El dueño de los pit-bull que mataron a un anciano elude su responsabilidad en los hechos
Tribunales
El acusado ha admitido que a veces se escapaban y que no sometió a los animales a ningún cuidado especial porque ignoraba que esa raza lo requiriera.
El dueño de los tres perros pit bull que mataron a dentelladas a un hombre de 78 años en Pinos Puente ha eludido cualquier responsabilidad en los hechos, aunque ha admitido que a veces se escapaban y que no sometió a los animales a ningún cuidado especial porque ignoraba que esa raza lo requiriera.
Así lo ha manifestado hoy el acusado, Juan M.P., en el juicio seguido contra él en el Juzgado de lo Penal 3 de Granada, que ha quedado visto para sentencia después de que la fiscal, que le pide dos años de cárcel por un delito de homicidio por imprudencia temeraria, elevara a definitivas sus conclusiones provisionales.
La acusación particular, que solicita para él cuatro años y 120.000 euros de indemnización, ha ratificado su petición, mientras que la defensa, que pide la absolución, ha incluido la alternativa de falta por imprudencia leve con resultado de muerte y que de estimarse la responsabilidad civil ésta no exceda de lo establecido para accidentes de tráfico, lo que se traduciría en un máximo de 74.000 euros para la viuda y de 8.000 para cada uno de los hijos.
Durante su declaración ante el juez, el acusado ha dicho que los perros no estaban vacunados ni sometidos a ninguna atención especial porque desconocía que la ley lo exigiera para ese tipo de razas.
Ha dicho que los perros solían estar en su finca "unas veces atado y otras sueltos", que el fallecido "chinchaba y molestaba" en ocasiones a los canes a través de la cerca que separaba las fincas de uno y otro y que nunca había entrenado para agredir a los pit bull, que tenía para que le hicieran compañía y por seguridad, ya que en diez años le habían entrado a robar "siete u ocho veces".
Según el acusado, los perros se escapaban a veces por los huecos que tenía la valla al haber sido forzada por quienes intentaron acceder a su finca, y él acudía a recogerlos cada vez que los vecinos, en quienes dice no haber constatado nunca que tuvieran "temor" a estos tres animales, le avisaban de que andaban sueltos.
Ha sostenido que cada vez que la cerca sufría algún desperfecto lo arreglaba, que llegó a solicitar al Ayuntamiento medidas para reforzar el vallado de su finca y que para tapar la oquedad por la que se escapaban los perros puso, "bastante tiempo antes" de que ocurrieran los hechos -en enero de 2007- una jaula de grandes dimensiones para tapar el boquete.
El acusado ha asegurado que en los cinco o seis años que tuvo a los perros -acogidos en la actualidad en una sociedad protectora-, jamás atacaron a nadie.
Uno de los agentes que participaron en la inspección ocular y posterior informe ha declarado que cuando se produjeron los hechos el acusado "no colaboró en absoluto" y se negó a entregarles los perros hasta que, tres horas después, se lo autorizó su abogado.
Otro guardia civil ha dicho que los indicios apuntan a que la jaula había sido desplazada poco después del suceso porque, tal y como la encontraron tras el accidente, era prácticamente imposible que los perros se escaparan y accedieran de nuevo a la finca por allí, cuando sí lo habrían hecho porque había restos de los canes.
Todos los testigos, en su mayoría vecinos, han ratificado que a veces los perros andaban sueltos, sin bozal y sin correa, pero mientras algunos han asegurado que tenían "miedo" de ellos por su "agresividad", otros han dicho que no eran especialmente peligrosos y que no tenían constancia de que causaran temor en el vecindario.
El hijo de la víctima ha recordado que ya denunciaron al acusado una vez por un incidente con los perros y ha asegurado que éste "nunca hizo caso" de las quejas y advertencias contra sus canes porque decía que tenía "un buen seguro", mientras que la hija del procesado ha dicho que lo habitual era que los perros permanecieran en la finca y que sólo se escapaban "una o dos veces al año".
La víctima, que recogía ramas de olivo cuando fue atacado por los perros, presentaba heridas, fundamentalmente en un antebrazo y las dos piernas, con fractura de cúbito y peroné y destrucción de masa muscular y elementos vitales, según el informe forense, que acredita que las dentelladas pertenecían a los tres perros en cuestión.
Según el responsable de la sociedad protectora donde están acogidos, los perros no estaban entrenados para morder y desde el tiempo que llevan allí no han mostrado agresividad.
Para la fiscal, esta muerte no fue fortuita, sino fruto de una negligencia grave del acusado, que ha demostrado una "absoluta indiferencia y omisión" en la adopción de medidas que evitaran la situación y un "total desprecio hacia la vida de sus vecinos".
La defensa ha considerado por su parte que existen "serias dudas" de que fueran esos perros los autores del ataque, por lo que "ante la duda procede la absolución", y que la "tragedia" de este hecho no puede conllevar la culpabilidad de su defendido.
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