El intervencionismo de Pacheta ayuda al Granada CF a sacar la cabeza

La Resaca

El técnico cambia dibujo y jugadores para que el equipo rojiblanco asalte Riazor y afronte con optimismo y margen sobre el descenso los tres partidos más vitales del curso

Pacheta y Trigueros durante el partido ante el Deportivo
Pacheta y Trigueros durante el partido ante el Deportivo / Agencia LOF

Pacheta es el entrenador más cualificado que ha tenido el Granada desde que Diego Martínez salió del club. Ha sido casi un lustro de preparadores de mucha experiencia y pocos conocimientos, de otros sin una cosa ni la otra, de botarates con carné y de técnicos con más triunfos que méritos. Ninguno tan capacitado como el actual, con el que, en circunstancias normales, la pasada campaña se habría producido el ansiado ascenso a Primera de haber llegado antes al banquillo.

Pacheta, como todos los entrenadores del mundo, vende una moto de vez en cuando pero no es un ‘vende motos’. Es un preparador lógico, coherente, cabal. Un tipo peculiar y seguro que sabe lo que tiene entre manos.

Y es un técnico intervencionista, que cambia cosas cuando los planes no salen bien, que no se conforma con la continuidad si el presente no es benigno. Era consciente de que después de dos derrotas seguidas y con los manifiestos problemas del equipo en determinadas zonas del campo, había que innovar, era necesario modificar los planes.

La llegada de jugadores en el mercado de invierno ha ayudado a que Pacheta pueda tener más donde elegir, tenga la posibilidad de manejar otros dibujos con la certeza de no arriesgar más de la cuenta y aumenten los recursos fiables a los que agarrarse. Lo demostró en Riazor, donde el elevado número de bajas con las que afrontó el choque no fue impedimento para alterar el planteamiento inicial.

Defensa de tres centrales y dos carrileros, tres medios, dos no delanteros jugando de atacantes, alternativa a Diaby y Trigueros, castigo a los ‘9’ por su desesperante inoperancia un partido sí y otro también. Y funcionó. Todo ante un Deportivo con alineamiento de planetas porque faltó Yeremay, su jugador más talentoso y determinante.

El central, con algún fallo grave que pudo costar caro, se asentó y mejoró con el paso de los minutos hasta el punto de ser decisivo en varias acciones defensivas de mérito. Darle al Trigueros actual noventa minutos fue una apuesta arriesgada porque el medio nunca ofreció el nivel esperado desde que llegó a Granada. Lució en Riazor porque es bueno, porque dio un paso adelante y porque Pacheta supo integrarlo en el contexto adecuado: rival que achucha poco en la medular, respaldo de jugadores tanto en su entorno como más atrás, con dos medios más y con tres centrales, y dos futbolistas delante con facilidad para ir al espacio.

Varios nombres propios más del partido de Riazor. El portero y los otros dos zagueros por el medio: Manu Lama y Loic Wiliams. Cuando no hay fallos de Luca ni de ninguno de los defensas la posibilidad de ganar o puntuar aumenta hasta límites insospechados. Cuántos puntos se han escapado esta campaña por inseguridades de ellos.

Sergio Ruiz. Esté mejor o peor, al cien por cien o no, las opciones de vencer son muchas más con él en el campo. No olvidar que es quien asiste en el 0-1 de José Arnaiz, y tampoco el gran esfuerzo que hizo para jugar en una situación límite en la medular. Es un tipo ejemplar.

Izan. Crecimiento partido a partido y con el paso de los minutos en cada choque. Físico e inteligencia en un jugador descomunal con un sensacional tramo final de encuentro ante el Deportivo. Y Pascual, que marcó y firmó buenos minutos saliendo desde el banquillo. En su caso es increíble cómo un delantero puede ser tan bipolar futbolísticamente hablando.   

Parece difícil que ahora Pacheta varíe lo de Riazor. Sobre todo porque el próximo rival, el Andorra, es un equipo contra el que puede funcionar por sus características un plan como el usado ante el Deportivo. Además, la coherencia del técnico le suele llevar a repetir lo que ha salido bien.

Los tres siguientes encuentros deberían de servir para que el Granada acerque mucho la permanencia y pueda vivir tranquilo en el tramo final del curso. Al menos, para despegarse un poco más del descenso y que la intranquilidad y la presión se traslade a otros equipos.

 

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