Granada

Hacia la independencia personalSÍNDROME DE DOWN

  • Gracias a iniciativas como el programa 'Escuela de Vida' que promueve la asociación Granadown estas personas pueden vivir de forma autónoma · El proyecto se inició en el año 2006

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Manolo López-Moratalla tiene 22 años, trabaja en el Museo de la Memoria de Andalucía y hace unas semanas dio un paso más en el camino de su independencia personal. Él se considera como los demás chicos de su edad y afronta feliz una nueva experiencia en la que compartirá piso de estudiantes con otros compañeros durante el curso académico. Manolillo, como le llaman de forma cariñosa sus amigos de confianza, tiene síndrome de down, pero no por ello se siente limitado a la hora de encauzar su propia vida. Para él, superarse es importante y lo demuestra cada día, al igual que otros amigos suyos que también participan en el programa Escuela de Vida que promueve la asociación Granadown.

Manolo quiere mirar hacia delante y cuenta que esta etapa le reportará vivencias que hasta ahora desconocía. También advierte que la experiencia de vivir sin sus padres le ayudará a ser más autónomo a la hora de desenvolverse en el día a día, una ayuda extra para afrontar las dificultades de la vida. "Yo quiero entrar en el piso. Nadie me obliga. Estoy en la vivienda compartida porque quiero vivir con los amigos y aprender cosas nuevas, pero sobre todo quiero tomar mis propias decisiones porque es un derecho de las personas. Quiero conseguir ser más independiente y más responsable. No quiero tirar la toalla porque creo que soy capaz de mejorar mis dificultades", afirma convencido.

Ana María Aguilera también lo tiene claro y se siente ilusionada de participar en el programa de vivienda compartida porque "soy mayor de edad, tengo un trabajo, un novio, unos amigos y sobre todo porque soy capaz". Al igual que Manolo ha iniciado una dura travesía hacia la independencia, porque lo cierto es que nadie dijo que fuera fácil. Ahora, además de su jornada laboral en el Ayuntamiento como funcionaria de medio ambiente, tendrá que dedicarse a tareas del hogar como limpiar, organizar sus horarios, cocinar y planchar, pero a la vez confiesa que disfruta aprendiendo. "Lo más difícil es poner la lavadora, la tostadora y la hornilla, aunque ya sé como funciona".

El programa Escuela de Vida que surgió por iniciativa de los propios chicos síndrome de down de la asociación, permite que personas con discapacidad intelectual puedan vivir independientes en pisos de estudiantes. Nació hace cinco años en la ciudad impulsado por Granadown, aunque en otras comunidades como Murcia ya se había implantado con anterioridad. Con el tiempo, han logrado crear la Red Nacional de Escuelas de Vida en la que participan Fundown, Down Granada, Down Málaga, Down Lérida y Down Córdoba.

"La filosofía de este programa, es creer que los síndromes de down son iguales", afirma la coordinadora técnica del programa en Granada, Mercedes Cano. De esta forma, se podrán desarrollar como personas, aprender y sobre todo, integrarse con estudiantes que no tienen síndrome de down. Porque lo más novedoso de este proyecto es que personas con síndrome de down pueden convivir en un ambiente estudiantil "totalmente normal" con otros compañeros de su edad. "En los pisos no hay ningún control porque son viviendas compartidas no pisos tutorizados. Los estudiantes que viven con ellos no son ni padres sustitutos, ni educadores, ni tutores, son mediadores", aclara Cano.

Pero, ¿cuál es la función de esta figura dentro del programa Escuela de Vida?. Los mediadores son estudiantes que comparten piso con ellos, pero que no están obligados ni a cuidarles ni a protegerles constantemente. "Es normal que a veces te preocupes si tardan mucho o no sabes nada de ellos, pero me pasaría lo mismo con cualquier otro compañero aunque no tuviera síndrome de down", comenta la mediadora Lucía Moreno.

Los mediadores no son profesionales, sino jóvenes que buscan enriquecerse a nivel personal en "un entorno de igualdad, de confianza y respeto mutuo". Su cometido no va más allá del que surge con la amistad, porque con el paso del tiempo florecen lazos emocionales y además de compartir piso, también van al cine, a merendar o de paseo, aunque no siempre juntos porque "tenemos amigos diferentes".

Por eso, Cano, quiso desmentir algunos mitos que los estudiantes tienen en la cabeza cuando se embarcan en un proyecto de estas características. "Algunos piensan que si viven con ellos van a tener que hipotecar su tiempo para estar pendientes de lo que hacen y lo que no , pero lo cierto es que no es así".

El único requisito que tienen que cumplir los mediadores es haberse formado previamente en el Proyecto Amigo que también lleva a cabo Granadown. En este espacio se tiene una primera toma de contacto entre las personas con síndrome de down y los futuros mediadores. Se organizan asambleas mensuales, reuniones de grupo y finalmente, surge una bonita amistad entre los chicos.

Para los mediadores esta experiencia también es enriquecedora y les permite seguir conociéndose mutuamente ante situaciones nuevas. "Tenemos todos el mismo objetivo, ser más independientes y aprovechar situaciones del día a día para aprender juntos. Uno no se pone en su casa a aprender a planchar. Sin embargo si te ves obligado hacerlo porque tienes que salir una noche y la camisa está arrugada, lo haces", confiesa Lucía.

Cientos de situaciones en las que pueden nutrirse los unos de los otros "de igual a igual". Sonia Sánchez, por ejemplo, es la mejor cocinera de la casa y todos sus compañeros quieren que les enseñe el arte que tiene en la cocina usando la sartén. De hecho, sus platos, son los más aclamados, sobre todo cuando prepara espaguetis o verdura con ternera que son su especialidad. Ella también tiene síndrome de down y trabaja en una tienda de ropa en Kinépolis. A sus 29 años, ya ha participado por segunda vez consecutiva en el programa Escuela de Vida con el que a aprendido algunas lecciones que no vienen reflejadas en los libros de texto. "Ahora colaboro y ayudo a mis compañeros, tomo decisiones con responsabilidad, friego, barro y también sé manejar el dinero de forma autónoma".

Sonia ha adquirido todas estas habilidades gracias a la independencia. Desde la niñez ha labrado una serie de competencias que le ayudan a desarrollarse como persona y que nacen gracias a la motivación y a los estímulos que ha recibido de su familia, amigos y asociaciones como Granadown. "La visión de las personas síndrome de down está cambiando porque ellos se lo han labrado, pero tienen que seguir haciendo el doble de esfuerzo para demostrarlo. En la facultad se incide mucho en sus deficiencias y ahora al vivir con ellos, observo más sus capacidades", arguye la mediadora Raquel Jiménez.

Con el paso del tiempo el panorama que se ha abierto para ellos es muy amplio. De hecho, queda patente que retos como estudiar, trabajar y ser independientes son posibles con el estímulo suficiente.

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