Con pan y vino se hace el Camino
Camino de Santiago. Es uno de los grandes atractivos turísticos de España. Ligado íntimamente al vino a través de los monasterios, forma parte de la historia de la vitivinicultura mundial
LOS monjes y sus monasterios fueron responsables de preservar la vitivinicultura durante casi diez siglos. Las distintas comunidades religiosas mantuvieron viva la tradición y evitaron que ésta se perdiera durante los tiempos oscuros del Medievo. La principal razón por la que los monasterios se dedicaron a perpetuar esta tradición fue por la necesidad de tener vino para la Eucaristía. Sin embargo, más allá de su dimensión espiritual, también hubo razones terapéuticas, al igual que lúdicas. Recuperaron para sí los viñedos existentes (muchos databan de la época romana), los mejoraron y desarrollaron técnicas agrícolas y enológicas que aún se practican en nuestros días.
Las dos casas religiosas del Medievo fueron los benedictinos o Monjes Negros y los cistercienses o Monjes Blancos (según el color de sus hábitos).
Los benedictinos eran reconocidos por su erudición y su apego a la oración. Gracias a su compromiso con la escritura, pasaron a la historia como inigualables cronistas de su tiempo. Su legado en el dominio de la vitivinicultura contemporánea todavía está vigente y gracias a su dedicación y a la excelencia han perdurado denominaciones de origen y antiguas marcas de la Borgoña, en Francia, como Pommard, Clos de Beze, Côte de Dijon y Pouilly-Fumé. Durante mucho tiempo, los benedictinos fueron la orden más poderosa con miles de monasterios a lo largo y ancho de Europa. Pero pronto surgieron rivalidades con una orden más austera: los cistercienses. Ésta comunidad fue fundada en 1098 por San Bernardo de Claraval, quien impuso el retorno a una vida monástica cerrada y discreta. San Bernardo decía, incluso, que el gusto de sus rivales por el vino se desprendía del excesivo gusto por las expresiones corales. "Tanto canto les produce sed", insinuaba San Bernardo. Aún así, los Monjes Blancos no se quedaron atrás en la producción de vinos memorables y a ellos se deben regiones y marcas como Clos Vougeot, en Francia, y Kloster Eberbach, en Alemania.
Con la creación del Camino de Santiago en el siglo VIII llegaron cepas de todo el mundo conocido a través de los peregrinos y sus monjes, que venían a repoblar y cristianizar la península ibérica. Mayoritariamente fueron monjes benedictinos que desde Francia nos trajeron sus vides. En un principio estos monjes vendrían como cortejo de la esposa de origen francés del rey de Asturias Alfonso II, el rey que descubrió la sepultura del Apóstol Santiago.
La mayoría de los peregrinos llegaba a Santiago por el llamado "Camino Francés". La vía francesa sigue siendo la más transitada y la más promocionada. Entra en España por Roncesvalles y el Somport, en los Pirineos. y atraviesa las comunidades autónomas de Aragón, Navarra, La Rioja, Castilla y León y Galicia. Ni que decir tiene que todo el Camino está jalonado de castillos y monasterios. No es, por tanto, casualidad que en estas regiones la viña sea un elemento fundamental de su paisaje y el vino una de sus actividades económicas más importantes, pues en ellas se asentaron los monjes y sus producciones abastecían a los peregrinos, a los castillos y a sus moradores.
En Aragón atravesaba las comarcas de Borja, Cariñena y el actual Somontano (íntimamente ligado a Jaca), zonas vitivinícolas que aún hoy existen y tienen renombre mundial.
Navarra es un enclave fundamental en la historia del Camino de Santiago ya que aquí se funden en una varias rutas. El rey navarro Sancho III el Mayor fue quien fijó el trazado definitivo del Camino y quien introdujo la influencia de Cluny. La Colegiata de Roncesvalles, la iglesia de Eunate o el Monasterio de Leire fueron importantes centros religiosos y vinícolas. Localidades como Estella, Puente La Reina o Viana viven por y para el vino.
La Rioja cuenta con el tramo más corto de las comunidades atravesadas por el Camino Francés. Sin embargo, la importancia histórica, cultural, social y artística de este segmento de 65 kilómetros es fundamental. Anteriormente desde Pamplona los peregrinos se dirigían a Burgos a través de Álava y Briviesca. La paulatina conquista militar favoreció el auge de las peregrinaciones por el territorio riojano y la consiguiente fijación de la ruta terrestre. En el año 923 Sancho Garcés I de Pamplona y Ordoño II de León habían reconquistado la Rioja Alta, Viguera y Nájera. Sancho III reconduce el Camino haciendo que atraviese el vado del Ebro, donde está Logroño. El viñedo riojano está jalonado de hitos de piedra indicando el Camino. Algunas hospederías aún siguen en servicio y, por supuesto, las bodegas explotan viñedos de tradición secular. La riojana localidad de Santo Domingo de la Calzada es un enclave fundamental del Camino.
En Castilla-León, el Camino Francés atraviesa las provincias de Burgos, Palencia y León. Además, en León confluían la Ruta de la Plata y el Camino Francés. En la península, durante la época visigoda (siglo VII) se llega a regular sobre cómo se debe cultivar, trabajar y consumir la uva y el vino. Esta ley era conocida como la Régula Isidori. La invasión del reino visigodo por los musulmanes resultó un desastre para el mundo del vino, pues éstos prohiben el consumo de alcohol entre su población. Pero pese a que los alfaquíes más ortodoxos trataron de extirpar el hábito de tomar vino entre la población convertida al Islam, el islamismo hispánico distó mucho de ser tan radical como el africano y algunos califas hispanos fueron expertos bebedores, permitiendo beber vino en su corte siempre que no se llegase a la embriaguez. Afortunadamente en época musulmana no se llegan a arrancar todas las vides; una pequeña parte se mantiene para el uso del vino entre los mozárabes y que éstos pudieran continuar practicando el rito cristiano, la exportación a los reinos del norte (con su pago de impuestos) y la producción de pasas para la repostería. En Castilla y en León prácticamente se pierden las variedades autóctonas destruidas por la invasión. Con la creación del Camino de Santiago en el siglo VIII llegaron cepas de todo el mundo conocido a través de los peregrinos y sus monjes que venían a repoblar y cristianizar la península ibérica. Las zonas vinícolas del Duero (Ribera del Duero, Toro, Arribes de Duero, Tierra de León, Bierzo…) deben gran parte de su historia y pervivencia al Camino de Santiago.
En cuanto a Galicia, la interacción entre el Camino y el vino es tan vasta que es materia para dedicarle un artículo en exclusiva.
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