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Érase una vez un violín mágico

  • El artista Fernando Bayona recrea en 'A sheer marvel', su nueva serie fotográfica, una colección de instantáneas que dan vida a varios cuentos clásicos utilizando un violín con poderes mágicos como elemento narrativo común

Después de meterse en las entrañas de un circo lleno de seres irreales y fantásticos y de reinterpretar la historia de un Jesucristo que bien podría haber existido en estos días, el artista jienense Fernando Bayona vuelve a explorar el lado mágico de la realidad a través de A sheer marvel, una quincena de fotografías que dan vida a cuentos clásicos como La bella durmiente, Alicia en el país de las maravillas o La sirenita y que se pueden contemplar simultáneamente en las sedes expositivas que el banco suizo BSI tiene en Bellinzona, Chiasso, Crans-Montana, Ginebra, Locarno, Lugano, St. Moritz y Zurich.

A sheer marvel es el resultado de una prestigiosa beca con la que el banco suizo premiaba el mejor proyecto artístico para ilustrar su calendario. El único requisito era que en cada una de las imágenes apareciese el violín Guarneri del Gesù de 1737 que el banco tiene como imagen. Bayona usó ese violín como elemento narrativo de unión entre unas imágenes que ha tardado más de un año en construir al detalle y que rinden un homenaje muy particular al mundo de los cuentos.

"Ha sido un trabajo muy ambicioso y en el que he vuelto a contar con la colaboración de la mayor parte del equipo con el que trabajé en Circus Christi y Once upon a time", explica Fernando Bayona, quien gracias a esta beca se ha convertido en artista del año en Suiza.

En A sheer marvel todo arranca con el mago Merlín, que le cuenta las propiedades mágicas del violín que tiene entre sus manos a un pequeño rey Arturo que atiende fascinado a las explicaciones. Así, Merlín le cuenta cómo el violín fue creado por Gepetto de la misma madera con la que dio vida a Pinocho. Y le cuenta cómo su música ha sonado bajo el mar a manos de la Sirenita, cómo iba dentro de la cestita que Caperucita Roja llevaba cada día a su abuela, cómo aliviaba el tiempo de la Cenicienta, cómo formaba parte del País de las Maravillas en el que vivía Alicia y hasta cómo su música fue capaz de despertar a la Bella Durmiente. "Al final, la modificación del violín lleva implícita la transformación de la historia del cuento o de la moraleja del mismo", destaca.

Por mucho que cueste creerlo, cada una de las imágenes de A sheer marvel son fotografías; solo que entre la realidad y lo que el espectador contempla se ha cambiado el Photoshop que usarían muchos por el talento del artista que se pone tras la cámara y por un cuidadísimo trabajo de producción y de realización que llegó a los 60.000 euros. Así, y según explica el propio Bayona, la fotografía de la Sirenita se pudo llevar a cabo después de meses de trabajo en el Acuario Sea Life de Benalmádena, donde encerraron literalmente a los modelos en un tanque en el que, además de la presencia de buceadores especialistas que iban dosificándoles el oxígeno, tenían que compartir espacio con tiburones y tortugas marinas que se sentían atraídas por los colores brillantes de las colas de sirenas.

El vestuario, una de las claves del resultado final de este trabajo, fue todo hecho a medida o alquilado en la sastrería Cornejo, responsable de vestir a la gran mayoría de los protagonistas del cine español. De hecho, según afirma el autor de las fotografías, la chaqueta que lleva el pequeño rey Arturo es la misma que vivió las aventuras del capitán Alatriste en la gran pantalla en la piel del actor Viggo Mortensen.

El resto de las producciones fueron dispares y se llevaron a cabo atendiendo a las necesidades específicas de cada una de las fotografías. Caperucita Roja, cesta en mano, se las tuvo que ver en la puerta de la casa de su abuelita con la fiereza de un lobo ibérico auténtico -disecado, eso sí-. Para el cuento de La princesa y el guisante se creó una cama especial de casi cuatro metros de altura llena de colchones y toda una habitación real acorde a las dimensiones de la cama; mientras que para conseguir llevar a la realidad el túnel que trasladaba a Alicia al País de las Maravillas se tuvo que montar un inmenso andamio con las modelos colgadas por arneses. Aunque la peor parte pudo llevársela la protagonista del cuento Piel de asno, que tuvo que soportar bajas temperaturas y un fuerte viento desde lo alto de un acantilado de la costa malagueña con una máscara con la cabeza de un asno con la que apenas podía ver y un vestido con varios metros de cola que actuaba casi de bandera.

El fascinante resultado final de A sheer marvel podrá contemplarse durante todo este año en las distintas sedes del banco BSI y viajará hasta la próxima feria de Arco. La intención de su creador pasa por poder exhibir las imágenes en Granada, aunque por el momento aún no hay fechas decididas.

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