Loreto Sánchez, psicóloga, sobre la soledad en jóvenes: "el animal mejorar la comunicación entre el adolescente y el resto de la familia"

El animal de compañía le permite establecer pequeñas acciones como jugar o pasear que ayudan a moverse cuando hay apatía

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 “Para que el vínculo sea sano y pueda acompañar y sostener, se tiene que cuidar a los dos", indica la experta.
 “Para que el vínculo sea sano y pueda acompañar y sostener, se tiene que cuidar a los dos", indica la experta.

A pesar de que vivimos en un mundo cada vez más conectado y con más oportunidades para comunicarnos, 9 de cada 10 jóvenes de nuestro país de entre 20 y 24 años sufren soledad no deseada, consolidándose como la principal causa de malestar psicológico.

Ante esta situación, y en el contexto del reciente anuncio de la creación de un Marco Estratégico Estatal de las Soledades aprobado por el Consejo de Ministros y del Día Mundial del Bienestar Mental de los Adolescentes, que se celebró ayer desde la Fundación Affinity resaltan que los perros pueden facilitar las relaciones sociales, lo que es un factor protector en jóvenes que se encuentran en estas circunstancias.  

En esta línea, y según la revisión sistemática realizada por la misma Fundación, esta también recalca que los perros actúan como facilitadores del contacto social, pues favorecen que otras personas se acerquen e inicien una conversación. Para un adolescente que sufre soledad o tristeza, pasear con su perro no solo le obliga a salir de casa, sino que aumenta las interacciones con otras personas, lo que puede traducirse en mayor apoyo social y reducción de sentimientos de soledad, claves para un mejor bienestar mental. 

Un vínculo necesario

“En la adolescencia experimentamos muchos cambios que no sabemos cómo gestionarlos. Por ello, el vínculo que se establece con el animal puede acompañar y sostener emocionalmente, no porque cure, sino por los procesos que activa”, explica Loreto Sánchez, psicóloga colaboradora de la Fundación Affinity. 

Para un adolescente, el animal de compañía le permite establecer pequeñas acciones como jugar o pasear que ayudan a moverse cuando hay apatía; o le permite hablar de uno mismo ya que le cuentan a su perro o su gato cosas que les cuesta expresar en primera persona.

Sin embargo, destaca también Sánchez: “para que el vínculo sea sano y pueda acompañar y sostener, se tiene que cuidar a los dos. El animal no está para cargar con todo el malestar del adolescente. Leer sus señales, respetar sus descansos y límites también es parte del vínculo”.

Importancia del núcleo familiar y de amistad

Al sentimiento de soledad, se suma que el 33% de los adolescentes de entre 15 y 19 años siente con frecuencia que le cuesta encajar o hacer amigos. En este caso, el animal de compañía cumple una función de mecanismo de afrontamiento, convirtiéndose en un apoyo social importante. Por ello cabe remarcar que, a pesar de que la presencia de un animal de compañía beneficia al adolescente por el vínculo que se establece, no se trata solo de convivir con un animal, si no de construir una relación.

“El animal de compañía puede favorecer la dinámica familiar y mejorar la comunicación entre el adolescente y el resto de la familia, especialmente con los padres. Este efecto resulta más evidente en contextos familiares con niveles bajos de conflicto previo”detalla el Dr. Jaume Fatjó director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona.

En situaciones de conflicto o en entornos familiares vulnerables, los animales pueden actuar como una fuente muy importante de apoyo social emocional, pero su efecto parece ser variable. En estas circunstancias perros y gatos amortiguan el malestar y en otros simplemente ponen de manifiesto una situación de vulnerabilidad previa, sin llegar a compensarla.

Consejos para familias con animales y adolescentes

Para aquellas familias en las que conviven adolescentes y perros o gatos, desde la Fundación Affinity comparten algunos consejos para que el vínculo entre perros, gatos y jóvenes sume.

Entre ellos destacan que debe haber momentos tranquilos con el animal, sin pantallas y sin exigir conversación; facilitar rutinas realistas, con paseos cortos, y juegos breves sin convertirlos en una carga; cuidar que el animal pueda retirarse cuando lo necesite; y observar si el adolescente se aísla solo con el animal. Es importante observar esta dinámica, pues- a pesar de que el vínculo sostiene- si el adolescente actúa de esta manera puede estar diciendo que le faltan “humanos seguros”.

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