Rycardo Moreno | Crítica El hombre tranquilo

El guitarrista inauguró, sin pretenderlo, la Bienal de Sevilla. El guitarrista inauguró, sin pretenderlo, la Bienal de Sevilla.

El guitarrista inauguró, sin pretenderlo, la Bienal de Sevilla. / Bienal de Flamenco.

El guitarrista lebrijano abrió la noche del viernes la XXI Bienal de Flamenco de Sevilla. No era lo que estaba programado pero en estos tiempos ya nos vamos acostumbrando a que las cosas no siempre sucedan como esperábamos. Moreno hizo un recorrido por sus trabajos hasta la fecha y presentó un par de composiciones nuevas. El de Lebrija es un tocaor plenamente reconocible en el panorama actual del toque jondo que escapa, sin desconocerlas, de las tendencias de la guitarra flamenca actual. Lo más llamativo de su toque es el tiempo que se toma, que nos concede, entre nota y nota, entre un silencio y otro. Eso, en contraposición con el frenesí jondo actual, no sólo de la guitarra, es una marca diferencial. Se trata de una cuestión de carácter, a la que debe de haber aportado algo el no haberse visto sometido en ningún momento de su carrera al vasallaje del toque para el baile. Moreno, que maneja el compás con naturalidad y conocimiento, es un melódico. Y, por las razones antedichas, el legado no pesa en él como una losa sino que es un punto de partida desde el que explorar nuevos territorios. Sus seguiriyas, granaínas o rondeñas suenan a Moreno. Y todo lo que se dice es pertinente. El discurso está bien articulado como composiciones cerradas, lejos ya del viejo esquema de mera suceción rasgueo/falseta. Eso hace que su mensaje suene nuevo, recién pensado y parido. También por algunos aportes técnicos, como el ajuste del compás en las guajiras o la novedosa afinación de las alegrias. Pero en general, como decíamos arriba, se trata más bien de una cuestión de carácter artístico que de técnica. Dos fueron las novedades de la noche, la rondeña Babaji, con la que abrío el recital, y donde incluyó un cante por debla en las voces de Los Mellis, y las Alegrías de la Luz, compuestas en pleno confinamiento, sin ninguna referencia, más bien todo lo contrario, a las complicadas circuntancias en las que nació la pieza. Porque, como decimos, cada composición de Moreno tiene un sentido por sí misma, es una entidad independiente y redonda.

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