Granada CF-Athletic | La pizarra

El Granada CF muestra seguridad atrás y velocidad

  • Diego Martínez recupera la zaga de cinco para no encajar y tira de contragolpes para volar a Europa

Carlos Fernández pisa el esférico ante Yerai en una acción del primer tiempo. Carlos Fernández pisa el esférico ante Yerai en una acción del primer tiempo.

Carlos Fernández pisa el esférico ante Yerai en una acción del primer tiempo. / Antonio L. Juárez / Photographerssports (Granada)

Sólo tres cambios introdujo de inicio Diego Martínez en su once inicial frente al Athletic Club en relación al que formó tres días antes contra el Mallorca.

El preparador tenía disponibles, prácticamente por primera vez en toda la temporada, a todos sus medios, aunque tanto Gonalons como Montoro recién salidos de lesión. Ante la baja de Machís por sanción, el gallego optó por el trío atacante formado por Antonio Puertas, Carlos Fernández y Soldado. Junto al nigeriano y el sevillano, la tercera novedad fue la de Domingos Duarte.

Salieron del once, además de Machís, José Antonio Martínez por lesión y Fede Vico por decisión técnica. Diego dio una vuelta de tuerca más a su camaleónico Granada y esta vez regresó al 1-5-2-3, con la gran novedad de que, sin Foulquier, fue Azeez en el que ocupó la posición de carrilero diestro, con Carlos Neva en la izquierda y los tres centrales más habituales: Domingos, Germán y Víctor Díaz.

Carlos Neva controla el balón con el pecho en presencia del cuarto árbitro y de Lekue. Carlos Neva controla el balón con el pecho en presencia del cuarto árbitro y de Lekue.

Carlos Neva controla el balón con el pecho en presencia del cuarto árbitro y de Lekue. / Antonio L. Juárez / Photographerssports (Granada)

El rival

En el Athletic, Garitano refrescó mucho el once inicial que naufragó en la pasada jornada contra el Leganés, dilapidando las opciones europeas de los suyos. El técnico introdujo hasta ocho cambios en su alineación, con Unai Núñez Vesga y Raúl García como los únicos que repitieron. Se colocaron de salida en un 1-4-2-3-1 los vascos, con Raúl García con total libertad en la media punta y oportunidad para varios poco habituales durante la temporada.

Presión alta

Los dos conjuntos apostaron por presionar arriba, lo que impidió que tanto uno como otro movieran con fluidez el esférico y que Rui Silva y Herrerín pegaran más pelotazos arriba de los que, seguramente, hubiera gustado a sus técnicos.

El meta luso evitó el 0-1 en una acción en la que salió bien ante Villalibre después de un error atrás de un Granada que a la ausencia de lucidez con el balón acompañó en los primeros compases demasiados nervios.

Casi siempre era Carlos Fernández el faro arriba para recibir el balón e iniciar ahí la acción de ataque, con Azeez y neva bien tapados en sus respectivos carriles. Cuando menos pasaba en el choque, Vesga se equivocó, Soldado estaba donde tenía que estar y definió, con maestría, como tenía que definir.

Posible roja

Como los Granada-Athletic casi siempre tienen polémica, Del Cerro se encargó de que fuera así al perdonar la segunda amarilla a Dani García, que ya tenía una amarilla e hizo otra falta por la que, claramente, debió de ver otra. No se atrevió el trencilla madrileño a dejar al Athletic con diez en el primer tiempo.

Cambios a la hora

Tardó Diego una hora, ya con el 2-0 en el marcador tras el gol de Antonio Puertas tras otra contra de libro, en mover el banquillo. Entraron al campo Montoro y Gil Dias por Yan Eteki y Soldado. Buscaba el técnico que los suyos tuvieran un poco más el balón y meter oxígeno tanto en las bandas como arriba.

Mantuvo el 1-5-2-3, con Montoro junto a Yangel en el doble pivote y, en el trío de arriba, Gil en la izquierda, Puertas en la derecha y Carlos de punta. Poco después, los dos últimos firmaron la acción del 3-0 para cerrar el partido y estar pendientes de los móviles.

En el cuarto de hora final, Fede Vico, Antoñín y Vallejo entraron por los goleadores que quedaban en el campo y por Víctor Díaz para completar las sustituciones. El técnico mantuvo el mismo dibujo hasta un final que se vivió con más atención a lo que pasaba en otros campos que al propio.

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