El inquilino que fue formal sólo un mes

Si va a alquilar su piso desconfíe y blinde su contrato con un aval bancario, o de lo contrario le puede suceder lo que al propietario de un piso de La Zubia, que relata en este reportaje la odisea que vive por segunda vez

Alquilar, a veces, es un calvario. En ocasiones, incluso dos.
Alquilar, a veces, es un calvario. En ocasiones, incluso dos.
S. A. / Granada

14 de junio 2010 - 01:00

"El chico, de 30 y tantos años, parecía formal. Era educado y contactó conmigo a través del anuncio que puse en el periódico. Quedamos para que viera el piso y le encantó, aunque me dijo que hasta el día siguiente no me confirmaría si se quedaba de alquiler o no. Al final, me llamó a primera hora para entregarme la fianza y la primera mensualidad... el único dinero que he cobrado en catorce meses".

La historia de Alejandro (nombre ficticio), propietario de un céntrico inmueble en La Zubia, demuestra que ciertamente el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Ya en 2008 este granadino tuvo que poner una demanda de desahucio contra su anterior inquilino, que finalmente le dejó una deuda de 6.000 euros (entre mensualidades y gastos de luz, agua y gas), la casa hecha una porquería y muy pocas ganas de volver a arrendarla. Pero necesitaba el dinero y, después de pintar y adecentar el inmueble, se olvidó del calvario vivido y decidió buscar nuevo morador. Sí, esta vez trató de cubrirse las espaldas, pero no lo hizo bien: no requirió un aval bancario.

"Antes de firmar el contrato de alquiler, le pregunté en qué trabajaba y me dijo que era socio de un negocio dedicado a la construcción... Le pedí entonces un documento que acreditara sus palabras, pero al final, como resultó que teníamos un conocido en común, le dije que lo dejase, que me fiaba de él. ¡Y para qué! Cuando ya habíamos firmado el contrato, me confesó que en realidad estaba cobrando el paro, pero que por el dinero no me preocupara, que tenía solvencia". El engaño no había hecho más que empezar.

Alejandro adoptó algunas medidas para que no se repitiera la situación que había vivido con su anterior inquilino, pero fueron insuficientes. Por un lado, puso la luz, el agua y el gas a nombre del nuevo arrendatario. Por otro, hizo firmar al tipo una "garantía de alquiler", un documento de la Corte de Arbitraje Económico de Derecho y Equidad que garantiza al arrendador una sentencia firme en 30 días en el momento en el que se incumple el contrato. La primera medida ha evitado que la deuda -que ya asciende a 5.320 euros- sea aún mayor. La segunda no ha servido para nada.

Desde el 1 de abril del año pasado (fecha en la que entró en vigor el contrato), el propietario afectado, que paga alrededor de 400 euros de hipoteca, sólo ha cobrado 760 euros, correspondientes a la fianza y la primera mensualidad. "El segundo mes, el inquilino ya no cogía el teléfono, por lo que di parte a la Corte de Arbitraje, con sede en Madrid, que efectivamente dictó un laudo arbitral en pocas semanas, una resolución que había que ejecutar en la justicia ordinaria y allí, en la capital española. Y ahí vino un nuevo problema". Alejandro gastó 400 y pico euros en abogados y procuradores de Madrid para nada, ya que el juzgado de Primera Instancia madrileño donde se trató de ejecutar el laudo -el número 4- decretó la falta de competencia para hacerlo.

Recurrir esa decisión ante la Audiencia de Madrid suponía un año más de espera, por lo que finalmente Alejandro ha decidido empezar de nuevo y tramitar su caso por el cauce judicial normal (vía civil) en los juzgados de Granada. Así, ha acudido otra vez a la abogada que le llevó el anterior desahucio, que ya está preparando la demanda para 'liberar' el inmueble.

La situación que se ha generado es complicada, pues los vecinos dicen que ya no ven por allí al arrendatario, pero el propietario no puede entrar a su piso porque el individuo no le ha devuelto los dos juegos de llaves que recibió el día de la firma del contrato. "Tampoco puedo llamar a un cerrajero, pues como no sé nada de él, no sé si sigue dentro o no, y forzar la puerta supondrían cometer un delito de allanamiento de morada y ya es lo que me faltaba".

Fue el pasado mes de marzo cuando cumplió el contrato de alquiler (era de once meses) y el inquilino, además de no entregar a Alejandro las llaves de la casa, no da señales de vida. Ahora su teléfono está apagado o fuera de cobertura.

Ya sólo queda esperar al desenlace del nuevo procedimiento judicial, un nuevo paso que barato tampoco le va a salir a Alejandro, quien no obstante ya no piensa en los gastos ni en cobrar la deuda. Sólo quiere recuperar su piso y echar al que tacha de "okupa camuflado caradura".

Este diario ha consultado en círculos jurídicos si la 'jugada' de este indeseable inquilino moroso podría llevarse a la vía penal, pues podría constituir un delito de estafa... Pero las fuentes consultadas afirman que sería muy difícil demostrar que el tipo lo tenía todo planeado y que su intención primera era la de engañar, pues pondría la crisis como excusa para justificar sus impagos. Sería difícil, pero no imposible.

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