Granada

Las medusas más allá del mar

  • Pese a las posibilidades comerciales de esta especie, ningún sector se ha decidido aún a desarrollarlas

Si a las medusas que han aparecido de forma masiva en el litoral granadino en las últimas semanas se las viera como algo más que esos pequeños pelágicos tan molestos, que lanzan su agresivo tentáculo, formado por células urticantes a todo lo que se encuentran a su paso, su popularidad no sería tan negativa. Estudios recientes han concluido que las medusas tienen un amplio espectro de aplicación que va desde la agricultura hasta la cosmética o la alimentación humana pasando por la propia ciencia. Pero hasta la fecha ninguna empresa del sector ha visto clara la viabilidad comercial para embarcarse en una aventura de estas características y ningún producto circula por ahí con esta especie marina como base.

Muchas de las posibilidades comerciales de las medusas tan frecuentes en las playas del Mediterráneo, especialmente en años como éste en el que apenas ha llovido y que se ha caracterizado por temperaturas más altas de lo normal, fueron dadas a conocer hace tres años en el marco de un proyecto que llevó a cabo la empresa de biotecnología gaditana Bionaturis, en colaboración con el grupo de investigación Posidonia Sur de la Universidad de Málaga y el Centro Oceanográfico y la cofinanciación de la anterior Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, a través de la Corporación Tecnológica y la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía.

Lo primero fue hacer un estudio para analizar la variedad de medusas que arriban al litoral y su posible aplicación científica más allá de la facilidad que tienen para espantar bañistas y terminar picando a los más incautos. Las especies más frecuentes resultaron ser la conocida como Pelagia noctiluc, que es esa pequeña especie de color rosado que tantas picaduras provoca en forma de plaga muchos fines de semana en Granada, y la Rhizostoma pulmo, de un tamaño mucho mayor que puede llegar a alcanzar hasta 40 kilos de peso y cuyas picaduras no resultan nada peligrosas. Otras especies como la Cotylorhiza tuberculata y la Bolinopsia vitrea son más típicas en Cádiz o Almería.

Pero en todas ellas se descubrió un dato interesante desde el punto de vista comercial y es que contienen de media un 6,2% de colágeno, una proteína muy codiciada por esta industria por sus presumibles efectos para dar consistencia y elasticidad a la piel haciendo frente al envejecimiento y que en el caso de las medusas podrían servir de base para las cremas del futuro. Hasta ahora el colágeno se extraída de subproductos de la industria cárnica, un recurso que, tras la aparición de la encefalopatía espongiforme bovina o enfermedad de las vacas locas, ha llevado a la búsqueda de otras fuentes de colágeno de origen marino. El problema es que la biomasa que llega a la costa no aportaría una cantidad suficiente y previsible para abastecer a la industria cosmética.

En lo que no hubo suerte, según explicó el director de I+D+i de la empresa Bionaturis, Juan José Infante, es en la posible aplicación farmacológica que se buscaba al analizar su huella química, es decir, los principales compuestos que contenía. Los investigadores se centraron en determinar la posible actividad antiinflamatoria de las medusas para tratar enfermedades producidas en el ser humano cuando el sistema inmunológico se vuelve hiperactivo, como la psoriasis artrítica, las alergias o el lupus. No se encontró nada en ninguna de estas especies pelágicas que revolucionara el sector terapéutico, a diferencia de otras más habituales en otros lugares del mundo como Japón en las que sí se ha hallado esta particularidad sanadora de las medusas.

En ese intento de los investigadores por encontrar la aplicación más útil analizaron también la proporción que contenían de principios inmediatos como las proteínas para la alimentación del ganado, o nitrógeno para su uso como abono. Y el resultado del estudio revela que el uso de las medusas para fabricar abonos agrícola es la salida más viable que se puede encontrar para estas especies marinas.

Pero es que, además, la Cotylorhiza tuberculata y la Rhizostoma pulmo resulta que son aptas para el consumo humano. Las medusas se componen en un 95% de agua y el resto está formado principalmente por proteínas, siendo casi nula la presencia de lípidos, carbohidratos y colesterol, por lo que incluso podrían disfrutar del apelativo de alimento saludable. En Asia su uso en la cocina es habitual en ensaladas o como ingrediente principal en la elaboración de galletas o pastas, aunque en Europa culturalmente no forman parte de la alimentación, obstáculo al que se suma el hecho de que tampoco en el litoral andaluz se halla un volumen de medusas suficiente para plantearse un uso industrial de estas características.

Quizás por este motivo o sencillamente porque en plena crisis hay pocas empresas que se atrevan a invertir, aún nadie se ha interesado por las medusas más allá de su presencia en las playas. Éste fue sólo un estudio previo y ahora, según Infante, habrá que desarrollar un proyecto para cada posible aplicación. Eso significa que aún habrá que esperar para ver a las medusas en el mercado.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios