Entrevista Giulia Valle | Contrabajista "Carlos Cano era el más punki de todos, pero con una inteligencia y elegancia sin parangón"

  • La compositora italiana adapta de manera exquisita al jazz un puñado de canciones del artista granadino en un disco, cuya presentación tendrá lugar el 11 de abril en el Isabel la Católica

La contrabajista y compositora Giulia Valle (Sanremo, 1972), en una imagen La contrabajista y compositora Giulia Valle (Sanremo, 1972), en una imagen

La contrabajista y compositora Giulia Valle (Sanremo, 1972), en una imagen / G. H.

Giulia Valle (Sanremo, 1972) grabó su disco Carlos Cano en clave de jazz el 6 de marzo de 2020. Lo hizo durante un directo en el festival Barnasants, cuyo apoyo fue fundamental para llevar a cabo el proyecto. Una semana después se paralizaba el mundo a causa de la pandemia. "Ha sido un milagro todo: que me llamaran para hacer esto, poder entrar en el universo de este enorme y atemporal artista y grabarlo en directo a tiempo", reconoce la contrabajista italiana al otro lado del teléfono. La compositora, criada desde los cinco años en Barcelona, ha adaptado de forma novedosa algunos de los mejores temas del artista granadino. La conjunción de la canción de autor y el jazz ha dado lugar a una joya musical sostenida por la voz y la guitarra de Rusó Sala; el piano y los teclados de Mark Aanderud; el cello de Sandrine Robilliard; la batería de Dani Domínguez; y el saxo alto, el clarinete y la flauta travesera (por momentos con sabor tropical) de Edu Pons. El público podrá escucharlos en directo el 11 de abril a las 12:30 en el Teatro Isabel la Católica.

-A raíz del encargo del Festival Barnasants, investiga a fondo la vida y obra del granadino. ¿Qué fue lo que más le impresionó: su compromiso social, su apego por otras músicas, su renovación de la copla?

-Su integridad. Es un gran reivindicador de la injusticias sociales, del problema de la inmigración, del sur, de la vida precaria del jornalero. Yo soy de origen italiano y crecí en Barcelona. No tengo ningún arraigo a ninguna tierra. El hecho de descubrir a fondo un artista tan arraigado a su tierra, pero a la vez tan universal, fue algo muy sanador. Mis padres también son inmigrantes (al igual que lo fue Carlos Cano cuando se fue a trabajar a Barcelona, donde lo llamaban el granadino). Entender un discurso de una persona, a diferencia mía, tan arraigado a la tierra pero a la vez tan universal. Es tan inteligente: desde el Carlos Cano cronista, el que explica la historia de Ocaña o de María la portuguesa, o el Carlos Cano reivindicador, que denuncia la injusticia del jornalero andaluz o el desequilibrio político, económico y social en la España de la transición. Esto está en La murga de los currelantes, en La morralla. Hasta el Carlos Cano amigo, que le canta a Lluís Llach en Siempre y señala a los homófobos. Carlos Cano era el más punki de todos. Pero claro con una inteligencia y una elegancia que no tiene parangón hoy día. Su legado nunca pasará de moda.

-Vivimos una gran crisis a nivel mundial. Las redes sociales apestan a odio y la clase política anda mirándose el ombligo. ¿Es más necesario que nunca defender el discurso del cantautor?

-Mi función en la música no ha estado muy vinculada al cantautorismo. Hay que ser muy inteligente para escribir canciones donde se hablen de cuestiones políticas. Mezclar política y música es algo muy delicado. El legado de Carlos Cano es muy importante y yo soy muy feliz de haber aportado mi granito de arena para que eso renazca bajo otro formato. Pere Camps, el director del festival Barnasants, es una gran persona y muy comprometida. Elige a artistas que remuevan un momento las consciencias de la sociedad. Ojalá los cantautores influyeran en el mundo donde vivimos. La desgracia es vivimos bajo la manipulación de los lobbies económicos. Que son mucho más poderosos que los propios gobiernos. Lo de Pablo Hásel no es canción reivindicativa. Saben perfectamente que haciendo ruido con esto van a sublevar masas de gente violenta y van a dividir a la sociedad. Si otra persona hubiera dicho las mismas cosas que Hásel de una forma más inteligente y con un mínimo de talento, nunca lo hubieran metido en la cárcel. En todo caso, aquellos que lo defenderían serían personas civilizadas como para no quemar media ciudad y saquear las tiendas de Paseo de Gracia. Ahora se confunde mucho lo de la libertad de expresión con la libertad de expresión de pacotilla. Yo defiendo la libertad de expresión.

