De la gran decepción a la gran alegría hace 30 años: del aplazamiento a la celebración de los Mundiales de Esquí Alpino en Sierra Nevada

Si en 2025 se han cumplido 30 años de la suspensión del Mundial de Esquí de Sierra Nevada, en 2026 se celebrará efeméride de la celebración de una competición que fue todo un éxito

Cetursa: la conmemoración de una efeméride para recordar el pasado y mirar al futuro

Ambientazo en Sierra Nevada durante la celebración de los Mundiales de Esquí celebrados en Sierra Nevada en febrero de 1996. / Archivo
Pablo Quílez

08 de febrero 2026 - 06:45

Para muchos 30 años es un mundo. Para otros, no son nada. Para los que lo vivieron, un recuerdo inolvidable de lo que se vivió con mucha expectación: primero, con la mirada puesta en el cielo durante días y días desde finales de 1994 y el mes de enero de 1995; y un año después, entre el 12 y el 25 de febrero de 1996, con los cinco sentidos puestos en lo que ocurría en Sierra Nevada.

El acontecimiento que centró y aún centra tanta atención:los Mundiales de Esquí Alpino que se iban a disputar en Sierra Nevada en 1995 y no se celebraron por falta de nieve y que finalmente se celebraron en 1996, con mucho éxito... y mucha nieve, por cierto.

La historia de los Mundiales de Esquí en Sierra Nevada comenzó en 1990, hace algo más de 35 años, cuando el congreso de la Federación Internacional de Esquí (FIS), celebrado aquel año en la localidad suiza de Montreux, cuando se dio luz verde a la por muchos considerada osada candidatura presentada por la estación de esquí más meridional de Europa.

Los granadinos celebraron en la Plaza del Carmen la designación de Sierra Nevada como sede de los Mundiales de Esquí Alpino en 1995. / Archivo

La designación puso a Sierra Nevada en el mapa del mundo del esquí. Fue, sin duda, un gran impulso a la estación, donde se trabajó a destajo durante un lustro para que todo estuviera a punto el 29 de enero de 1995. Todo estaba atado y bien atado, salvo lo que no se puede atar: la meteorología. Ese año, justo ese año, parafraseando a Joaquín Sabina, va el tiempo y no se pone de tu parte. Los días previos a la fecha señalada fueron un sinvivir para los organizadores y para todos los granadinos, que por entonces veían como el principal evento que iba a acoger Granada desde que los Reyes Católicos tomaron la ciudad el 2 de enero de 1492.

Compás de espera

Los días que pasaron desde finales de noviembre de 1994 hasta bien avanzado enero de 1995 se hicieron interminables, desesperantes, exasperantes. Las jornadas transcurrían un día sí y otro también con la imagen de Sierra Nevada pelada. Increíble pero cierto. Nadie recordaba una escena parecida y, de hecho, no se ha vuelto a repetir: la ausencia absoluta de nieve natural, ni una nevada de esas que al menos una se produce cada temporada. La única nieve que había era la que producían los cañones. La imagen que se proyectaba era dantesca. Además, los partes meteorológicos lo más que invitaban era a llantera. Sobre todo cuando a punto de entrar en la semana definitiva se puso todas las esperanzas en una borrasca... y en otro frente que lo único descargaron fueron decepciones. La suerte estaba echada. La mala suerte, más bien, porque ya es mala suerte que el año que otorgan a Sierra Nevada la organización de unos Mundiales coincida con una de las sequías más severas que se vivieron el pasado siglo.

Tras estudiar varias alternativas, todas imposibles ante la ausencia de nieve, se tomaba ya en serio que la competición deportiva no se iba a celebrar.

Aplazamiento

Entonces, se empezó a pensar en otra misión imposible, sobre todo porque no había ocurrido nunca:cambiar la temida palabra ‘suspensión’ por la esperanzadora ‘aplazamiento’. En esta gestión se hizo grande la figura de Jerónimo Páez, consejero delegado de Cetursa y principal impulsor de la estación y de la apuesta por hace de Sierra Nevada una estación de referencia. El rey Juan Carlos y Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del COI, intermediaron ante los jerifaltes de la FIS, que finalmente valoraron que el gran esfuerzo y la inversión que se había realizado en Granada no podía caer en un saco roto.

