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El consultorio de Elena Francis 'vuelve' 35 años después

  • Armand Balsebre y Rosario Fontova presentan su libro 'Las cartas de Elena Francis' que nos hará experimentar el rol de la mujer en el franquismo

Rosario Fontova, Alejandro V. García y Armand Balsebre durante la conferencia organizada por la Diputación. Rosario Fontova,  Alejandro V. García y Armand Balsebre durante la conferencia organizada por la Diputación.

Rosario Fontova, Alejandro V. García y Armand Balsebre durante la conferencia organizada por la Diputación. / DIPUTACIÓN DE GRANADA (Granada)

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El libro Las cartas de Elena Francis se elaboró a partir de la recogida de cartas que mujeres enviaban al consultorio. En concreto Armand Balsebre y Rosario Fontova han trabajado con un total de 4.500 cartas de un conjunto de unas 12.000 que el Archivo Comarcal del Baix LLobregat ha digitalizado y catalogado.

La muestra seleccionada para el proyecto es muy representativa, en palabras de Armand: “No por ampliar más la muestra íbamos a encontrar nuevos resultados”. El personaje de Elena Francis nace en 1950 como plataforma comercial para promocionar los productos del Instituto Francis pero la primera guionista, Ángela Castells, que pertenecía a la Sección Femenina de Falange, concordaba con el dogma católico y falangista del momento e intentó utilizar el consultorio como una forma para adoctrinar a las mujeres en el nacionalcatolicismo. 

Las mujeres llamaban principalmente a Elena Francis para que ésta les aconsejara sobre los problemas que tenían con su pareja o familia. Muchas sufrían maltrato, a otras no les dejaban trabajar o estudiar, en definitiva, las personas que llamaban se sentían reprimidas y buscaban ayuda en este personaje que no sabían que era ficticio.

El equipo técnico que había detrás del consultorio estaba formado por los guionistas del programa de radio, y unos equipos secundarios de mujeres que contestaban particularmente a las cartas. Existían dos vías de tratamiento de las mismas: las que llegaban al consultorio, de las cuales un trocito salía por antena, y otras, miles, que se contestaban particularmente a las personas que las habían escrito. Había cartas que por su contenido se censuraban y no aparecían en el programa de radio pero todas se respondían. En los 25 minutos de duraba el programa se leían entre siete y nueve cartas, por lo que los autores del libro han calculado que durante los 33 años de emisión del programa salieron en antena unas 65.000.

Lo importante del consultorio fue sin duda la comunicación epistolar entre las mujeres que escribían las cartas y las que respondían, que siempre firmaban con el nombre ficticio de Elena Francis, ésta fue algo así como “una policía de la moral, que veló por los intereses del nacionalcatolicismo y que estaba muy alejada del feminismo”, comenta Armand Balsebre. Las respuestas de Elena Francis estaban en “las antípodas del feminismo, y fueron el adoctrinamiento que sufrieron muchas de nuestras madres y abuelas durante el franquismo”, dice el escritor.

Sin embargo también es cierto que al menos el hecho de escribir una carta suponía casi una una terapia para aquellas que las escribían. Además, gracias al consultorio se creó una comunidad de mujeres que se dieron cuenta de que no estaban solas, todas compartían los mismos problemas. Armand Balsebre habla de lo que se llama “el perfil de mujer francis”: mujeres jóvenes españolas de clase trabajadora, la mayoría de Andalucía, que huían del hambre y de la persecución política y emigran sobre todo a Cataluña y Madrid en busca de un futuro más próspero.

En Barcelona y Madrid se instalaban como empleadas del hogar, trabajadoras del sector textil, o incluso como oficinistas las que llegaban a estudiar. Dentro de este perfil también se encontraban mujeres casadas y con hijos que creían que al casarse iban a encontrar la felicidad cuando la realidad era otra muy diferente. En esta sociedad en la que había total separación entre hombres y mujeres, Elena Francis incluso ponía en cuestión que las mujeres salieran a bailar, porque con ciertos bailes podían cometer pecado al acercarse demasiado al hombre. “En esta sociedad tan reaccionaria e integrista donde el dogma católico imperaba en todo a la mujer se le negaba la idea del placer”, declara Balsebre.

El libro, que ya va por su tercera edición, se presentó en Granada a finales de abril en el marco de las cuartas Jornadas de Memoria Histórica que organiza la Diputación de Granada. En la presentación acudieron muchas mujeres mayores que en su día escuchaban el programa radiofónico, y también muchos jóvenes, a lo que Balsebre responde: “Nos ha agradado mucho la respuesta de los jóvenes interesados por ese mundo que es al que pertenecen sus madres y abuelas porque les ha hecho descubrir una nueva manera de ver lo que fue el franquismo para la mujer. El franquismo también fue un lugar donde dejaron a la mujer recluida en el hogar y a la sumisión del marido y del catolicismo”.

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