MARÍA DEL MAR ROMERA. PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN PEDAGÓGICA FRANCESCO TONUCCI (APFRATO)

"El paradigma educativo del siglo XXI es el que aprende"

  • Apfrato celebra el IX Encuentro Nacional con la mirada puesta en la necesidad de "construir escuela con la suma de diferentes teorías"

  • La cita reúne desde hoy hasta el domingo a más de 600 docentes

María del Mar Romera, presidenta de la asociación que tiene como máximo referente a Francesco Tonucci y su pedagogía 'Con ojos de niño'. María del Mar Romera, presidenta de la asociación que tiene como máximo referente a Francesco Tonucci y su pedagogía 'Con ojos de niño'.

María del Mar Romera, presidenta de la asociación que tiene como máximo referente a Francesco Tonucci y su pedagogía 'Con ojos de niño'. / álex cámara

La Asociación Pedagógica Francesco Tonucci (Apfrato) cumple diez años ilusionantes cargados de inquietudes. Nació y vive como una plataforma donde compartir y dar voz a las personas adultas que se ocupan de la infancia, pero 'Con ojos de niño'. Es decir, difundir la pedagogía de Tonucci y el proyecto Ciudad de los Niños. María del Mar Romera, presidenta de Apfrato, pedagoga, 'seño' y especialista en Inteligencia Emocional, comenta que esta década ha sido "desbordante y sorprendente". El objetivo principal es "seguir creciendo y formándonos, desde la dimensión utópica". Con poco más de 100 socios en toda España, sin ánimo de lucro, proyectaron un encuentro Nacional, hace nueve años, que en esta edición ha agotado las 600 plazas en tan solo una semana. La organización de este evento cuenta en parte con el Consejo de Infancia de Apfrato -22 menores de entre 4 y 16 años- que ayudan a diseñar y participan (asisten y tienen la palabra) en el encuentro. La cita, que comienza hoy y se extenderá hasta el domingo en Granada, cohesionará a profesionales del sector de la enseñanza, con el objetivo de inyectar "optimismo para planificar el próximo curso e irse de vacaciones con una agenda llena de proyectos", asegura Romera, que incide en que viene gente de toda España. Será el propio Francesco Tonucci quien inaugure esta tarde el IX Encuentro Nacional Apfrato, que comparte jornada con José Antonio Marina y Elsa Punset.

-Esta edición contará con personas muy representativas y diversas para el movimiento educativo del siglo XXI. ¿Cuál es el objetivo?

-La filosofía de Apfrato es sumar, no enfrentar. Esta edición, ciertamente, cuenta con personas con perspectivas muy diferentes, que en ocasiones pueden parecer incluso contradictorias. Cada uno aportará y sacará tantos proyectos como sueños quiera extraer. Y ese es el espíritu que luego sucede en el propio encuentro, todos juntos desde las diferentes opiniones y teorías, podemos construir escuela.

-Y 'Construyendo escuela' será el hilo conductor de esta novena cita. ¿Por qué construir?

-Efectivamente, primero jugamos con la idea y la necesidad de innovar en la escuela. Después, tuvimos en cuenta la moda de que los centros educativos que entran en procesos de innovación tiran las paredes como algo novedoso. Tras derribar los tabiques -no tanto físicos- más bien mentales, (deconstruir) toca construir.

-Entonces, ¿es hora de cimentar un nuevo paradigma educativo?

-Pensamos que el nuevo paradigma educativo está. José Antonio Fernández Bravo dice que "el nuevo paradigma es creer en el que aprende y no en el que enseña". Y eso es, considerar a la infancia como la protagonista del proceso -hasta ahora los protagonistas hemos sido los adultos-. Es mirar 'Con ojos de niño'; y eso no significa hacer lo que ellos quieren, ni convertirlo todo en juego o meter las tecnologías en el aula.

-¿Cómo se mira con ojos de niño?

-Se trata de ayudar al niño a preguntarse por su esencia y su origen, se trata de aprender a preguntar y no a contestar, se trata de un profesorado culto, que lee, que sabe, que conoce, es decir, un profesorado que es, porque el alumnado al final aprende lo que somos, más que lo que sabemos. Por tanto hay que dar una vuelta completa, sin pensar que el paradigma del siglo XXI van a ser las tecnologías. Las tecnologías son una herramienta, el paradigma del siglo XXI es el que aprende.

-Si está tan claro, ¿por qué no termina de producirse el cambio?

-Todo el mundo sabe que hay algo que no va bien, cuando jugamos con estadísticas -como que uno de cada cinco niños sufre problemas importantes a nivel psicológico, e incluso, psiquiátrico, que dificultades como TDA aumentan-, sabemos que algo pasa. Pero la maquinaria en la que se encaja todo esto es tan complicada, que aunque sabemos que hay que cambiar algo, los diferentes sectores del engranaje pensamos que es responsabilidad de otro y que nosotros quizá lo estamos haciendo bien... Por otra parte, nuestro profesorado no está lo suficientemente valorado, ni siquiera a nivel de sueldo, que siempre se argumenta en este aspecto, sino desde la estructura social y, por lo tanto, no se le exige lo que se debería. Cualquier persona que está con niños y niñas en edades tempranas debe de ser una personas culta, equilibrada emocionalmente, correctamente tratada por sus instituciones y que ocupe el lugar que merece ocupar. A partir de ahí, todo sería mejor. Sin embargo, jugamos a ver quién tiene la responsabilidad o quién se lleva el trozo de pastel... Me refiero a si todo va a depender de la norma o la ley, de los políticos, si tienen mucho que decir los sindicatos, o si el estatuto del trabajador docente está pensado para y por los niños... Son tantas preguntas, que lo mejor sería encontrarnos y sumar, pero solo si tenemos un único horizonte que es la infancia. Cuando lo que hay es una gama de intereses por doquier, no podemos sumar nada.

-La UE y la OCDE recomiendan mejorar la formación inicial, la selección de docentes...

-Cualquier propuesta es bienvenida. La formación inicial necesita una mejora brutal, pero no olvidemos que el primer profesorado que se tiene que formar es el de la Universidad.

-¿Es la emoción la alquimia de la educación del siglo XXI?

-El desarrollo emocional de cualquier ser humano es la alquimia siempre. Cuando yo era pequeña entrené mi mundo emocional en la calle, con mis iguales jugando al escondite o haciendo pellas. Los dos elementos me ayudaron a construirme y a conquistar mi autonomía con prudencia. Sin embargo, nuestra infancia hoy pasa de la sobreprotección, la sobreestimulación y el sobreregalo a una calle absolutamente inhumana.

-¿Esto qué significa?

-Que la escuela debe estar pensada para lo que no se da de manera natural. Si no podemos entrenar nuestras propias emociones como respuestas adaptativas que son, la escuela tendrá que hacerse cargo. Apelo al dicho africano que recogió José Antonio Marina de que para educar a un niño "hace falta toda la tribu". El modelo educativo con el que yo juego habla de las tres C's: Capacidades, Competencias y Corazón para lo que necesito la Casa, el Colegio y la Calle. Es decir, o jugamos todos o esto no tiene mucho sentido.

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