Los niños vienen sin manual de instrucciones

La Unidad de Psicología Clínica de la Universidad organiza un grupo de trabajo para padres y madres con hijos conflictivos o con problemas de comportamiento

En el grupo de trabajo intentan dotar a los padres y madres de herramientas para cambiar las conductas problemáticas de los niños.
En el grupo de trabajo intentan dotar a los padres y madres de herramientas para cambiar las conductas problemáticas de los niños.
Ester Araúzo / Granada

01 de diciembre 2008 - 01:00

Sin manual de instrucciones, ni ningún tipo de guía, los padres tienen un papel tan difícil como trascendental y a veces se sienten impotentes ante un niño conflictivo que se les va de las manos. Y cuanto más crecen, más complicado es tener control de la situación y encontrar la mejor manera de educarlos. Lo más fácil es que en estos casos cada choque de opiniones entre padres e hijos termine en una discusión, cuando no en una batalla campal. Un grupo de profesores y titulados de la Facultad de Psicología ha creado un grupo de trabajo dirigido a familias con algún niño que presente problemas de comportamiento, para que controlen estos problemas y se puedan prevenir otros más graves, y ayudarlos así en la difícil tarea de educar.

Dentro de un programa del Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo (CICODE), este grupo de psicólogos de la Unidad de Psicología Clínica de la Universidad de Granada, que dirige Antonio Fernández Parra, lleva tiempo tratando de "dotar a los padres de herramientas para evitar y cambiar las conductas problemáticas de sus hijos". Para ello se han dirigido a varias asociaciones y colegios, con especial atención a la Zona Norte, y organizan sesiones de trabajo para padres y madres que les permitan, además, crear con sus hijos una comunicación mejor y más eficaz.

Lo primero es entender. ¿Por qué se portan mal? Es importante identificar los factores que influyen en que desobedezcan o se muestren agresivos. Escucharlos y ponerse en su lugar puede ayudar. En cambio, mostrarse sólo críticos o duros no suele ser un buen camino, "como tampoco lo es ser laxos y consentir que los niños hagan lo que quieran, sin establecer normas o límites para la convivencia en familia", aclara el profesor.

Pero para conseguir que las cosas cambien, en un principio, es aconsejable "no centrarse tanto en los aspectos negativos sino reforzar y valorar sus comportamientos positivos", explica Fernández Parra. "No se debe estar encima de ellos sólo cuando hacen algo mal, sino también cuando lo hacen bien". El elogio y la motivación juegan un papel muy importante en la educación. "Una idea es permitirles ir ganando puntos por su buena conducta y perdiéndolos si se portan mal, de manera que si acumulan un número determinado, tengan algún tipo de reconocimiento por parte de sus padres, como hacer con ellos alguna actividad que les guste, como podría ser llevarlos al cine, por ejemplo", propone el experto. "Esto les permite, además, ir comprobando que su buena conducta también tiene consecuencias positivas para ellos, que quizás no han sido evidentes hasta ese momento". Y es que los padres no están sólo ahí para poner límites, que también, claro. "Pero no es sólo una cuestión de disciplina, es crucial también establecer con ellos unas dinámicas de juego, sacar rato para estar con ellos", subraya.

Convertir unos pantalones caídos en una cuestión de Estado tampoco merece la pena y hace más mal que bien. "La respuesta de los padres debe ser proporcional a la gravedad de los problemas". Por eso, "no prestar atención a cosas que en realidad no son importantes" es otra de las recomendaciones que hacen llegar a los padres. "Las expectativas que los padres tienen sobre sus hijos a veces chocan con lo que son", explica Fernández Parra. "En algunas ocasiones los padres tienen reacciones excesivas ante determinadas cosas", prosigue, "y el hecho de que no hayan recogido su cuarto se convierte en un problema tremendo".

Tampoco el extremo contrario sería correcto. "En otras ocasiones, los padres consienten que los hijos hagan cualquier cosa, y eso tampoco ayuda. Pero siempre es preferible ir construyendo y motivando un buen comportamiento, que actuar después de forma excesiva e incontrolada, o rendirse ante problemas que ya no pueden manejar", apunta el profesor.

El taller, que se imparte en ocho sesiones repartidas en un par de meses, trata también de inculcar en los padres la responsabilidad de trabajar codo con codo con la escuela y ayudar a los niños a mejorar su rendimiento. Hablar con los profesores, llevar cierto control de la agenda escolar de los niños o tratar de motivarlos y preguntarles por lo que están aprendiendo son algunas de las recetas para que el boletín de notas no se convierta en un disgusto.

Los padres que participan en esta actividad se muestran satisfechos y contentos con los resultados que obtienen al aplicar lo que van aprendiendo, asegura el profesor. "Se trata de enseñarles a ser más efectivos y afectivos en las relaciones con sus hijos y que se cree un buen clima en el entorno familiar". En este momento hay un total de once grupos de madres y padres realizando el programa ¿Como mejorar las relaciones con nuestros hijos e hijas?

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