Granada CF

Honor eterno para Grande

  • El Mundial que ganó España en 2010 tuvo rastro rojiblanco con el segundo entrenador de Del Bosque, granadinista entre el 74 y el 77

Toni Grande, detrás de Vicente del Bosque, alza el brazo para celebrar el gol de Iniesta en la final del Mundial. Toni Grande, detrás de Vicente del Bosque, alza el brazo para celebrar el gol de Iniesta en la final del Mundial.

Toni Grande, detrás de Vicente del Bosque, alza el brazo para celebrar el gol de Iniesta en la final del Mundial. / THOMAS COEX / AFP

Este serial no podía tener otro cierre. El día de la final del Mundo, el día que se coronará al nuevo rey del planeta fútbol, era de obligado cumplimiento buscar el rastro del Granada CF en el momento más glorioso de la historia del balompié nacional: el Mundial de Sudáfrica. Seguramente pasara desapercibido para toda España, pero cada vez que las cámaras apuntaban en los partidos a Vicente del Bosque, los granadinistas más veteranos no veían al entrenador salmantino, sino al hombre con el que consultaba todas sus decisiones. Ese señor no era otro que Toni Grande, jugador rojiblanco entre 1974 y 1977.

Grande no fue nunca internacional absoluto con España. Jugó 16 partidos con La Roja, pero en las selecciones sub 23, la 'B', una fórmula intermedia para desarrollar futbolistas que daban el salto a sénior pero todavía no tenían el nivel para jugar con 'los mayores', y la olímpica, con la que disputó los Juegos de 1968. Fue un producto de la cantera madridista y uno de los referentes del equipo blanco en la época posterior al Madrid ye-yé. De hecho, pasó a formar parte de su primera plantilla justo dos temporadas después de ganar la última Copa de Europa. Como el propio Del Bosque. Sus ideas del fútbol y sus confidencias les hicieron ser una y carne dentro y fuera de los terrenos de juego. Una amistad que le llevó a la gloria de ser campeón del mundo, aunque fuera como segundo entrenador.

Por su trayectoria, el fichaje de Grande por el Granada CF se convirtió en uno de los más caros, y de los más importantes de la historia del conjunto rojiblanco. Candi le soltó 5 'kilos' al club blanco. En el Madrid había jugado de todo, compartiendo partidos con tótems como Netzer y Pirri, uno de los protagonistas también de esta serie.

En el Granada CF vivió grandes momentos, quizás de los mejores de su carrera deportiva. Apenas dos meses después de haber llegado al club, en noviembre de 1974, participó en el que para muchos historiadores está considerado como el mejor partido de la historia del club granadinista: el 3-3 contra el Real Madrid en Los Cármenes. Grande tomó la responsabilidad de patear el penalti que colocaba el 2-1 ante Miguel Ángel. Los dos se conocían bien de tantas horas en la Ciudad Deportiva madridista. Le ganó la partida. Grande marcó nueve goles aquel año, uno de los más prolíficos de su carrera como jugador, gracias también a que Joseíto le colocó en la media punta, donde sacó un gran rendimiento a su visión de juego, su calidad, y su superioridad en el juego aéreo que lo hacían un jugador difícil de marcar para las zagas oponentes.

En su segunda temporada como rojiblanco sucedió lo inesperado: el equipo bajó a Segunda División cuando miraba a Europa. Encima estaba Miguel Muñoz, entrenador de las glorias madrileñas, que le situó en la medular. Aquel curso, Grande marcó cuatro goles pero el más doloroso lo coló en el arco defendido por Puente. Era el penúltimo partido de la temporada en casa y el Granada necesitaba un solo triunfo para mantenerse después de tirar por la borda una gran primera vuelta. A los 17 minutos del partido contra el Espanyol, el valenciano desvió una pelota hacia su red. El Granada fue incapaz de marcar y el descenso se hacía cada vez más realidad. Tanto, que su última campaña como rojiblanco la disputó en Segunda, ya que al club no llegaron ofertas satisfactorias por él. Le echaron en verano del 77.

Pero Grande nunca dejó de venir para verse con Oruezábal y contarse batallitas en el Chikito. Su puño en alto saltando del banquillo para festejar el gol de Iniesta tenía dibujado el escudo del proyectil invertido. Un trozo de Granada se quedó en él, y por ende, en aquel Mundial que a todos nos hizo felices, y que hoy tendrá nuevo campeón.

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