Carmelo Gómez | Actor "Se ha precarizado el oficio hasta el extremo de que es casi amateurismo"

  • El intérprete leonés prestará su voz a Lorca en el ya tradicional homenaje al poeta y a las víctimas de la Guerra Civil este sábado en Alfacar

Carmelo Gómez (Sahagún, León, 1962) en un momento del espectáculo 'A vueltas con Lorca'. Carmelo Gómez (Sahagún, León, 1962) en un momento del espectáculo 'A vueltas con Lorca'.

Carmelo Gómez (Sahagún, León, 1962) en un momento del espectáculo 'A vueltas con Lorca'. / G. H.

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Carmelo Gómez (Sahagún, León, 1962) conoció la obra de Lorca cuando Miguel Narros, entonces profesor de la Escuela de Arte Dramático de Madrid, le mandó trabajar con sus versos y sus textos dramáticos. Quedó deslumbrado por aquel "poeta de la calle, de la gente sencilla, del labrador que trabajaba en la finca de su padre, de los vecinos, de la señora que cantaba coplas mientras lo cuidaba", que con La Barraca llevaba "la verdad que hay en el arte a la gente que no tenía acceso a ella". "Se plantaba con un Calderón en medio de la plaza de un pueblo", cuenta orgulloso al otro lado del teléfono.

El actor leonés prestará este sábado su voz al dramaturgo en el homenaje al autor y a las víctimas de la Guerra Civil, que tiene lugar todos los años en Alfacar. Lo hará con el espectáculo A vueltas con Lorca, dirigida por Emi Ekay, donde repasará algunos de los poemas de Federico acompañado por el músico Gorka Pastor, que interpretará al piano canciones de compositores contemporáneos del autor de Yerma.

-¿Cuándo leyó por primera vez a Federico?

-Todo el mundo ha leído a Lorca mucho antes de lo que ellos creen. Yo tengo noción de haberlo leído, entendiendo claramente lo que decía, cuando conocí a Miguel Narros en la Escuela de Arte Dramático. Nos hacía trabajar con los textos de Federico. No sólo con la poesía del Romancero Gitano, sino también con su dramaturgia. Ahí empecé a entender a un extraordinario poeta y desde entonces no me ha abandonado. Bodas de sangre es la que más me gusta sin duda. Sobre ella va un poquito este recital.

-El poeta, al igual que usted, es un hombre de teatro. ¿Subirse a un escenario es lo más adictivo que ha experimentado nunca?

-Hay tengo el corazón partío. El escenario es lo más adictivo que hay, lo más pleno. Un lugar de plenitud total no sólo por la relación por la relación con lo artístico, con el público, sino por la relación personal que uno tiene con uno mismo. Te ayuda a reflexionar, a pensar, en las pequeñas y grandes a cosas; a jerarquizar lo que realmente es importante y lo que debe ser colocado en un lugar, no de desprecio, pero si de segundo término, para no despistarse demasiado. El escenario es un lugar totémico y muy absoluto. El escenario me lo ha dado todo, pero también hay un momento que produce cierto cansancio. Este momento hay que revisarlo porque quizá el propio escenario marca esos límites.

-Nuria Espert le dijo a un compañero en una entrevista que "el escenario es como un nido perfecto para acoger a los pájaros más pequeños". ¿Está de acuerdo?

-–Sí. Es muy complejo el tema. Un nido para lo más pequeños y los más grandes. Al final son los mismos. Entroncó con toda la poesía de Lorca que no hablaba de los grandes héroes. Hablaba de mitos en la tierra. No son los grandes mitos griegos que abarcan grandes conceptos, sino pequeños héroes que van a su destino. Como Leonardo en Bodas de sangre, que lucha por un amor hasta el final de su vida. Personajes más pequeños que grandes. Esa es la grandeza individual del pueblo llano, que es lo que cantaba siempre Federico. Nidos pequeños, pájaros pequeños. Estoy y no estoy de acuerdo, coincidiendo que pájaros pequeños y grandes son lo mismo.

-Ahora se encuentra girando con Todas las noches de un día de Alberto Conejero junto a Ana Torrent. ¿Ve al dramaturgo como un oasis en el desierto de las carteleras comerciales de los teatros?

-(Ríe). Empiezan a haber grandes escritores, pero siempre que hablas con los grandes guionistas te ponen como referencia a Conejero. Es un poeta por encima de todo. Él quiere ser más poeta que otra cosa. Le pasa exactamente igual que a Lorca. Tiene que escribir teatro para poder vivir. Yo le auguro el mismo destino. Hará grandes obras de teatro que le puedan llevar a la cosa más extraña y difícil como Así que pasen cinco años.

-Dejó de hacer cine. Imagino que no echará el glamour de las pasarelas de los festivales. ¿Por qué nadie habla de la precariedad de este oficio? ¿No se puede alzar la voz en esta profesión sin que a uno le lluevan represalias?

-Exactamente. Todo el mundo sabe muy bien que ya no hay oficio, oficio es que puedas defender a tu familia y pagar tu crédito, o sea que puedas vivir de esto. Esto ya prácticamente ya no existe. Existen casos muy excepcionales. Se ha precarizado excesivamente el oficio hasta el extremo de que es, casi, casi, amateurismo. Me pueden echar por cualquier cosilla, en algunos casos con razón, en otros no (ríe). Pero el pelo de una gamba te echan. Claro que se dice. Quien no lo dice son los de Hollywood. Hace tiempo que los actores de este país se quejan de la situación. Yo soy uno de tantos. Cuando los actores de fuera se quejan la cosa ya va en serio. Esto es feo. ¿Cómo es posible que una señora que ha engordado un poquito ya no vuelve a trabajar con tal? Eso es algo que llevo denunciando bastante tiempo. Pasa la edad y eso es gravísimo. El cine y todo lo demás no están a la altura de la realidad, porque la realidad tiene que ver con el paso del tiempo. El paso del tiempo no se quiere retratar en el cine. ¿Que quiere decir eso? Que el cine no está en este mundo, que está hablando de cosas que no existen, que está completamente desraizado. Esa es una problemática a la que me llevo enfrentando muchos años.

-¿Cómo vive esta caza de brujas en el mundo de la cultura?

-El arte no deja de ser arte. El arte tiene la condena de que es minoritario y mucho más en tiempos de Trump, Bolsonaro y Salvini. No son tiempos para la poesía, para el arte. Esa minoría no siempre es la que tiene más capacidad tiene de pagar el arte. El arte si no vale dinero no puede haber artistas que vivan de ello. Nosotros estamos muy expuestos. Cualquiera tiene un periódico delante, una oficina, un subdirector. Pero nosotros y los presidentes de Gobierno somos los que damos la cara por nosotros y por todo lo que hacemos alrededor, por nosotros y las películas que estrenamos. Tenemos que tener una mano izquierda tremenda entre lo que debo decir, lo que se puede decir, lo que el público quiere oír. Al final siempre terminas metiendo la pata, con lo cual es mejor es callarse. Nos aboca a este fracaso del silencio, de silenciar los grandes problemas que tenemos que abordar como el cambio climático. Van a destruir a la humanidad. Hay que insistir sobre ello para concienciar a la gente.

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