Crítica de toros | Corrida extraordinario de la festividad de la Virgen en Granada

El 'juvenil' Enrique Ponce triunfa en Granada

  • Buena tarde aunque los toros no estuvieron a la altura

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El 'juvenil' Enrique Ponce triunfa en Granada

Buena tarde de toros vivida en la Nueva Plaza de Toros de Granada, con tres toreros con muchas ganas de agradar, lástima que los toros no estuvieron a la altura de las circunstancias. 

Abrió plaza el torero de Chiva, Enrique Ponce, que dio toda una clase de honestidad y profesionalidad, después de 30 años de alternativa, siendo el triunfador de la tarde con tres orejas, y mostrándose en novillero. Lucía un vestido blanco roto y azabache, tan bonito como su arte, le tocó en suerte primero un toro negro mulato, de nombre Sambuca, que pesó 467 kilos. Lo recibió con el capote con un ramillete de verónicas abrochados con una excelente media.

No estaba el toro para mucha actividad, aunque humillaba no finalizaba los pases, pero enfrente está uno de los que más saben y llevándolo tapado y suave, logró sacar pases de uno en uno con la derecha. Por el pitón izquierdo y con mucha mimosidad logra naturales enroscados que van ganando en plasticidad conforme pasan las series. Tira la espada al suelo, y sin ayuda, muy despacio, desmallado, encunado en la cara del toro, regala al público una genial tanda con su mano derecha. Dos poncinas para cuadrar y clavar una estocada entera que es suficiente para acabar con Sambuca. Es premiado con una oreja. 

Con el cuarto de la tarde, el mejor toro, de nombre Sainitero, castaño de capa, con casi 500 Kilos de peso, nacido en Marzo de 2016, y que fue aplaudido en el arrastre, llega la apoteosis de Ponce, en una plaza que siempre le ha gustado. El toro empuja y mete los riñones en el puyazo, pero da síntomas de buscar querencia. Ponce lejos de traerlo hasta la zona habitual de comienzo de faena, lo deja allí y va a buscarlo, pronto lo trae a los medios.

Al son del pasadoble Cielo Azul, comienza la faena de muleta, con series cortas, pero profundas y con pellizco. Alterna por ambos pitones, toreando a cámara lenta, desmayándose, pisando terrenos de riesgo, cebándole y tapando las carencias del animal. Cuando la faena estaba hecha, sorprende a todos, se pone en novillero, primero con una serie de poncinas de escándo y, por si fuera poco, rodillas en tierra instrumenta seis pases que adorna con un molinete final.

Aspecto de la plaza. Aspecto de la plaza.

Aspecto de la plaza. / Jesús Jiménez / Photographerssports

La plaza se pone boca abajo, pero quería más el valenciano, entra a matar recibiendo, lástima que pincha, pero en el segundo intento, con el toro pegado a tablas consigue una estoca entera en todo lo alto. Rueda el toro y recibe dos orejas. 

Curro Díaz, que vestia de purísima y oro, venia dispuesto a triunfar, arte y calidad no le faltan al de Linares, pero se encontró con el peor lote de la tarde. Primero salió al ruedo, segundo de la tarde, un toro colorao de capa, de nombre Secuestrador, en el caballo peleó de forma desigual, derribando primero y yéndose después al que hacia puerta.

Antes lo recibió con el capote a la verónica rematando con una media de cine. Brindó al público, seguramente que vio algo de inicio que luego no resultó. Con doblones y trincherazos saca al toro de tablas para comenzar la faena de muleta, intentando que no toque las telas para que no se descomponga. Por el pitón izquierdo era un poco más potable, consiguiendo Curros algunos naturales de su firma, pero el animal no quería pelea y por mucha voluntad que derrochó el torero, no tuvo ni plasticidad y tampoco emoción. Decidió dar finalizada la faena en la suerte contraria, pero al embroque recibió un paletazo en el codo, lo que dificultó la muerte suprema, teniendo que entrar tres veces y usando el descabello. Saludó desde el tercio. 

Con el quinto toro, segundo de su lote, otro desrazado, distraído, sin fijeza, que pasaba con la cara en la esclavina del capote, tampoco pudo lucir Curro Díaz, que después del éxito de Ponce salió a por todas, pero enfrente no tenia nada.  No quiere irse de vacio, lo intenta por ambos pitones, con constancia y seguridad, sin aburrirse, pero ante la falta de calidad del animal, toca el arreón, tarea difícil ante un marmolillo, pero saca una buena tanda de molinetes con su mano izquierda. Consigue clavar una estocada entera y el premiado, por su disposición y ganas, con una oreja. 

Cerraba el cartel en francés Sebastián Castella, que se presentó en Granada luciendo un vestido color azul Soraya y oro. El primer toro de su lote, de nombre Danzarina, fue devuelto a los corrales por falto de fuerza. Corrió el turno y lidió por delante el que, inicialmente seria sexto y último. Un toro negro listón, llamado Nigromante, sin clase, manso, descastado, que nunca quiso lucha. Lo recibió de forma magistral a la verónica, con las manos bajas, abrochándolas con dos chicuelinas ceñidas y una media.

Con la muleta, de inicio lo saca a los medios con doblones y trincherazos, y pase de pecho. Solo le aguantó la primera tanda, a la segunda se rajó, y tuvo Castella que seguir la faena pegado a tablas. Allí, con mucho cuidado de que no tocara las telas, llevó al toro tapado y acortando las distancias, intentando provocarle para que embistiera, así logró algunos pases de interés, estando siempre por encima del animal. Mata de estocada casi entera, algo trasera y caída, pero suficiente para que Nigromante rodara por el albero. Recibió una oreja, tras aviso. 

Y cerró la tarde, ya bien entrada la noche, con un sobrero, también de la ganadería de Juan Pedro Domecq, que era el primer sobrero. De nombre Ranchero, muy bien presentado, un toro negro de 473 kilos de peso,  comenzó a humillar bien con el capote de Castella, pero nada más llegar al caballo dobló las manos, dando síntomas de mucha flojeza. Anduvo muy firme el francés con el toro, que lo trató con mucho mimo, dejándole la muleta en la cara y llevándolo sin tirones, intentando torear en redondo. Al natural le da pecho, pero la carencia de ritmo del animal en su embestida desluce los pases y no transmite emoción. Finalizada por el pitón derecho, llevándose un susto al ejecutar un pase cambiado, pero cada vez el toro tiene menos celos, se defiende y pierde las manos. Mata, en la suerte contraria, de una estocada entera, y es premiada su labor con otra oreja. 

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