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Vaya junio más tranquilito...

  • El Granada confirma el rotundo fracaso de la temporada con una derrota absolutamente evitable en Gijón, que le arrebata las últimas opciones matemáticas de jugar la fase de ascenso a Primera División

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A medio camino entre el quiero y no puedo, una cierta indolencia influenciada por la impotencia, y la consecuente tez perdedora que se le ha puesto a este Granada CF, terminó de facto la temporada para los rojiblancos. ¿Cómo calificarla? Como fracaso. Total y absoluto. Porque además, quien ha tirado por la borda, quien parece que ha decidido su futuro ha sido el propio equipo. O el propio club. Todo lo que ha pasado esta campaña ha sido un suicidio lento e irreversible, una serie de catastróficas decisiones que se reflejaron en los noventa minutos de ayer: a pesar de la desastrosa segunda vuelta del equipo, de esta racha de resultados con 9 puntos sumados de 39 posibles, con haber ganado en El Molinón, los rojiblancos habrían tenido posibilidades matemáticas de jugarse entrar en el play off en la última jornada. Lo tuvieron en la mano pero no lo tomaron. La de veces que ha pasado este año para al final, leches.

Con lo bonita que está la Segunda División y lo destensados que parecen los partidos de este equipo. Un Granada tibio, tímido, como el típico estudiante que va a clase, aparenta ser bueno, pero nada más que saca cincos raspados e incluso se deja asignaturas para septiembre. Los rojiblancos viven de su cartel, de su primera vuelta, de su mes de febrero, pero están muy lejos de ser un equipo. En conjunción, en entendimiento, en seguridad, en convicción. Cierto es que muchos vaivenes desde el banquillo han enrarecido lo que se ve sobre el verde, pero el bajón de rendimiento de hombres como Machis o Víctor Díaz son tan pronunciados que requieren una explicación adicional. En el fondo, lo que se vio ayer en Gijón también fue la constatación de un plantel que parece haber llegado al tope. No se sabe qué tope, si futbolístico o social, pero al máximo. Ese bloqueo impidió ver durante más minutos a ese Granada que arrancó la segunda parte queriendo la pelota, subiendo la presión y recorriendo las bandas, colgando balones y aprovechando la enorme profesionalidad de un Ramos que desgasta los últimos años de su carrera en una división preciosa pero en la que está padeciendo.

Esa reacción del arranque de la segunda parte dio como premio el gol del Germán, nacido de un córner fruto de la incomodidad de un Sporting tensionado, con brillantez cero hasta que se activa un frente de ataque de quilates con Jony y Michael Santos. El equipo debió saber al intervalo que se estaban dando los resultados perfectos para llegar con vida al partido ante el Cádiz. Por eso se vieron trazas del Granada que estuvo arriba durante gran parte de la campaña.

Pero a este Granada le pasó como le pasaba con Oltra, que golpe que recibía, golpe que le borraba del partido. Como este llegara en la segunda parte, suponían los tres silbatazos del camino a los vestuarios. Y así pasó, porque cuatro minutos después de haber empatado y estar a un gol de seguir manteniendo viva la utopía, Barba anotó el 2-1 para entregar los puntos y la cuchara al Sporting. Curioso lo de los dos goles locales. Los marcaron dos defensas. Estando Jony, Santos y Carmona en el césped, al Granada lo derrotaron un lateral derecho y un central.

Y nada más, porque el partido no fue más. Fue una triste pachanga entre un equipo asustado y otro apocado. Porque el Sporting, que luchará por volver a Primera con el factor campo a favor, solo demostró capacidad de poder lograrlo de medio campo en adelante. En la primera mitad, los de Rubén Baraja habrían sufrido mucho más si este Granada hubiera tenido más mordiente, más mal genio... En definitiva, haber sido el equipo que era hace unos meses. Se encontraron con su gol en una genialidad de Michael Santos, que se atrajo a Chico Flores para irse de él con una facilidad tremenda y ponerla al otro lado donde entraba solo Lora para marcar el primero. Pudo hacer más Rui Silva, que en los cuatro partidos que se ha enfundado la camiseta granadinista se ha llevado tantas derrotas a cuestas. El lateral entró solito y remató solito.

Hasta entonces, el Sporting no había hecho nada. El Granada tampoco, porque la mejor y única acción peligrosa, se la fabricó Adrián Ramos. Luego siguió el aburrimiento, con el duelo circulando en el centro del campo, solo con destellos de los ya citados Jony y Santos, que se pudieron hinchar en la recta final del partido, cuando ya iba 2-1, con el Granada pensando ya en las vacaciones aunque todavía tenga que pasar el trago de ver a medio estadio de amarillo la semana que viene.

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