Historias granadinas

Granada y su amor por los forasteros

  • “Quédate en Granada y te hacemos alcalde o diputado o rector”. Curiosa carta del periodista Ruiz Carnero. “¿El niño de la María, director?¡Cuchi! Imposible, pero si ese es de mi barrio.

Granada y su amor por los forasteros Granada y su amor por los forasteros

Granada y su amor por los forasteros

Está tristemente de moda el tema de la llamada turismofobia. Espero que, aunque la World Travel Market da para Andalucía resultados positivos, no nos afecte porque como nos quiten el turismo tendremos que volver a plantar remolacha en la vega o moreras para los gusanos de seda como hicieron los moriscos.

Andrés Segovia, Candi, González Lodeiro y Jara Andreu. Andrés Segovia, Candi, González Lodeiro y Jara Andreu.

Andrés Segovia, Candi, González Lodeiro y Jara Andreu. / R. G.

Y si encima dicen que los granadinos somos cerrados, tacaños y además con malafollá…

No es cierto; estas lindezas las encontramos igual en Pontevedra que en Bombay.

La realidad es que somos muy acogedores, sobre todo con los que vienen de fuera; tal vez nos impresionan los acentos castellanos sobrados de eses o los que hablan en “franchute” y al no entenderlos bien creemos que son más listos.

Y por ello abrimos las puertas antes a uno de Ohio o de Lyon que a otro de Albolote o de Albondón y mucho menos si vive en el barrio o es vecino de tu bloque.

Washington Irving, Manuel de Falla, Luis Oruezábal y Joaquina Eguaras. Washington Irving, Manuel de Falla, Luis Oruezábal y Joaquina Eguaras.

Washington Irving, Manuel de Falla, Luis Oruezábal y Joaquina Eguaras.

También es verdad que algunos forasteros nos han enriquecido y bien que lo agradecemos.

Esto escribía Ruiz Carnero, bajo el seudónimo de Constancio, en El Defensor de Granada en 1933: “En cierta ocasión se reunió la Junta Directiva de una sociedad cultural para debatir el tema de su situación económica que estaba en bancarrota. Había que buscar nuevos colaboradores porque los cargos habidos hasta ahora eran ineptos. Entonces uno de los directivos planteó el tema fundamental: la culpa de todo está en la manía que tenemos los granadinos de elevar a los cargos más altos a los forasteros. Hemos tenido cuatro presidentes; uno de Toledo, otro de Valladolid, otro de Asturias… y menos mal que el último era de Montefrío ¡Menos mal! Se trata de una extraña manía que se ha convertido en costumbre. El granadino es muy generoso; quiere que el forastero se encuentre extraordinariamente bien ofreciéndole hidalga hospitalidad. Es entonces cuando el turista maravillado de Granada se queda un mes cuando venía para tres días, pero va descubriendo magníficas oportunidades, porque el granadino muy amable le insiste “¡No se marche usted! ¡Quédese unos días, hombre! Aquí se vive muy bien, le haremos alcalde, o si lo prefiere le daremos un acta de diputado”.

Fernando de los Ríos, Andrés Manjón, Fray Leopoldo y Mayor Zaragoza Fernando de los Ríos, Andrés Manjón, Fray Leopoldo y Mayor Zaragoza

Fernando de los Ríos, Andrés Manjón, Fray Leopoldo y Mayor Zaragoza

El forastero sorprendido encuentra que aquí la vida es fácil y que los granadinos son muy amables. Es entonces cuando pasa a presidir las sociedades de mayor prestigio, será elevado a los cargos públicos de mayor autoridad y ostentará la investidura de las representaciones populares.

¡Granada es una maravilla! Repetirá mil veces a sus amigos. Por eso no es raro que al llegar la hora de unas elecciones parlamentarias acudan a nuestra ciudad los turistas políticos para ganar un acta porque hay que ver lo bien que hablan con tantas eses.

Les resultará tan fácil a ellos como difícil para el granadino. Porque cuando un granadino pretende tal cosa no faltan alrededor comentaristas que se quedan perplejos. ¡Es asombroso! ¡Pues, no resulta ahora que Fulano quiere un acta de diputado!...¡Imposible!”.

Esto decía el periodista, maestro de la ironía, en una de sus columnas habituales escrita hace más de 80 años y ya parece que las cosas no son iguales, pero llevaba razón porque la astucia de muchos forasteros listillos que, aprovechando la ignorancia paleta de los granadinos, han sido encumbrados a los altos puestos de la vida social, económica, política, universitaria, deportiva...

Y eso ha sido la causa no solo de tremendos fracasos de gestión sino del aislamiento, cuando no del exilio, de muchos inteligentes granadinos que no fueron reconocidos en casa porque resultaba difícil ser profeta en tierra propia. Todavía recuerdo este castizo comentario entre dos paisanos en Puerta Real: – ¿Sabes que al niño de la María lo van a hacer director? -¿A quién? ¿A ese? ¡Cuchi! Pero si a ese lo conozco yo desde chico y es de mi barrio.

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