Ayer y hoy

Otros incendios en Granada

  • En 1843 arde la Alcaicería; en el 76 la Plaza de Toros y en el 90 la Sala de la Barca, pero hubo otros incendios

  • Modesto homenaje al Cuerpo de Bomberos en su bicentenario (1821-2021)

Incendios en las calles de Granada Incendios en las calles de Granada

Incendios en las calles de Granada / J. L. D.

Estos son los incendios más conocidos del siglo XIX y de ellos ya hemos hablado. (Ver, entre otros, mi artículo La Casa de los Miradores, en Granada Hoy, 2016) pero hubo otros que pusieron en peligro a la ciudad, y hasta con muertos y heridos: en 1845 ardió la Compañía de Industria y Comercio; en 1809 había ardido una manzana entera del centro; y no fueron menos catastróficos los de la calle San Juan de los Reyes en 1825 y un año después el de la calle Montalbán. Pero los más dramáticos fueron los de 1882 de la calle San Matías, calle Capuchinas y calle del Estribo; en 1883 el de la calle Méndez Núñez (hoy Reyes Católicos) y en 1888 el de la pastelería de Cristóbal López, casado con Dolores Mezquita, situada en Puerta Real.

Estos otros incendios menos conocidos fueron también dramáticos por cuanto afectaron más a personas que al patrimonio urbanístico. El 3 de febrero de 1882 hubo un voraz incendio en el nº 2 de la calle San Matías, en el almacén de ultramarinos regentado por el señor Granizo y su esposa Angustias, padres de 8 hijos. A las dos de la madrugada el sereno avisó con su pito el incendio de la casa afectada; se alarmaron los vecinos, tocaron las campanas de la iglesia, pero la familia quedaba dentro dormida; al final pudieron salir los padres y cuatro de los hijos, muriendo precisamente tres hijas y el pequeño, además de resultar heridos varios bomberos, mandados entonces por Antonio J. Afán de Ribera. El incendio afectó a la casa del Sr. Godoy y Rico, catedrático de Medicina, que pudo salvar algunos de sus enseres, pero olvidó el cajón del dinero y las joyas y en el que guardaba el borrador de una de sus obras en la que llevaba trabajando cinco años.

Miranda y el incendio del Generalife (1958) Miranda y el incendio del Generalife (1958)

Miranda y el incendio del Generalife (1958) / J. L. D.

Mes funesto y eso que solo tenía 28 días. Pues el último fue trágico. Ardieron a las 8 de la mañana unos almacenes de la calle Capuchinas, cerca de la Catedral. Entre las autoridades que asistieron estaba el arquitecto municipal Díaz Losada dirigiendo las obras e intentando apagar el fuego a cubos, puesto que también pertenecía a la institución de Bomberos y Zapadores. En uno de los intentos se desplomó la techumbre cayendo sobre el arquitecto. Con fractura de cráneo y costillas resultó cadáver, a pesar de los numerosos intentos de reanimación. Su muerte produjo una profunda desolación en la ciudad.

Unos meses después ardieron 9 casas de las calles del Estribo y Zacatín al estallar el contador del gas donde tenía su fábrica de sombreros el señor Ruiz Gómez. El hecho de que hubiera algunas averías en el suministro de agua para los bomberos fue la causa de que el fuego se extendiera hasta el Zacatín, dejando en la ruina a varios comerciantes y malheridos a algunos bomberos; no hubo víctimas mortales.

Escudos y reglamento Escudos y reglamento

Escudos y reglamento / J. L. D.

Incendio en la pastelería antecesora a la de López Mezquita

Año desgraciado el de 1883; en septiembre ardió la casa nº 61 de la calle Méndez Núñez que daba al Zacatín, donde estaba la zapatería Siglo XIX; avisó el sereno; sonaron las campanas del barrio, menos la de la Catedral curiosamente. Lo más dramático del caso fue cuando una mujer, Aurora Corpas, envuelta en una sábana y presa del pánico, saltó del balcón del 3º piso a la calle. Ingresó cadáver en el Hospital de San Juan de Dios. El incendio más amargo se produjo en 1888 en Puerta Real, junto a la Placeta de Cauchiles, al arder la pastelería de los hermanos López, antecesores de la hasta hoy popular Pastelería López Mezquita.

Resulta curioso que fuera el siglo XIX tan desgraciado por los incendios, justo cuando se había creado en 1821 la institución de Bomberos y Zapadores. La prensa siempre valoró muy positivamente la buena voluntad de los bomberos que en casi todos los casos resultaban heridos y a veces muertos. Vaya nuestro modesto reconocimiento en el bicentenario de la creación de tan noble cuerpo (1821-2021). ¡Ojalá los bomberos pudieran apagar algo más que fuegos!

Camiones de bomberos entre ayer y hoy Camiones de bomberos entre ayer y hoy

Camiones de bomberos entre ayer y hoy / J. L. D.

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