A pesar de suspenderse el Mundial, el rey don Juan Carlos vino a Granada a dar ánimo a los trabajadores de Cetursa. / Archivo

Costó Dios y ayuda, pero ya sea por habilidad de los negociantes o por la manifiesta cabezonería española, el caso es que el 26 de enero, tres días antes de la nonata inauguración de los Mundiales de Esquí de 1995, se comunicó que habría que esperar un año, hasta febrero de 1996, para que Sierra Nevada ofreciera su mejor cara a todo el mundo. El resoplido de alivio que dieron miles y miles de granadinos, empezando por los responsables del comité organizador y los trabajadores de la estación, debió lo más parecido a una onda expansiva.

La gran nevada

Increíble pero cierto. Hace 30 años en Sierra Nevada cayó nieve para dar y tomar. Como si se hubieran juntado la que no cayó una año antes y la del año propio. Incluso, más de uno bromeaba mostrando su temor a que volvieran a suspender los Mundiales de Esquí Alpino, esta vez ¡por exceso de nieve!

¡Como cambió el cuento en 2026! En menos de dos meses, el 11 de febrero, se conmemorará el trigésimo aniversario de la inauguración de los XXXIII Mundiales de Esquí Alpino en el Nuevo Los Cármenes, por entonces, novísimo. En las gradas, más de 12.000 espectadores y todas las autoridades del país desde el rey Juan Carlos y la familia real al entonces alcalde de Granada, Gabriel Díaz Berbel, pasando por Felipe González, aún presidente de España, y Manuel Chaves, presidente de la Junta. El espectáculo, en el que se homenajeó a las tres culturas (íberos, árabes y cristianos) con el universo lorquiano y el flamenco muy presentes durante una ceremonia, tuvo como telón de fondo la imagen, transmitida a todo el mundo, de un macizo granadino con nieve a reventar.

‘Bombazos’

Y con ‘sobredosis’ de nieve ¡por fin! comenzó la competición, eso sí, con un año de retraso sobre el ‘horario’ inicialmente previsto. Se dejó a hablar del tiempo y los tiempos de los esquiadores tomaron posiciones en la línea de salida informativa. En la ‘pole’, Alberto Tomba, conocido como La Bomba, que se hizo con el protagonismo: primero, en el ámbito deportivo por su dominio en las pistas, y segundo, por su verborrea que le hizo ganarse la antipatía inicial de los granadinos tras, en un tono despectivo, haber situado a Sierra Nevada en el norte de África. Su llegada al Aeropuerto de Granada (entonces Jaén no pintaba nada en su denominación), ya comenzada la competición, fue todo un acontecimiento. La parafernalia que se montó en el aeródromo granadino fue más propia de un personaje de la farándula que de un deportista. La simpatía del italiano hizo que pronto se hiciera perdonar y nada más bajarse del avión dejó clara su intención:“Vengo a ganar dos medallas de oro”.

Para la historia particular de los Mundiales de Esquí Alpino de Sierra Nevada quedó el nombre de la italiana Isolde Kostner, que consiguió el primer oro de la competición al imponerse en el supergigante femenino. En hombres, se impuso el noruego Atle Skardal. La espectacularidad del descenso se dilucidó con los triunfos de Patrik Orlieb (Austria) y Picabo Street (EEUU).

Alberto Tomba durante su descenso. / Juan Ortiz

Sin duda, los Mundiales de Sierra Nevada fueron los de Tomba. El transalpino hizo honor a su promesa y se colgó dos oros. El 23 de febrero subió a lo más alto del cajón en el eslalom gigante y dos días después hizo lo propio en el eslalon. Además de ganar las dos preseas doradas, cuentan que también reinó por la noche en la estación granadina. Un triunfador en toda regla.

Clausura

Lo que un año antes parecía una misión imposible, el 25 de febrero de 1996 se echó el cierre a un Mundial que aún forma parte de la historia de Granada y de la historia deportiva de España, pues ni antes ni después ninguna estación de esquí española ha gozado de la distinción de ser sede mundialista de esquí alpino. La ceremonia de clausura puso el colofón a un larguísimo recorrido que comenzó con la designación en mayo de 1990 y que duró un año más de lo previsto tras superar una crisis mayúscula provocada por lo único que no se podía controlar: la meteorología.

La importancia del Mundial fue de vital importancia para la estación de esquí granadina. Por un lado, las inversiones modernizaron las infraestructuras, también en Granada, y por otro, Sierra Nevada se colocó con letras de oro en el mapa del esquí mundial. Tal es así que uno de los grandes responsables, sino el que más, del evento, Jerónimo Páez, hace pocos meses declaró de forma contundente: “Si no hubiera sido por el Mundial no existiría Sierra Nevada”.

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