La planta donde la basura tiene una segunda vida

El complejo Loma de Manzanares de Alhendín recibió el año pasado 377 millones de toneladas de residuos de 126 municipios de la provincia · Recuperó el 12,01%

David Lendínez / Granada

12 de febrero 2012 - 01:00

Aunque se conozca o solo se intuya en qué consiste el proceso de reciclaje, no deja de sorprender que los montones de compost -resultante orgánico empleado en la agricultura y jardinería- apilados en la planta de Alhendín fueron en su día residuos recogidos de la basura diaria, los denominados sólidos urbanos.

El complejo medioambiental Loma de Manzanares, dependiente de la Diputación de Granada, es el lugar a donde acuden a diario los camiones de basura cargados con los restos de 126 de los 168 municipios de la provincia, lo que significa que cubre la demanda de 765.000 habitantes.

La planta de Vélez de Benaudalla se encarga de la zona de la Costa y de la Alpujarra. Lo que recibe la de Alhendín son los envases de plástico del contenedor amarillo y los de la cuba con la basura de toda la vida, la orgánica. El vidrio y el cartón terminan en otros recuperadores.

Los envases ligeros se clasifican para diferenciar por ejemplo una lata de una bolsa. El gerente de Resur Granada, el Consorcio Provincial de Residuos Sólidos Urbanos, José Manuel Soto, explica que también se distinguen los plásticos porque no es la misma densidad la de una botella transparente que la de un detergente o un tetrabrik. Así, el año pasado estas instalaciones recibieron 7,9 millones de kilogramos de estos envases de los que recuperó más de 4,1 (51,89%). Resur reconoce que aún hay personas que no usan bien el contenedor amarillo. El 30% de lo que recibe está mal depositado, lo que dificulta su posterior recuperación.

A la entrada de la planta, que ocupa unas 90 hectáreas, hay una báscula en la que se pesa la carga del camión, que comunica de donde procede. Sirve para saber lo que tiene que pagar cada ayuntamiento al Consorcio. Son unos 20 euros por tonelada.

Luego los conductores ascienden a los fosos de recepción donde depositan la basura, que un pulpo electrohidráulico transporta a un alimentador que introduce los residuos en las cabinas de triaje. Significa el comienzo de la selección manual de elementos.

Resur habla de triaje positivo o negativo dependiendo del valor de lo escogido. En la primera cabina dos operarios apartan los elementos voluminosos como colchones, cartones grandes, motores, bloques de hormigón o lavadoras que pueden entorpecer el funcionamiento de la maquinaria. Estos trabajadores han visto casi de todo en esta fase. También se evitan los elementos metálicos con valor comercial, que pueden ser voluminosos como tendederos o no voluminosos como trozos de cobre y aluminio y, en general, metales no magnetizables. Con los magnetizables no hay problemas porque se recogen posteriormente y de manera automática mediante un electroimán.

Una vez separados los voluminosos, abiertas las bolsas y de haberse retirado la fracción orgánica a través de una criba rotatoria (tromel) se puede separar de manera más asequible y manual elementos de valor en el reciclaje como plásticos y papel-cartón. Es lo que sucede en el triaje secundario.

Hasta aquí el proceso mecánico que da paso a la fase del compostaje. La materia orgánica depositada en esta era necesitará entre 10 y 12 semanas para su transformación en abono orgánico. En este punto, los técnicos prestan especial atención a los microorganismos responsables de la transformación del material. Una máquina volteadora remueve los restos para favorecer su aireación y humedad.

La penúltima fase se denomina afino, que elimina las impurezas del compost como pequeños trozos de vidrio, cerámicas y plásticos. Los resultados se consiguen mediante un nuevo cribado. Finalmente, el producto llega a la zona de maduración, donde le espera un reposo de unas ocho semanas. Tras las cuales, se obtiene un compost con capacidad de enmendar las propiedades físicas y químicas del suelo, lo que mejora las características para los cultivos.

El año pasado llegaron a estas instalaciones 377 millones de kilos de materiales orgánicos y se recuperaron 45,3 de subproductos (3,2 de materiales de residuos sólidos urbanos, 7,9 de envases y 34,3 de compost), es decir, un 12,01% de lo que entró.

En esta última década se ha producido un incremento de residuos hasta 2007, paralelo a la bonanza económica, y a partir de esta fecha -arranque de la crisis- desciende la producción. La bajada de 2011 con respecto a 2010 se situó en el 1,8%.

Resur informa que los materiales que se recuperan terminan en las industrias del reciclado como papeleras, siderurgias o fábricas de plástico. De hecho, existe un acuerdo entre la empresa explotadora y Resur para regalar a los ayuntamientos el compost que necesiten para sus jardines públicos.

La bajada de la basura orgánica contrasta con el despegue de los envases. El Consorcio Provincial interpreta estos datos con la dotación a los municipios de más contenedores y con las campañas de comunicación que han servido para concienciar a los usuarios de la provincia.

No obstante, aún queda bastante camino por recorrer para mejorar los datos de recuperación. En este punto, es vital el reciclaje en origen. "Si hubiera más concienciación desde el principio, los procedimientos serían más baratos y el coste para los ayuntamientos también sería menor", reconoce José Manuel Soto. También influirá la mejora de la producción.

El material sobrante irrecuperable se deposita en un vertedero, de unas 20 hectáreas, que se encuentra en el mismo complejo, en el que trabaja un centenar de trabajadores, cuya labor se desarrolla en dos turnos: el de mañana y el de tarde.

La primera parte de esta zona ya está sellada. Se aprecia en unas chimeneas que surgen de las capas de tierra que están por niveles y que sirven para expulsar los gases de los restos.

El vertedero va creciendo conforme la basura se acumula. La base de este suelo está impermeabilizada con una lámina asfáltica para aislar el agua de lluvia que penetra entre la basura dispuesta. El objetivo es que el líquido que al pasar por los restos acumulados se contamina no llegue al subsuelo ni a los arroyos. El agua acaba en unas balsas y luego se depura.

Así se entiende que este cementerio definitivo de los residuos no afecte a los campos de cultivo colindantes. Las capas de basura se van enterrando en la tierra y así se van alzando estas montañas. Al fondo de este escenario, varias máquinas se encargan de distribuir y apilar los deshechos. También prensan gracias a que sus ruedas llevan unos pinchos metálicos que compactan el nuevo suelo.

Las competencias del tratamiento corresponden a la Diputación, mientras que los ayuntamientos se encargan de la recogida, bien con sus medios propios -habitual en las localidades pequeñas- o a través de concesionarias -más de consistorios con más densidad de población-. Los puntos más alejados de esta planta, como la comarca de Baza, llevan su basura a las denominadas plantas de transferencia, donde los residuos se compactan para que ocupen menos volumen y, por tanto, el transporte de la carga es mucho más barato.

Es habitual que los escolares acudan a un aula de formación de la planta para conocer el proceso. Salen fascinados con lo que descubren.

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