El olor del frío en un cartucho de periódico
granada nuestra
A diferencia de otros oficios artesanales que han ido desapareciendo como sombrereros y paragüeros, las castañeras aún forman parte del paisaje urbano granadino más popular.
EN noviembre de 1965, frente al Hospital de San Juan de Dios y junto al desaparecido Café Royal, podíamos degustar unas sabrosas castañas asadas servidas en un cucurucho de papel de periódico. El olor a castaña asada por nuestras calles nos comunica que ya hace frío y nos invita a calentarnos degustando tan rico fruto. La castañera es un personaje que forma parte de nuestra cultura popular, de nuestras tradiciones, con su silla de anea, para descansar del fuego cuando se puede. Detrás, dos jóvenes que parecen estar esperando impacientes el cartucho. Observe el lector la velocidad con la que la castañera inserta el rico manjar en el cartucho de periódico, con rapidez y decisión, que quema, el cliente no puede esperar.
Por suerte, es una de las tradiciones que no han desaparecido. No podemos decir lo mismo de otros oficios y profesiones como los sombrereros, los paragüeros, y tantos otros a los que la misma sociedad ha ido eliminando. Nadie repara hoy en día un paraguas, es más cómodo comprar uno. Sin embargo, eran muy solicitados antaño. Al igual que los sombrereros. Todavía recuerdo las sombrererías de calle Mesones. Hace pocos años, desapareció la que quedaba. Las modas, las grandes multinacionales, nos imponen unas formas de vida y ritmos de trabajo que acaban con oficios, profesiones, que formaban parte de nuestro entorno. Se nos presentan las más variadas titulaciones universitarias como la salida laboral más coherente, como una imposición social. ¿Puede alguien asegurar a los estudiantes universitarios que cuando finalicen sus estudios encontrarán trabajo? Pero es curioso que, en medio de toda esta crisis, cada vez haya más demanda en la Universidad de Granada y, además, una parte de esa demanda proceda de titulados de más de 35 años. Quién les iba a decir que volverían a la Universidad. ¿Pero es ésta la salida? No puede responder nadie a esta cuestión. La crisis no sólo ha dado lugar a un mayor número de titulados, y retitulados en paro, sino que también vemos cómo han vuelto a aparecer oficios y profesiones que se estaban perdiendo. Las viejas tradiciones, oficios y profesiones pueden ofrecer cierta salida a miles de personas que se encuentran en paro. No tenemos más que observar ciertos datos y leer en la prensa relatos de familias que vuelven a la aldea, al campo, al espacio que un día abandonamos ante el desarrollo industrial y que hoy puede ser una alternativa.
Hoy podemos pasear por la calle Recogidas, Carrera de la Virgen o Mesones y todavía encontrarnos con el olor a castaña recién asada que interrumpe por unos segundos, el olor que desprende nuestra compañera, la contaminación. Hace unos años, quizás no había tantas castañeras como hoy y es cierto que los puestos no están tan concurridos como antaño, pero no lo es menos el hecho de que hay familias completas que viven de esta antigua tradición.
Paseamos y no nos damos cuenta de que, a pesar de todo, siguen ahí, como siempre, como un personaje más del paisaje urbano al llegar el invierno, con su hornillo, quizás más moderno y lustroso que el de la imagen, y la sartén, chisporroteando, para ofrecer unas buenas castañas asadas en un cucurucho de papel de periódico.
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