción: la crecida del río Genil y Aguas Blancas superaron claramente la envolvente T10, alcanzando caudales extraordinarios que situaron su impacto en un escenario superior, produciendo afecciones similares a un periodo de retorno de cien años en Dúdar y cercana a 500 años en Quéntar.

De este modo, en gran parte de la cuenca, el episodio dejó una huella homogénea, con desbordamientos amplios pero dentro de los márgenes previstos para un T10, salvo las diversas excepciones comentadas. A partir de este primer análisis, la CHG ha subrayado que la gestión del riesgo de inundación no se limita a actuar durante la emergencia.

El organismo ha señalado que su labor comienza mucho antes, cuando los modelos meteorológicos anticipan un temporal y se activan los protocolos de laminación de presas para disponer de capacidad suficiente que permita amortiguar las avenidas. Esa anticipación, que pasa desapercibida para la mayoría, resulta clave para reducir daños aguas abajo.

Y continúa después, cuando el agua se retira y comienza un trabajo menos visible pero decisivo: evaluar daños, reparar infraestructuras y estudiar en profundidad qué ocurrió para mejorar la respuesta futura. En este punto cobran especial relevancia los MAPRI, los Mapas de Peligrosidad y Riesgo de Inundación que elabora la CHG en cumplimiento de la Directiva Europea 2007/60/CE.

Estos mapas, integrados en el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables, permiten identificar con precisión qué zonas pueden inundarse, con qué profundidad, con qué velocidad y qué daños potenciales podrían producirse.

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