Febrero, un mes crítico Las bibliotecas se llenan de gente durante este periodo

La peor pesadilla de muchos estudiantes, los exámenes

  • Algunos padecen una gran ansiedad que les provoca insomnio, irritabilidad, vómitos y dolor de barriga · El Gabinete Psicopedagógico de la UGR ayuda a superar un problema que desemboca en el fracaso académico

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Las bibliotecas están a tope un una época en la que el fantasma de los exámenes planea en la cabeza de todo estudiante. Febrero, junio y septiembre son tres fechas críticas en el calendario universitario. Son meses en los que los nervios fluyen por todas partes, los alumnos repasan apuntes por las esquinas de las facultades, compran textos de última hora y madrugan mucho para poder coger un sitio en algún aula de estudio.

Noches sin dormir, esquemas de última hora e, incluso, hay quien aprovecha el tiempo libre para hacerse chuletas. Estas son algunas de las características que definen el periodo de exámenes, una etapa en la que, según los psicólogos, es normal sentir mariposas en el estómago porque los alumnos se enfrentan a una situación estresante.

El problema viene cuando esos nervios típicos que hacen temblar un poco el pulso se incrementan por mil hasta el punto de provocar insomnio, vómitos y dolor de barriga. Síntomas típicos de la ansiedad, una reacción que paraliza la vida de muchos estudiantes universitarios que para evitar el mal trago que les provoca hacer un examen no se presentan a las pruebas. Los profesionales advierten que si esta situación se prolonga en el tiempo, provocará el fracaso académico de los alumnos. De hecho, muchos abandonan la carrera porque no pueden aguantar la situación ni un minuto más.

Algunos ya han superado este problema o se encuentran mucho mejor después de haber recurrido a la ayuda psicológica, pero prefieren utilizar un nombre ficticio para preservar su identidad. Con su testimonio le ponen voz a un problema que sufren en silencio gran parte de la comunidad estudiantil. Lucia estudia Ingeniería de Caminos, una carrera que abandonó durante ocho años por la gran ansiedad que le generaba ir a clase. Ahora con 26 años la retoma con mucho ánimo después de haber asistido a la terapia del Gabinete Psicopedagógico y a las clases de la psicóloga Sagrario López.

Ella reconoce que siempre ha sido una chica con unas notas brillantes y que al entrar en la facultad empezó a suspender muchos exámenes. Una situación que le llevó a frustrarse tanto y a sentirse tan mal consigo misma que hizo que apartara la carrera de su vida. "Me presentaba a uno o dos exámenes durante el curso e iba de vez en cuando a clase, pero la mayoría de la veces lo evitaba. Un circulo vicioso porque a más lo evitaba más ansiedad sentía", admite. Cuenta que intentaba tener la mente entretenida para evadirse y no pensar en su situación. "Echaba más tiempo con amigos, me metía en internet, limpiaba la casa. Aunque también había veces que me autocastigaba y me quedaba encerrada en casa porque sabía que no lo estaba haciendo bien".

La situación que se fue agravando con los años, porque a más tiempo estaba matriculada en la carrera y menos avances obtenía, más ansiedad sentía. "Pero, a la vez, tenía un miedo terrible a presentarme a los exámenes y obtener malas notas. Me paralizaba".

El caso de Marta es diferente, pero la base del problema es la misma: la ansiedad. Ella tiene 31 años y estudia Bellas Artes, su segunda carrera. Una licenciatura en la que, como reconoce, no hay que estudiar mucho, pero sí hacer gran cantidad de entregas: dibujos, esculturas o cuadros en los que ella siempre quería obtener la mejor nota, un diez. Marta reconoce que tiene una personalidad exigente y perfeccionista en lo que se refiere a los estudios porque más tarde quiere realizar el doctorado, pero además de eso, también tiene un trabajo a media jornada. Unos ingredientes idóneos que le provocaron un fuerte estrés, por lo que también tuvo que recurrir a la ayuda psicológica. "Yo tenía pesadillas por las noches, altibajos emocionales, insomnio, estaba muy irritable casi siempre y me ponía peor de ver que nadie me comprendía. Me decían: no sé cómo te puedes poner así por esa tontería. Los demás no entienden que te agobies por una cosa pequeña, pero es que no es solo una, sino otra entre muchas. Me sentía como una marciana".

Y de nuevo, la pescadilla que se muerde la cola. "Como te sientes mal no haces nada y, así, te sientes luego peor", afirma. Por eso, está muy feliz de haberse puesto en contacto con el Gabinete porque le han dado pautas para afrontar su problema. "Estoy mucho mejor después de haber verbalizado los problemas y de que alguien me guía en ese embrollo y Sagrario ha sido una gran ayuda en todo ese proceso".

La ansiedad de Marta no se ceñía al momento del examen concretamente, sino a la gran presión que sentía por todas las actividades que quería llevar adelante. "Estar pensando en el futuro te impide hacer lo que estás haciendo hoy", un consejo que le sirvió para superar, en parte, esta situación. "Allí me enseñaron que al subir la montaña, no se debe mirar a la cima, sino pensar en el siguiente obstáculo". Una metáfora que extrae de todo el aprendizaje adquirido y que, a partir de ahora, no lo aplicará solo a los estudios, sino que lo utilizará a lo largo de su vida.

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