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Excursiones con harry por granada

Una ruta en la que el colesterol nunca se pone por las nubes

  • Aveces Harry y yo salimos de paseo tan temprano que las calles están recién puestas. El domingo pasado quedamos a las siete y media de la mañana en el Paseo del Salón

A veces Harry y yo salimos de paseo tan temprano que las calles están recién puestas. El domingo pasado quedamos a las siete y media de la mañana en el Paseo del Salón. A esa hora por allí había cuatro o cinco paseadores de perros, algún que otro barrendero y una reata de jóvenes que venían de pasar la noche en blanco: se notaba mucho porque todos andaban en plan sinuoso y porque llevaban sus caritas desmejoradas por la marcha y la vigilia.

Por nuestro lado pasó una pareja que era para describirla. El joven, alto y flaco, con cresta cheroqui y argolla en la nariz, llevaba cogida de la mano a una chica de falda corta (muy corta a pesar de la inclemencia de la mañana) y medias de rejilla salpicadas de desgarrones que dejaban al descubierto grandes zonas de carne pálida. Tenía ella la mitad de la cabeza rapada y la otra mitad cubierta de mechones azules y anaranjados. En su rostro angelical el rímel corrido había formado mapas de suciedad en torno a los ojos.

-A mi casa llega un hijo así por la mañana y me pego un tiro -le digo a Harry tras pasar junto la pareja.

-No juzgar a la juventud. Ellos tener conceptos de vida que no ser tuyos -dijo Harry, que me contó que uno de sus hijos, uno que actualmente es ingeniero informático en Silicon Valley, cuando era adolescente tenía una pinta parecida al joven que había pasado por nuestro lado.

-Ahora siempre va con traje y corbata. Una cosa es ser joven y otra haber pasado vida -dice Harry con una sonrisa en la boca.

El plan del día consistía en comenzar viendo una exposición de Sebastiao Salgado que hay en el Paseo del Salón y después ir a la Fuente de la Bicha por la llamada Ruta del Colesterol, sendero que diariamente recorren muchos granadinos con la intención de arañarle unas milésimas a los niveles del lípido en cuestión.

Harry es un fiel admirador del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. Se había enterado de que se había montado una exposición al aire libre en el Paseo del Salón con varias de sus fotografías y quería verla detenidamente. La mañana estaba lechosa por una niebla no demasiado espesa que se había formado en torno al río Genil. Ese aspecto fantasmal que confiere la bruma le añadía a las fotografías en blanco y negro de Salgado un grado más de espectacularidad y misterio. Harry me explica que esa exposición (se llama Génesis) ya la había visto él en Londres y que el fotógrafo lo que pretende es buscar los orígenes del planeta que habitamos, un mundo que ha evolucionado durante miles de años antes de verse enfrentado al ritmo de la vida moderna.

La verdad es que el trabajo del documentalista es épico y fascinante. Son fotografías de paisajes, animales y personas alejados del mundo moderno: regiones vastas y remotas, intactas y en silencio. Paisajes terrestres y marítimos, ecosistemas y comunidades humanas que se han mantenido intactas a lo largo de los siglos.

-Esto demostrar que todavía hay sitios en el mundo donde el hombre no ha hecho de las suyas -dice Harry.

Hay una foto de miles de pingüinos en una isla desierta que realmente es impresionante. Y una de un iceberg en forma de castillo de hielo que te deja embobado y con la vista pegada a la imagen. Harry necesita al menos cinco minutos en cada foto. Me explica en cada una lo que sabe del sitio y de la técnica que utiliza su fotógrafo preferido. Al terminar, se siente como ese niño al que su padre ha llevado al fútbol el día en que gana su equipo.

Tras visitar la exposición tomamos café en Las Titas, ese quiosco romántico tan peculiar en la historia de Granada. Al pasar por el Puente Verde le explico a Harry que fue construido en 1810, durante la ocupación de las tropas napoleónicas, a iniciativa del general francés Sebastiani, que hizo que trajeran las piedras del campanario del monasterio de San Jerónimo. Un desastre porque se desvistió a un santo para vestir a otro.

Si la Ruta del Colesterol fuera una arteria o una vena, las personas que van por ella pueden ser esos lípidos que van dando tumbos hasta llegar a los órganos vitales. Tiene un recorrido de diez kilómetros si se consigue llegar hasta Pinos Genil. Pero lo normal es que los andarines vayan hasta la llamada Fuente de la Bicha y vuelvan. Por allí el chándal es la ropa más común y la fauna humana es tan rica en intenciones como en propósitos: andarines, corredores, ciclistas, practicantes del moto cross, paseantes de perros… Una fauna por la que jamás se hubiera interesado Sebastiao Salgado. La edad recorre todo el arco de la vida y tan pronto se puede ver a un niño de diez años como a un veterano de ochenta.

Tras pasar por las instalaciones deportivas de la Bola de Oro, hay una escultura de una bola de acero de acero con dos manos que abren una grieta de la que sale un chorro de agua. Harry se interesa por la escultura y le cuento que fue puesta allí hará un lustro en recuerdo de un abuelo y su nieto que murieron en unas trágicas inundaciones en 1968. Yo cubrí para el periódico en el que trabajaba aquel acto y aún recuerdo lo que me dijo José Enguix, hermano del niño fallecido: "Las aguas controladas son una bendición, pero las incontroladas pueden ser una maldición".

Lo que llevamos siempre a nuestra izquierda es el río Genil, que bravo y generoso circula por allí con el ánimo del deber cumplido. Son las nueve de la mañana y ya encontramos a decenas de personas que persiguen el propósito de evitar el sedentarismo. Pasamos por varias huertas y le explico a Harry que en otras épocas de año (en primavera y verano) es fácil ver a algún que otro hortelano ofreciendo los productos recién cogidos de ellas: tomates, lechugas, alcachofas…

Cuando se camina la conversación fluye de manera diferente a cuando estás en reposo. Es como si la lengua y los pensamientos quisieran adecuarse a los pasos. Harry y yo nos enzarzamos en una conversación sobre lo difícil que está siendo en España formar gobierno tras las elecciones. Ahora se celebran también elecciones en Irlanda y Harry teme que allí pase lo mismo que en España. Me dice que su país ha sido el más aplicado en la imposición de la austeridad para salir del agujero, esa receta que ha tumbado Gobiernos en Grecia, Portugal y España. Por eso el mensaje de Irlanda a Europa será importante. Harry ya ha votado por correo.

-De todas maneras, Harry, estar sin gobierno no es tan malo.

-No entender lo que tú decir -comenta Harry.

-Pues que aquí en España llevamos dos meses sin Gobierno y desde entonces no ha habido leyes represivas, no han subido los impuestos y encima ha bajado la gasolina.

Harry se echa a reír por mi ocurrencia y dice:

-Mi paisano Bernard Shaw decir que las epidemias tener más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia.

-Pues Borges creía que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos. Así que ya falta menos.

En el camino, en una rampa de sendero de unos doscientos metros, está la Fuente de la Bicha. Le propongo a Harry hidratarnos un poco en el pequeño manantial y él accede gustoso. Nos sentamos debajo de una inmensa higuera que hay enfrente y seguimos con nuestra charla, ahora centrada en el cine, pues Harry me recomienda que vaya a ver la película Juventud.

Llevamos un cuarto de hora sentados cuando veo que Harry tiende su mirada lenta en derredor y al cielo. Después se mira al reloj y pregunta:

-¿Falta mucho para terminar ruta? Es que tengo que acompañar a Dorothy a un vivero. Ella querer plantar flores.

-Pues no hay más que hablar, Harry. A plantar flores.

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