Novedades editoriales | Edición de lujo del libro de Frank Herbert Destino 'Dune'

  • Nova publica una edición para coleccionistas del clásico de la ciencia ficción escrito por el autor estadounidense, que incluye unas magníficas ilustraciones de Sam Weber

Ilustración del barón Harkonnen, del universo 'Dune'. Ilustración del barón Harkonnen, del universo 'Dune'.

Ilustración del barón Harkonnen, del universo 'Dune'. / G. H.

A pesar de la mala prensa que ha generado en algunos sectores críticos, Dune sigue presente en nuestras librerías, renovando la curiosidad de lectores veteranos y bisoños, y satisfaciéndola asimismo; de no ser así, no se explicaría su pervivencia a lo largo de los años, su resistencia al cambio de los gustos, su insistencia.

En su día fue el libro de cabecera de toda una generación de estadounidenses, la generación que se opuso al conflicto de Vietnam, la que invitaba a hacer el amor y no la guerra, la que coqueteó con drogas varias a fin de liberar el subconsciente de las ataduras nuestras de cada día, la que brindaría por el nacimiento del Mayo del 68 y entonaría el correspondiente responso por su prematura muerte, la que se recluiría en comunas hippies como si de cuarteles de invierno se tratara y luego creció y olvidó lo anterior o lo recordó como un error de juventud, ay, por favor, no me lo tengáis en cuenta.

Aquel tiempo pasó, y pasaron sus inquilinos, pero la obra de Frank Herbert persiste, resiste, insiste en las librerías. El sello Nova acaba de publicar una excelente edición para coleccionistas, que incluyen las ilustraciones que hizo Sam Weber para la edición estadounidense que conmemorativa del cincuenta aniversario. David Tejera ha revisado la ya clásica traducción de Domingo Santos.

Portada de la nueva edición de 'Dune'. Portada de la nueva edición de 'Dune'.

Portada de la nueva edición de 'Dune'. / G. H.

La historia es la que sigue: en 1963, el escritor Frank Herbert (1920-1986) empezó a publicar una novela por entregas en las páginas de la revista especializada Astounding Science Fiction. La obra respondía inicialmente al título de Mundo de Dune y pretendía esto y no otra cosa: levantar un mundo en un bastidor tan propicio como el del cosmos. Un mundo familiar, empero ajeno. El lector identificaría numerosos aspectos religiosos, políticos y económicos de dicho universo, pero no lo reconocería como propio. (Ese mundo no es de este mundo, diría, aunque inevitablemente se cimiente en él).

La novela especula sobre el destino de la raza humana dentro de miles y miles de años, a miles y miles de años luz de nuestra Tierra. En 1965, el escritor reunió en un solo volumen las historias ambientadas en aquel rincón del universo no recogido por ninguna carta celeste; ese año, Dune obtuvo el premio Nebula en su primera convocatoria y, al año siguiente, se hizo con el no menos prestigioso premio Hugo. El éxito entre círculos culturales y contraculturales contribuyó decisivamente a convertirlo en una obra de culto, y como tal ha llegado a nuestros días.

En un primer momento, Herbert quiso encerrar esta cosmogonía dentro de los severos parámetros de una trilogía compuesta por Dune (1965), El mesías de Dune (1969) e Hijos de Dune (1976), pero una vez concluida no se dio por satisfecho (imaginemos imperativos de todo tipo, tanto personales como editoriales) y transformó la trilogía en tetralogía. Tras publicar la cuarta entrega, Dios, emperador de Dune (1981), hubo un nuevo cambio de planes.

Herbert hizo a un lado coartadas y nomenclaturas legitimadoras y, antes de morir, todavía puso punto final a una quinta y a una sexta novela: Herejes de Dune (1984) y Casa capitular Dune (1985), dejando varios puentes tendidos para la continuación de la serie. El testigo pasó a su legítimo heredero, su hijo Brian Herbert, quien, en colaboración de Kevin J. Anderson, añadió dos novelas a las precedentes, Cazadores de Dune (2006) y Gusanos de arena de Dune (2007), además de dos trilogías en torno a los hechos que precedieron a la historia fundacional: Preludio de Dune (1999-2001) y Leyendas de Dune (2002-2004), que conforman un enrevesado bosque narrativo que ha dado pábulo y argumentos a los críticos más críticos.

Sea como fuere, quiero romper una lanza a favor. Probablemente Dune no sea esa obra maestra absoluta ensalzada por sus más conspicuos partidarios pero, en cualquier caso, es una novela extraordinaria, y no merece el desprecio de sus detractores. Hablamos de una narración de largo aliento, muy ambiciosa, pretenciosa si quieren, que se esfuerza por estar a la altura de tales ambiciones o pretensiones.

El poder y sus servidumbres 

La novela se lleva a las estrellas la lucha por el poder que han cimentado civilizaciones (o las han hundido) y que ha impregnado de sangre infinidad de páginas de nuestra Historia. El poder y sus servidumbres, el poder y sus exigencias, el poder y sus consecuencias vertebran el relato. El poder, no como una noción abstracta, sino como una realidad concreta: el poder como árbitro que establece las reglas del juego, que elige quiénes jugarán la partida y decide cuál será el resultado.

El poder, no un juguete caro en manos de un niño mimado, sino un complejo sistema de pesas que mantienen en equilibrio la balanza loca de la existencia. El poder, una recia soga trenzada con las mimbres de la política, la economía, la religión y la cultura. El poder. Ese poder. Si Nicolás Maquiavelo hubiera escrito una novela de ciencia ficción se habría parecido a ésta.

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