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"Debo ser adicto al miedo escénico, porque me encanta sentir al público"

  • La OCG abre esta noche de par en par las puertas de su casa a Joaquín Achúcarro, uno de los grandes pianistas españoles que, a sus 77 años, tiene claro que no piensa "bajar el ritmo"

Celebra los 50 años de su carrera pianística con una espléndida madurez que levanta al público de sus asientos, como ocurrió el pasado miércoles en el Auditorio Nacional de Madrid. Con un DVD recién editado que repasa su trayectoria, el más grande de los pianistas españoles de la actualidad, vuelve esta noche a Granada con un programa que le entusiasma: Beethoven y Brahms.

-Achúcarro. Brahms Piano Concerto número 2 es el nombre del DVD editado por Opus Arte, que repasa sus cincuenta años al piano. ¿Cómo se siente?

-De maravilla, este trabajo es muy especial para mí. Grabar en la sala Goya del Museo del Prado, ante cuadros tan impresionantes como Los Fusilamientos o La Carga de los Mamelucos es una sensación sobrecogedora.

-Rattle, Domingo y Metha lo colman de elogios…

-Todo un honor para mí, son amigos, los admiro profundamente. Participan en el documental 50 years on que complementa el DVD y donde yo mismo hablo de mis 50 años de carrera pianística, desde mi debut en 1959, cuando gané el Royal Liverpool Philharmonic International Competition. En este trabajo hay momentos realmente divertidos, que hacen reír, como la Jota con Plácido. Me ha entusiasmado hacerlo porque además, interpreto uno de los conciertos que más me gusta, el número 2 de Brahms.

-A sus 77 años, ¿no se cansa de este ritmo?

-Elegí esta profesión sabiendo lo que me esperaba, ¡muchas horas de estudio y de trabajo! Cuando decides dedicarte a algo como interpretar, tu vida se configura en torno al piano. Mi mujer, que es una excelente pianista, me ha comprendido siempre, a mis padres sí les costó más.

-A estas alturas, ¿se pone nervioso cuando sale a escena?

-Salir a escena, pasen los años que pasen y se tenga la experiencia que se tenga, siempre es una grandísima aventura. Hay días buenos y días malos y yo, de alguna manera, debo ser adicto al miedo escénico, porque me encanta salir al escenario, comunicarme con el público y sentirlo.

-La pasión por enseñar la lleva muy dentro, da clases en la Universidad de Dallas desde hace 20 años. A veces, incluso, explica las obras al auditorio.

-Creo que tratando de situar al público en el momento en que se escribió la partitura y describiéndole las sensaciones y objetivos del autor ayuda a comprender mejor obras tan impresionantes y difíciles como Gaspar de la Nuit, de Ravel, por poner un ejemplo.

-Una ondina despechada por amor lanza una horrenda carcajada y luego se disuelve en espuma en el primer movimiento de Gaspar, desapareciendo para siempre...

-Exactamente, ése es el argumento de esta primera parte, y cuando se explica al auditorio, nos vamos psicológicamente a ese lago frente a un castillo, donde un poeta mira las estrellas por la noche, y es entonces cuando aparece la ondina a declararle su amor. Enfadada por el rechazo del mortal, se transforma en una espuma que se hunde en las negras aguas.

-¿No tiene intención de retirarse?

-Disfruto mucho con lo que hago, no paro de dar conciertos. El pasado 6 de febrero estuve Forth Worth (Texas), y de ahí a Triste y a Milán. Luego a Sidney, ahora Granada, un lugar que me encanta. No pienso bajar el ritmo.

-¿Un consejo para los jóvenes músicos?

-Que no desfallezcan. Quien elige ser notario sabe que tiene que estudiarse muchos libros y quien decide triunfar en el fútbol, marcar muchos goles.

-¿La música siempre es mejor en vivo?

-Por supuesto, las sensaciones que se experimentan en la sala de conciertos son espectaculares.

-¿La clave de su éxito?

-Trabajo y disfrutar con lo que hago.

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