Granada

Un estudiante de la Universidad de Granada atrapado en Galicia: crónica de un segundo confinamiento

  • El alumno de la UGR relata cómo está siendo su segundo aislamiento en la costa de Lugo: "Nos espera un verano cargado de incertidumbre, rebrotes y restricciones".

Un estudiante de la UGR atrapado en Galicia: crónica de un segundo confinamiento Un estudiante de la UGR atrapado en Galicia: crónica de un segundo confinamiento

Un estudiante de la UGR atrapado en Galicia: crónica de un segundo confinamiento / Adriana Galdo

Eran las 23:55 del domingo 5 de julio y estábamos dentro del coche, parados frente al control que había establecido la Guardia Civil al final del puente que, alzado sobre el río Sor, une la costa de A Coruña con A Mariña Lucense. Las gotas de lluvia golpeaban el cristal y, a nuestra derecha, un cartel rezaba: “Bienvenido a la provincia de Lugo”. Pero lo cierto es que solo cinco minutos más tarde y durante los próximos cinco días, nadie iba a ser bien recibido allí.

Un rebrote que no paraba de sumar positivos llevó a la Xunta a tomar la decisión de aislar la comarca hasta el viernes próximo. Una medida tímida y de dudosa efectividad cuya brevedad estaba claramente marcada por la inminencia del 12 de julio, día en el que los gallegos están llamados a las urnas tras el aplazamiento de la fecha inicial, el 5 de abril.

La misma pareja de la Benemérita que ahora revisaba nuestra documentación nos había adelantado en la carretera tan solo unos minutos antes. Quizás apuramos demasiado nuestras últimas horas de libre movimiento, pero cruzamos el límite antes de que entrara en vigor la medida que nos dejaría confinados por segunda vez este año. Los agentes nos informaron de la nueva situación y nos dejaron seguir con nuestro camino al verificar que nos dirigíamos a nuestros domicilios.

Conservatorio de música de Viveiro (Lugo) Conservatorio de música de Viveiro (Lugo)

Conservatorio de música de Viveiro (Lugo)

Horas antes, los madrileños que cada verano suelen ocupar sus segundas residencias en la zona se veían haciendo las maletas y emprendiendo el camino de vuelta a la capital antes de lo previsto. Nadie quería quedarse confinado de nuevo. La marcha de los turistas nacionales, que son los que más frecuentan Viveiro, devolvió sus calles a los días de desescalada en los que casi ningún foráneo paseaba por allí.

Fernando, que regenta un restaurante cercano a la playa, lamenta la situación: “Justo empezaba a haber movimiento otra vez. Estábamos volviendo a trabajar bien… Ahora se van todos los turistas y ni si quiera el tiempo acompaña para que la gente pueda sentarse en la terraza a tomar algo”.

El primero de los dos confinamientos que ha sufrido esta región no solo obligó a los establecimientos no esenciales a cerrar durante cerca de dos meses, sino que además le arrebató el acontecimiento que mayor impacto económico genera a lo largo del año, el Resurrection Fest, un festival de música que cada principio de julio atrae a alrededor de 100.000 personas de diferentes nacionalidades, quintuplicando la población de Viveiro durante los 3 días que dura el evento. Cualquier otro año en estas mismas fechas la ciudad estaría llena de vida; los hoteles estarían al 100% y gente de todas partes de Europa estaría comprando en sus tiendas, comiendo en sus restaurantes y bebiendo en sus terrazas.

Terraza vacía en Viveiro (Lugo) Terraza vacía en Viveiro (Lugo)

Terraza vacía en Viveiro (Lugo)

De camino a la Playa de Area me doy cuenta de que El Flora, el chiringuito en el que había tenido que esperar para coger mesa la semana pasada, está ahora completamente vacío. Ya en la arena, tampoco resulta demasiado difícil respetar la distancia de seguridad. La orilla se hace inmensa. Solo unos cuantos residentes toman los tímidos rayos de sol que se han atrevido a asomarse entre las nubes que se han apoderado del cielo esta semana.

La noche se nos echó encima y decidimos ir a cenar. Al sentarnos en la terraza, el camarero, tras la mascarilla, nos advierte de que a las doce tienen que cerrar, de lo contrario podría caerles una buena multa. Así que nos ahorramos el postre, pagamos y andamos de vuelta a casa.

Por el camino me percato de que todos los comercios lucen en su escaparate un cartel que dice “Alcoa non se pecha”. Se trata de la planta de San Ciprián, una fábrica de aluminio que sustenta de forma directa e indirecta a gran parte del tejido socioeconómico de A Mariña y que amenaza con echar el cierre. Por si dos confinamientos fueran poco castigo para la economía de la zona, también tienen que lidiar con el miedo a que la multinacional que más empleo genera en la comarca decida prescindir de toda su plantilla.

Los vecinos de la zona saben de la importancia de esta industria para A Mariña y no dudan en solidarizarse con la lucha de los trabajadores. Las ya habituales caceroladas vuelven a sonar en los balcones reclamando la nacionalización, los negocios cierran a modo de protesta y la estatua de Nicomedes Pastor Díaz que se alza en la plaza del ayuntamiento lucía hasta hace unos días un chaleco reflectante en apoyo al comité de empresa.

Comercios de Viveiro se solidarizan con Alcoa Comercios de Viveiro se solidarizan con Alcoa

Comercios de Viveiro se solidarizan con Alcoa

Javier y Rosa son los dueños de uno de esos negocios que cerró en apoyo a la protesta de los trabajadores de Alcoa. Regentan el restaurante italiano Pizza Tutto. La posibilidad de realizar repartos a domicilio les permitió permanecer abiertos durante el estado de alarma y minimizar así el impacto del Covid-19 en su negocio. Con la vuelta a la nueva normalidad no quisieron recuperar las mesas en el local y siguieron sirviendo exclusivamente a domicilio, lo que les ha mantenido preparados ante una situación similar.

Al tiempo que escribo estas líneas me entero de que la Xunta ha decidido ampliar 5 días más el confinamiento perimetral que afecta a A Mariña. Sin duda, son tiempos difíciles. Nos espera un verano cargado de incertidumbre, rebrotes y restricciones.

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