Un laboratorio de criminalística en el IES Ángel Ganivet de Granada
Estudiantes de cuarto de ESO del instituto público utilizan el método científico para trastear la huella genética y resolver un enigma planteado en clase de Biología
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Alrededor de la mesa del aula de Biología del IES Ángel Ganivet de Granada una veintena de cabezas se inclinan sobre el instrumental que ha permitido analizar el ADN extraído de un cabello y un trozo de lechuga. Son las pruebas de un delito simulado. Alguien se ha comido la hamburguesa del director y el alumnado de cuarto de la ESO es el encargado de encontrar al culpable de entre dos sospechosos, de los que también se tiene la huella genética. La respuesta al enigma planteado en clase de Biología está en las seis muestras que tienen sobre la mesa. El camino hacia esa respuesta está en la ciencia.
María Serrano, investigadora predoctoral de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), es la encargada de dirigir el trabajo científico del alumnado, que en esta ocasión tiene una aplicación policial. Los chavales de ESO se ponen en el lugar de un investigador forentes para resolver el enigma planteado. Las herramientas las da la ciencia. En este caso, se emplea la genética molecular, instrumental de laboratorio y técnicas como la PCR o la electroforesis en gel de agarosa, que permite separar las moléculas gracias a su carga eléctrica, algo fundamental en la biología molecular y en la medicina.
Victoria Gómez, una de las profesoras que participa en la iniciativa que cuenta con el apoyo de la Fundación Catalana para la Investigación y la Innovación (FCRI, por sus siglas en catalán) y la biotecnológica Amgen, explica que el objetivo del taller es acercar el trabajo científico al mundo escolar. Con los medios del centro no es posible realizar talleres como éste, que sin embargo tienen una gran aceptación y sirven para fijar lo que se ve en clase. Por eso Gómez destaca la colaboración del FCRI. Maribel Cuerva, otra de las docentes, añade que además se da visibilidad al trabajo de la mujer en la investigación.
Como apoyo a la sesión práctica hay varios alumnos de segundo de Bachillerato. Ellos participaron en una iniciativa similar el curso pasado, bautizada como Micromundo, en la que tuvieron que realizar un póster tras analizar varios cultivos microbianos con muestras extraídas de la tierra. Aquello les dejó poso, reconocen. María del Mar, que tiene la intención de hacer carrera militar, muestra en su móvil las placas de petri en las que pusieron las muestras. Señala los elementos que fueron claves para explicar cómo funcionaron los antibióticos en aquel experimento. Antonio, que quiere ser ingeniero agrónomo, y Alicia, que se decanta por ser educadora social, destacan la importancia de la práctica científica para entender los manuales. "Es como mejor se aprende", cuenta María del Mar. "En clase hemos abierto un corazón y un cerebro, vimos las cavidades... te das cuenta de la complejidad. Son experiencias que no olvidas", subraya sobre las prácticas que ha hecho.
"En mi época todo era teoría", reflexiona la investigadora María Serrano, que este año ha comenzado con su tesis doctoral en Granada, que versa sobre una bacteria, la Pseudomonas aeruginosa, y su resistencia a los antibióticos, una tarea que le apasiona. "Siempre me ha gustado la ciencia, pero una visión más práctica siempre viene bien", apunta sobre lo que supone esta actividad de divulgación totalmente práctica.
A su alrededor, el alumnado de cuarto de la ESO pipetea, vierte soluciones, calcula proporciones. ¿Quién es el culpable? ¿A quién pertenecen las muestras? Un trabajo meticuloso en el que participa la clase. El resultado es la extracción de un patrón, único en cada ser humano. La huella genética es una herramienta clave en distintos ámbitos profesionales, desde la salud a la ciencia forense o policial, destaca María Serrano, que apunta que en ciencias en ocasiones "no se conocen las salidas" profesionales.
Amgen TransferCiencia, que es como se ha bautizado el programa educativo impulsado desde el FCRI y Amgen, incluye actividades en cinco centros educativos andaluces. En el caso de Granada esta iniciativa ha tenido lugar en el IES Ángel Ganivet. La fórmula empleada es sumar jóvenes científicos, como María Serrano, para trabajar de forma coordinada con el profesorado para acercar la ciencia a las aulas de manera que se asequible y atractiva, como es el caso de la resolución de un supuesto delito. Se refuerzan de este modo conocimientos ya adquiridos y se pretende además despertar vocaciones científicas.
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