Arco La diáspora del arte andaluz

  • La ausencia de galerías de la comunidad, sólo dos, vuelve a contrastar con la madurez y calidad que exhiben en otros estands los autores de la región

Obra de Manuel Barbadillo que expone Rafael Ortiz. Obra de Manuel Barbadillo que expone Rafael Ortiz.

Obra de Manuel Barbadillo que expone Rafael Ortiz. / José Ramón Ladra

La ausencia de galerías andaluzas en Arco parece una afección crónica. Andalucía de nuevo es representada únicamente por las sevillanas Rafael Ortiz y Alarcón Criado, así como por dos espacios institucionales, el estand de la Diputación de Huelva y el de la Fundación Rafael Botí (Córdoba). Dicha circunstancia describe el mercado del arte en nuestra comunidad como un sector débil, un panorama que ha sido asolado por la crisis y los recortes que desde hace años venimos arrastrando, dejando a su paso pocos supervivientes. Todavía no nos hemos recuperado de pérdidas como el cierre de Alfredo Viñas (Málaga) o Sandunga (Granada), participantes habituales en la feria, y el traslado definitivo a Madrid de Juana de Aizpuru, aunque las que permanecen siguen luchando y apostando por una creación contemporánea de calidad (Isabel Hurley o Javier Marín en Málaga, y La Caja China o Birimbao, en Sevilla), pero las dos primeras tuvieron que renunciar a estar presentes en la feria. Sin embargo, tal circunstancia no merma la participación de artistas andaluces en Arco, cuyas piezas siguen demostrando una madurez y calidad sobresalientes. Nuestros creadores encuentran el respaldo y la representación en otras galerías del ámbito nacional e internacional.

Las dos patas que sustentan la representación andaluza en Arco son, como indicábamos anteriormente, Rafael Ortiz y Alarcón Criado. La primera sigue apostando por un plantel compuesto por figuras internacionales de renombre como la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide y artistas andaluces de trayectoria tan consolidada como Manuel Barbadillo o Equipo 57. Aunque en este estand siempre destacan las abstracciones geométricas del grupo cordobés, en la presente edición podemos disfrutar de un conjunto de dibujos excepcionales y un lienzo de mediano formato del sevillano Barbadillo en los que se plasma su experimentación con el arte computacional y la pintura modular. Apuesta también Ortiz por José Miguel Pereñíguez, cuya instalación escultórica, de esmerada labor artesanal, nos habla de un acto humano frustrado.

Por su parte, la galería Alarcón Criado ha apostado por un estand marcadamente crítico con la realidad sociopolítica. Muestra de ello son la instalación fotográfica del onubense Pedro G. Romero, que juguetea con la iconoclastia, troceando la estampa de una Virgen y recomponiéndola a modo de puzle, o el mensaje ecologista que transmite el fotógrafo José Guerrero (Granada, 1977) quien reproduce la vista de un paisaje manchego cuya morfología y colores se confunden con las dunas de un desierto. Se desmarcan de esta línea más crítica los hermanos MP Rosado, que traen a Arco una disparatada estructura escultórica elaborada a partir de la descomposición de los elementos de una mesa.

El legado de Equipo 57 vuelve a estar presente en la feria. El legado de Equipo 57 vuelve a estar presente en la feria.

El legado de Equipo 57 vuelve a estar presente en la feria. / José Ramón Ladra

Otra galería que sin ser andaluza viene exhibiendo el trabajo de excelentes creadores de nuestra comunidad es F2 (Madrid). Aquí encontramos la obra del sevillano Miki Leal, el jerezano Juan del Junco, el jiennense Jacobo Castellano y el malagueño Federico Miró. Destaca la imponente escultura de Castellano, quien elabora sus estructuras jugando con el equilibrio y la movilidad de una serie de elementos propios de la iconografía doméstica andaluza (damajuanas de cristal o jarrones de cerámica granadina) que orbitan en torno a toscos armazones de madera. Con esta pieza no sólo nos habla de sus raíces sino que también activa una memoria compartida.

Alarcón Criado ha apostado por una selección crítica con la realidad sociopolítica

A la pintura andaluza se le augura un grato porvenir, y es que entre los jóvenes artistas más destacados de Arco se encuentran los pintores Ana Barriga (T20), Alejandro Botubol (Ponce+Robles), Rubén Guerrero (Luis Adelantado) y Antonio Montalvo (Espacio Mínimo). Barriga vuelve a sorprendernos con una pintura de colores atrevidos que a través del tema del juguete aborda asuntos tan complejos como la sexualidad femenina (Fruta madura, 2019). Botubol, por su parte, continúa defendiendo la capacidad expresiva de la materia pictórica, mientras los tres grandes lienzos de Guerrero demuestran su capacidad para nadar entre la figuración y la abstracción geométrica. Mención especial merece el granadino Antonio Montalvo quien nos trae dos enigmáticos óleos de pequeño formato cuya atmósfera meditativa y simbología sagrada nos atrapan. Y no sólo la pintura, la feria también nos ha regalado magníficos ejemplos instalativos, como el audiovisual de Leonor Serrano en Marta Cervera o el impactante collage fotográfico de Miguel Ángel Tornero (Juan Silió).

Un trabajo de Pilar Albarracín. Un trabajo de Pilar Albarracín.

Un trabajo de Pilar Albarracín. / José Ramón Ladra

Tristemente, no encontramos en la feria este año a dos autores andaluces, Manuel León y Marina Vargas. El trabajo de ambos solía exhibirse en el estand de Javier López y Fer Francés, espacio que venía consolidándose como ambicioso exponente del arte contemporáneo andaluz, y que en la presente edición no participa. Por su parte, Pilar Albarracín, un nombre fundamental y habitual de la citada galería, hace acto de presencia testimonial en Filomena Soares con dos piezas que no sobresalen en su producción. Por contrapartida, dos galerías han decidido rescatar a dos andaluces fundamentales en la construcción del arte conceptual en nuestro país: Pepe Espaliú (García Galería) y Nacho Criado (Formato Cómodo), quienes plantean la construcción de la identidad desde dos perspectivas distintas, Espaliú desde la autoprotección y Criado desde la alteración constante de la misma. Las inquietudes de estos autores, su preocupación por el individuo como ente social y susceptible de ser herido por sus iguales, parecen hoy día más vigentes que nunca.

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