Artistas granadinos en lo mejor del arte contemporáneo
Los creadores de la ciudad participan enmuestras de especialísima trascendencia con obras de autores de primera fila del arte internacional.
Desde estas páginas se ha potenciado, por activa y por pasiva, la realidad artística tan trascendente que tiene lugar en Granada. Autores de primerísima fila relacionados con la ciudad de los Cármenes -los nacidos en ella, los de fuera que ejercen su trabajo en ella y los que han tenido mucha relación, por haberse formado en su facultad de Bellas Artes- ocupan espacios expositivos de gran importancia y pertenecen a los catálogos de galerías de prestigio. Hace unas semanas ya comentamos la significativa muestra titulada Horizontes de sucesos, con Ángeles Agrela, Paco Pomet, Simón Zábell y Jesús Zurita, en la madrileña galería Álvaro Alcázar, lo que constantan la absoluta realidad del arte que tiene como origen la ciudad de Granada y que se adentra por los mejores estamentos de la creación artística actual.
Dos exposiciones en el que es el buque insigne del Arte Contemporáneo en Andalucía confirman la importancia de la producción que se hace en Granada, con artistas granadinos -de muy dispar naturaleza plástica y estética- presentes en otras tantas muestras de especialísima trascendencia y que conjugan obras de autores de primérisima fila del arte nacional e internacional.
No ver, no oír y callar. 1990-2015.
Dentro de la celebración de los veinticinco años de la creación del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, se presenta una serie de cuatro grandes exposiciones que completarán la normal programación de la institución que dirige Juan Antonio Álvarez Reyes. La primera de ella ha sido esta que reúne casi un centenar de piezas de más de treinta artistas nacionales e internacionales y que realiza un profundo análisis de la práctica artística que ha tenido lugar en este amplio y complejo periodo de tiempo.
La exposición nos conduce por un variado proceso conceptual y estético con un, también, variado planteamiento temático en el que se plantean, desde unas amplias posiciones formales, cuestiones culturales, sociales, políticas, ciudadanas, sexuales, identitarias o simplemente artísticas, con obras existentes en la propia colección del CAAC y que nos participan del variadísimo complejo plástico de una creación que identifica, sin lugar a dudas, arte y vida en un escenario vital y social de mucha incertidumbre.
Artistas de consolidada personalidad y patrocinadores de un arte extenso, donde todos los esquemas de la contemporaneidad se ponen al servicio de una realidad en la que tienen cabida las diferentes circunstancias de una plástica en abierta extensión, y donde lo conceptual se da la mano con expresionismos de distinta filiación plástica, con bellos poemas visuales, con poderosa figuración, con obras de participativa denuncia social, con piezas que clarifican un concepto abierto, que denuncian excesos inmobiliarios y que plantean la fortaleza compositiva de un arte donde todo es posible gracias a la amplitud de horizontes y a unos caminos de diafana concepción estética.
La exposición, comisariada por el propio director del Centro, nos abre las perspectivas de una creación que nos sitúa en los mismos circuitos de un arte que se nos aparece sin complejo alguno y que describe un tiempo convulso donde los artistas se implicaron profundamente. La muestra, grande en continente y contenido, nos participa las obras de autores internacionales de muy primerísima categoría, desde la genial Louise Bourgeois hasta la gran fotógrafa Candida Höfer, pasando por Allan Sekula, Peter Frield, Jonathan Lasker, Carrie Mae Weens o Wolfgang Tillmans, entre otros, artistas importantes de todo el mundo que comparten escenario con algunos de los más significativos del arte español más inmediato. Nombres de la importancia de Joan Brossa, Juan Uslé, Rogelio López Cuenca, Alfonso Albacete, Pepe Espaliú, Curro González, Guillermo Pérez Villalta, Chema Cobo o Manolo Quejido, que encuentran su complemento adecuado con las obras de esos andaluces de absoluta consideración que son Pilar Albarracín, Nuria Carrasco, María Cañas, José Miguel Pereñíguez, Victoria y Alonso Gil, Inmaculada Salinas y, entre ellos, por méritos propios, dos representantes de ese arte que tiene lugar en Granada y que tanta solvencia creativa demuestran: Ángela Agrela y José Piñar.
El presente en el pasado
La segunda gran exposición de esta serie conmemorartiva de loa 25 años de la creación del CAAC es esta, tremendamente importante, que yuxtapone el pasado y el presente mediante una serie de obras, perfectamente implicadas en el tiempo y en el espacio, existentes en la colección de arte contemporáneo del CAAC y otras que forman parte del patrimonio de la antigua Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla.
Mediante la clara intención de establecer un diálogo en el propio espacio donde se encuentran establecidas, las obras ofrecen diálogos e interacciones entre las antiguas que existieron en el monasterio cartujo y las que componen la actualidad museística de un Centro Artístico que, debido a sus determinantes características históricas, ofrecen infinitas posibilidades para que el ayer y el hoy confundan sus intenciones plásticas y estéticas. Obras que han sido rescatadas del tiempo y algunas devueltas a su espacio original, como la sillería del coro del siglo XVII que realizara Agustín de Perea y Juan de Valencia y que comparte su antiguo lugar de la iglesia con vídeo-instalaciones de Andrea Blum, vídeos de Pilar Albarracín y Andreas Fogarasi, así como una instalación de Reinhard Mucha.
Muy significativo es el diálogo eterno que transcurre en la Capilla de Colón entre las pinturas de José Manuel Broto y las esculturas policromadas barrocas de Pedro Duque Cornejo, así como el existente, en la Capilla De Profundis, allí donde los cartujos velaban a sus hermanos fallecidos, entre el maravilloso Calvario de Isidro de Villoldo, de 1560, y la pieza de Antoni Tapies en homenaje a San Juan de la Cruz, obra que tiene el honor de ser la primera que formó parte de la Colección del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Extraordinaria la gran pieza, Celda de Louise Bourgeois, inquietante, envolvente, impresionante. Muy importante asumismo, la gran escultura floral de Cristina Iglesias. Por último, la presencia granadina se hace presente en el antiguo refectorio del monasterio con la gran instalación de Valeriano López, Paseo de la Bomba, esa intervención llena de ironía y doblez que el artista lleva a cabo con cerámica de Fajalauza y que comparte ese diálogo con vasijas antiguas existentes en la en otrora Cartuja y, más tarde, fábrica de loza Pitmann.
Dos exposiciones de gran calado, que nos llevan por lo mejor del arte contemporáneo y del que la creación granadina forma parte por derecho propio.
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