Ayer y hoy

El príncipe Juan pudo cambiar Granada

  • El 4 de octubre de 1497 murió el 'ángel' de la reina Isabel la Católica, su único hijo varón

  • Gracias a ello queda en Granada la huella de Carlos V, la Universidad y un palacio en la Alhambra

El príncipe Juan a caballo entre los Reyes Católicos (detalle de la Rendición de Granada). El príncipe Juan a caballo entre los Reyes Católicos (detalle de la Rendición de Granada).

El príncipe Juan a caballo entre los Reyes Católicos (detalle de la Rendición de Granada). / F. Pradilla

Es difícil y poco serio, aunque divertido, hacer historia ficción; saber cuál sería el futuro si tales o cuales sucesos no hubiesen ocurrido. Pero hagámoslo por una vez recordando que fue un 4 de octubre, día de San Francisco, de hace 523 años, cuando murió Juan el príncipe de Asturias, el único hijo varón de los Reyes Católicos en el que estaban puestas todas las esperanzas de la sucesión de los reinos de España. Así lo recoge el cronista Pedro Mártir de Anglería en la carta 182 de su Opus Epistolarum: "Su muerte llena de profundo luto a España. El cadáver fue trasladado a Ávila y allí queda enterrada la esperanza de España". Hasta el poeta y músico Juan del Enzina dedica a su dolorosa muerte una obra que empieza "Triste España sin ventura / todos te deben llorar / despoblada de alegría…".

Hoy su sepulcro bellamente labrado por el italiano Domenico Fancelli, el mismo que hace en Granada el de los Reyes Católicos en la Capilla Real, se guarda en el Convento de Santo Tomás de Ávila. Esto hizo que las coronas recayeran sobre su hermana Juana la Loca y Felipe el Hermoso, los padres del emperador Carlos V. De no haber muerto el príncipe Juan y además sin descendencia, no podríamos hablar de la huella carolina en Granada: la fundación de la Universidad, la construcción de la Catedral o la del palacio renacentista en la Alhambra. 

Mausoleo del Príncipe Juan. Mausoleo del Príncipe Juan.

Mausoleo del Príncipe Juan. / Fancelli

¿Qué fue de este príncipe Juan? Dicen los cronistas que era niño delicado, enfermizo, atacado de continuas fiebres, pero educado con esmero por su madre Isabel que veía en él, al que llamaba "mi ángel", el futuro sucesor de tan dilatados tronos. Amaba la música, la poesía, la caza y sabía latín teniendo como profesora nada menos que a Beatriz Galindo, La Latina, que ya lo había sido de su madre. Todo el cuidado que en él se ponía era poco. Siguiendo al cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, coetáneo del príncipe Juan y posterior cronista de Carlos V, nos enteramos de su vida con pelos y señales pues la deja escrita en su Libro de la Cámara Real del príncipe don Juan (1548).

Dicen que unía a su delicada salud algunas virtudes como era el sentido de la amistad, siempre estaba rodeado de caballeros amigos de fiestas, juegos y cacerías; virtuoso cristiano de misa diaria y generoso con sus servidores animado por los consejos de su madre Isabel. Fue ella la que le enseñó a regalar su abundante ropa a sus criados, porque "es gran defecto del rey no saber dar e gratificar a los que le aman y le sirven", dice el cronista Fernández de Oviedo.

Margarita de Austria, esposa del príncipe Juan. Margarita de Austria, esposa del príncipe Juan.

Margarita de Austria, esposa del príncipe Juan. / G. H.

A los seis meses de casado y con tan solo 19 años murió el príncipe Juan. Achacan su prematura muerte a los excesos amorosos habidos con su bellísima esposa Margarita con la que pasaba días y noches de luna de miel sin apenas salir de la habitación. La villa soriana de Almazán fue testigo de aquellos amores. Su madre Isabel era aconsejada por los médicos de que apartara a su enfermizo hijo, a "su ángel, de los placeres de la alcoba por encontrarlo "paliducho y algo chupado”, pero la católica reina recordó que lo que Dios ha unido para nada lo separen los hombres.

Era Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso y "si la vieras creerías estar viendo la mismísima diosa Venus", dice Anglería en su carta 176. Había quedado embarazada pero de una niña que murió en el parto por lo que las coronas de los Reyes Católicos acabarían en las sienes de Juana la Loca y Felipe el Hermoso y luego en la de su hijo, el que sería emperador Carlos V que tantísimo legado dejó en Granada.

Lo que hubiera sido de Granada si en vez de Carlos V hubieran reinado en España sus primos, los herederos del enfermizo Juan y la bellísima Margarita de Austria, es una elucubración que ya no corresponde a los historiadores. Y yo, la verdad, no lo sé.

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