Manu Trigueros y un partido desde el ejemplo
Manu Trigueros no estaba siendo uno de los nombres propios de la temporada en el Granada CF. De hecho, estaba teniendo más luces que sombras en los minutos residuales que Pacheta le estaba otorgando, dados varios factores que no se pueden obviar del ex del Villarreal. Su nueva posición de pivote suplente, su poca regularidad y la falta de físico, le habían relegado a ser el quinto centrocampista de la plantilla tras la llegada de Izan González, sexto si se cuenta a José Arnaiz en esta posición.
Aunque, como la vida, el fútbol puede cambiarlo todo en un instante o, en este caso, en dos horas, para volver a recuperar la mejor versión del que fue uno de los mejores directores de orquesta de la Primera División hasta no hace muchos años. En Riazor, Trigueros mostró la versión que tanto le hacía falta al Granada CF: con oficio, sacrificio, salida de balón, llegada, ganando duelos y liderando desde el ejemplo.
Lejos de resumir sus 90 minutos en La Coruña con su asistencia, tras un pase en profundidad a Jorge Pascual, varios datos reflejan la magnitud del mejor partido del de Talavera de la Reina en el triunfo por 0-2. Dio 26 de 32 en pases acertados, dos pases clave, hizo siete entradas ganadoras, y venció en siete de los once duelos en los que estuvo presente, tres de ellos aéreos. Además, recuperó cuatro balones, logró ocho contribuciones defensivas, completó un regate y bloqueó un disparo.
Lejos de sentir la presión ante las múltiples bajas en el centro del campo por lesión, respondió dando un nivel notable. Lo hizo en un planteamiento de juego que le potenció la habilidad que tiene intacta, la visión de juego, y supliendo carencias que le habían llevado a recibir múltiples críticas y a completar solo tres partidos esta temporada, los tres en Copa del Rey frente al CD Roda, Tenerife y Rayo Vallecano.
En su segundo partido completo como rojiblanco en Liga (curiosamente el anterior partido fue en la visita a Riazor la temporada pasada, donde el Granada venció 2-3 con una diana suya), ejemplificó lo que se le pide a un futbolista en cualquier equipo, profesionalidad, esperar su momento y aparecer al servicio del equipo. Sin malos gestos, sin una palabra de más, esperó su momento y lo aprovechó, dando un paso adelante y apuntándose a la causa por la permanencia, que a este nivel, se contempla más cerca.
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