Otra foto de la compositora y arreglista afincada en Barcelona Otra foto de la compositora y arreglista afincada en Barcelona

Otra foto de la compositora y arreglista afincada en Barcelona / Joan Tomás

-¿Qué opina del independentismo catalán?

-Me da mucha rabia cuando los políticos manipulan las emociones de la gente. Yo vine a Barcelona con cinco años. Ahora tengo 48. Mi casa es Barcelona. Puedo entender el sentimiento independentista. Cuando hicieron el referéndum, ni yo ni el 30% de la población que vive en Cataluña y que pagamos nuestros impuestos, pudimos votar. Yo tengo el pasaporte italiano. Yo no he podido votar ni opinar si quería independentismo. No me parece muy justo. Es una reflexión. Que nos den la posibilidad a todos de votar. Porque si la economía se va al garete o si el tejido social se disgrega, que es lo que ha pasado, a mí me hubiera gustado opinar.

-Carlos y usted tienen una concepción de la música bastante parecida, en la que no hay límites como tal. Usted viene del jazz y la música clásica pero no se circunscribe sólo a ellas.

-Exacto. Seguramente si él no hubiera sido tan ecléctico no hubiera sido tan atemporal. No es un cantante de copla, él lo es todo. En él escuchas el son cubano, la rumba, el fado. En algunos temas escuchas casi la música del este de Europa. Él tenía ese bagaje. Ese eclecticismo hace que una buena canción, un buen argumento, si es bueno de verdad, tú lo puedas versionar de muchas maneras. Se lo digo mucho a mis alumnos. Doy clases de composición. Versionar música con letra es diferente que versionar sólo música. Aquí el eje conductor era la letra. Las letras mandan.

-Nunca una canción de Carlos Cano había sonado tan delicada e igual de conmovedora y combativa. ¿Cómo fue el proceso para vestir a estas canciones de otro color?

-Fue una catarsis. Es mi noveno disco. El proceso creativo da igual que fuera partiendo de la matriz de las canciones de Carlos Cano. Lo hice mío. Es una cosa tan inexplicable. Primero decidí el repertorio. Que fue durísimo porque Cano tiene mucho repertorio. Las letras son largas y de una intensidad bestial, con un desarrollo. Once temas versionados a mi manera. No se trata de covers. Una canción de Carlos Cano equivale a cuatro canciones de otros autores. Decidí elegí temas asociados al Carlos Cano reivindicador, cronista, amigo e intimista, aquel explica su propio sufrimiento y el precio que ha pagado por ser él mismo.

-¿Cómo lleva una artista tan activa como usted la devaluación de la música, esto de que la gente ya no escuche discos sino listas de canciones de forma compulsiva?

-Es muy fuerte. Imagínate los Pink Floyd. ¿Te acuerdos del Shine on you crazy diamond, que empieza con una intro larguísima? Esto a día de hoy sería inviable. El problema ha empezado a partir de Operación Triunfo. El pop de los 80 y los 90 tenía una personalidad. Los grupos de pop me molaban mucho. Hablo de la música más popular, la que la gente escuchaba cuando iba al súper. Ahora suena reguetón y mierda mala. Hace 30 años no era así. El concepto de grupo en la música más popular se ha ido muriendo. Que no es que no existan grupos. La industria ha apostado mucho más por la imagen y los productos enlatados, envasados. Encima llegó el cambió de lo analógico a lo digital. Ahora están las plataformas. Antes te comprabas un cedé y te lo aprendías de memoria. Ahora la autoría ha desaparecido por completo. Yo me descargó música de iTunes, lo pago. No me aparece los créditos. Sólo el nombre del cantante o la cantante. Lo cierto es que en España siempre ha habido muy poca cultura musical. Es una pena. Con todos los buenos músicos y talento que hay, no se ha sabido sacar a la luz cuanto se hubiera merecido.

-¿El gran público ha dejado de pensar en el jazz como una música elitista o para mayores?

-Está súper mal entendido el jazz. No sólo es culpa de la industria, también de los músicos. El jazz es una música que lo aúna todo. Todos los que estábamos en el jazz venidos del clásico y todos hemos tocado rock. Somos un poco arquitectos. Por eso podemos improvisar encima de una estructura armónica. El jazz a día de hoy abarca cantidad de cosas: desde Kase O., que hace un dúo con músicos de jazz, hasta Chano Domínguez que hace flamenco jazz, peña del este de Europa que hace jazz con reminiscencias de estas polirritmia o el latin jazz.

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